De sus afluentes, y también de sus hilos iniciales, arrastra lodos y
troncos. Cuanto más anda más crece. Y más energía produce su
correntada.
Así lo quisimos todos y así lo queremos. Creciendo con lo nuevo que
llega y depurándonos con las luchas que nos dan razón de ser. Con la
discusión y elaboración de líneas de acción políticas que luego
intentaremos desarrollar todos juntos. Todo eso nos hace ser distintos a
un lago, a una represa, a un conjunto de charcos.
La jornada del 1º de Mayo organizada por los trabajadores dio
evidencias de esa condición de río inmenso que sabe adónde va y sabe lo
que quiere.
Una jornada de júbilo que celebró, junto a la conmemoración de los
mártires de Chicago, la conquista del gobierno, ese logro de todos.
Júbilo también por la presencia, de intenso sentido simbólico, de los
principales magistrados de la República, ahí, entre la gente, como lo
habían siempre estado antes, como otros compañeros. Oyendo a los oradores
obreros. Escuchando muestras de apoyo y también críticas, expresiones de
divergencia y reclamos de acción urgente. Que de todo eso tenía que haber
y lo hubo.
No todo es júbilo
Si pudiéramos realizar un corte transversal, desde la superficie al
lecho, nos encontraríamos con que las aguas de nuestro río no corren todas
ni a la misma velocidad ni todas en el mismo sentido.
Y hay a ciertos niveles de profundidad, lugares donde junto con el
contento existen indicios de disconformidad. Sobre todo entre los más
militantes y experimentados. Nadie entre éstos pone en duda su sentimiento
de pertenencia ni su afán de aportar lo que pueda y desde donde pueda.
Muchos compañeros sienten que no se está dando la participación deseada
y, en su momento acordada, a la organización política, al Frente Amplio
como entidad político partidaria específica, con sus comités de base, sus
coordinadoras, sus espacios de discusión, elaboración y movilización.
Existe en algunos ámbitos un sentimiento de estar sin información
suficiente, sin directivas de trabajo, sin orientación en cuanto al rumbo
a seguir. O legítimas divergencias con tales o cuales decisiones de la
administración. Creo que estas preocupaciones son válidas.
El río como arteria y como correntada tiene ya un largo trecho vivido
en común. Tiene una práctica, un pensamiento y una sensibilidad común. Y
también ante aquellos problemas en los que no se piensa igual, un alto
grado de "entrenamiento", una cultura de la unidad como para saber
coexistir entre militantes que no piensan en todo exactamente lo
mismo.
A ellos no los podemos cambiar
Yendo de lo general a lo particular podríamos decir que, dada la forma
en que en nuestro país se difunde la información, tarde o temprano, el
gobierno popular se encontrara enfrentado a la manipulación mediática de
los enemigos del cambio, de los hasta ahora todopoderosos sectores
conservadores, defensores del país del privilegio, del secreto y de la
impunidad.
Ya están en eso. A veces en forma patética como el señor Lacalle
chilcando con torpeza pensamientos de Gramsci, a partir de la papilla
masticada desde hace años en las oficinas del Pentágono. Pensamiento, nada
carrasqueño por cierto, que él está lejos de haber entendido pero cuya
repetición por aborígenes es siempre bien vista en la capital del Imperio,
de la que, salvo para la maldad, tampoco se puede decir sea una metrópolis
de lumbreras...
Pero al enemigo no lo vamos a cambiar. Sólo podemos enfrentarlo y
derrotarlo. Lo que sí podemos --y de hecho lo realizamos muchas veces-- es
cambiar nosotros. Mejorar nosotros nuestra capacidad de persuasión,
nuestra convocatoria, nuestro conocimiento del país y de sus problemas y
nuestra capacidad para construir soluciones verdaderas para la gente. Y
nuestra democracia interna.
Cambiar para cambiar
¿Cómo vamos a contrapesar las poderosas usinas fabricantes de
resignación si nosotros no cambiamos? Y si no cambiamos junto con el
pueblo organizado.
