| Clarín
de Argentina - 7 de mayo de 2005
Aniversario
de Jean-Paul Sartre
Apuntes
para una apología
David
Viñas
Crítico
y escritor
Me tienta
la apología de Sartre pero hablaré de mí; de cómo
incidió en todo un itinerario su figura y su producción.
Mi primera información de su existencia fue por mi tía María
Antonia, la mayor de las siete hermanas de mi padre, a quien oí
mencionar en francés a un tal Sartre (la dama traducía "La
Náusea" por "El vómito"). El segundo encuentro con Sartre
fue en los 50, en Losada, donde yo trabajaba como corrector. El asesor
literario de Losada era entonces Guillermo de Torre: lamentablemente, inevitablemente,
cuñado de Borges. Y sordo. Tanto que cuando se planteó el
problema del título de la obra "La Puta Respetuosa" él propuso
puntos suspensivos. El tercer movimiento de resonancia sarteana fue una
demencia —digamos así— de tipo periodístico que se llamó
"Contorno" y que procuraba una doble polémica con la tradición
cultural liberal —representada por "La Nación" y "Sur"— y con el
populísmo del poder peronista. De esa colección de jóvenes
contornistas —Alcalde, Sebreli, Correas—, el más fervoroso sarteano
era Oscar Masotta. El chiste era que a Masotta lo habían descubiero
tironeando de los ojos para hacerse bizco. Quizas el movimiento siguiente
es Cuba. La edad de oro no existe. Pero la utopía es posible vivirla:
yo la viví en los años iniciales de la revolución
cubana. Recuerdo que allí Sartre contó algo memorable que
había escrito sobre su amigo Paul Nizan. Los dos eran bizcos y Sartre
recordó que Nizan era bizco hacia adentro: daba la impresión
de alguien que mira con mucha precisión, que trata de focalizar.
"En cambio mi bizquera —decía— es todo lo contrario, es hacia afuera
y me deja un rostro desierto". Estas cosas han sufrido ya el tiempo despiadado,
como dice Girri. Algunos las desdeñan. Yo no las puedo recuperar,
pero todavía me enternezco. Se dice: "Se quedó en el 45",
"Se quedó en los 70". Yo quisiera saber ¿dónde viven
los que denuncian estas quedadas de otros? Probablemente en el fin de la
historia. Un elemento decisivo en el pensamiento sartreano y en su insolencia
cotidiana es la inscripción en lo histórico. Presencié,
por último, su entierro. La procesión, la marcha en silencio,
no terminaba nunca; como saludo fraternal a Sartre. Hombre entre los hombres.
Invicto. |