El advenimiento del nuevo gobierno despierta energías dormidas en todos
los campos. Eso también forma parte del río.
Las convocatorias a los Consejos de Salarios están impulsando a la
agremiación de decenas de miles de trabajadores que hasta ahora no lo
habían hecho.
Esto es importante en el sector privado, donde una y otra vez todo
intento de organización obrera fue diezmado por la represión de las
empresas con la complicidad del Ministerio de Trabajo. Pero también en el
sector público donde hay que reparar años de estragos y donde debe
reconstruirse nuestra laica mentalidad de "servidor público" que supo ser
otrora orgullo del país.
Ahora la gente siente, a justo título, que el desconocimiento a la
organización de los trabajadores se terminó. Que en el país se van a
cumplir las leyes que defienden la libertad sindical.
En sectores clave el proceso de reagrupamiento sindical es rápido. Va
tanto o más rápido que el río todo. Y eso es un dato y un desafío.
¿Como los lirios del campo?
El miedo queda atrás, la acción colectiva que aglutina voluntades se
afirma con todos sus efectos de formación, de recuperación de la dignidad
del trabajador que ya no está solo sino que forma parte de una herramienta
colectiva.
Al mismo tiempo hay un desafío ante esas nuevas generaciones que
accederán a la lucha reivindicativa.
La izquierda ¿permanecerá impasible como quien asiste al crecimiento de
los lirios del campo?
No. Nuestra pasividad sería omisión de asistencia. Los militantes
frentistas están llamados a cumplir un papel esencial en todos los
procesos de reorganización social. Trasladando el pensamiento de la
izquierda, el hilo conductor que es su programa, su lucha por construir un
nuevo país.
Transmitir el legado práctico y teórico que es su historia, la saga de
la organización obrera y sus lazos históricos con el FA. Porque no habría
existido el Frente ni la izquierda estaría gobernando si no hubiera
existido la CNT y las luchas de los 50 y los 60.
Un instrumento para servir a todo el pueblo
Como militantes políticos, el hecho de ser protagonistas en las nuevas
formas de organización popular es fundamental para poder orientar y
combatir las tendencias a la fragmentación corporativa de las
movilizaciones y de las luchas. Para mostrar el carácter global, nacional
y centralizador que tiene la lucha política.
Ese carácter global y centralizador que tiene la política no siempre es
visible a simple vista. No falta quienes piensan que las luchas (y el
mundo) terminan en el perímetro familiar sus reivindicaciones como
categoría y que su enemigo principal es otro núcleo profesional análogo y
malévolo, que aspira a recortar sus derechos o sus ingresos. Esto no es
sino una variable laboral del "todos-contra-todos" que está en la base de
sustentación ideológica del neoliberalismo.
Por cierto que resulta siempre más confortable pensar que la culpa la
tiene un "enemigo cercano" y no algo tan complejo y aparentemente inasible
como la "realidad global" del Uruguay capitalista, dependiente,
empobrecido y descacharrado que heredamos.
Nuestra razón de ser
Para poder actuar con éxito en lo sectorial, un gremio, un grupo de
deudores, una cooperativa, un liceo, un organismo de derechos humanos,
debemos saber de qué totalidad forma parte. Cuál es su significación
"política", es decir su significado "para todos".
Justamente en ese intersticio, en esa esquina de la realidad nacional,
donde el todo da sentido a las partes, están colocados los comités de
base, los partidos del FA (y de sus aliados). De ahí la importancia de
mantener esos faros encendidos, activos, bien informados, participantes
del quehacer y del qué resolver de la organización política. Y de
reivindicar la militancia política de base como gestora de una siembra y
elaboración de ideas que es imprescindible para llevar adelante los
cambios.
Tomemos apenas un par de ejemplos: la aplicación de un nuevo modelo
asistencial en materia de salud requerirá una nueva mentalidad, antagónica
al corporativismo y a los mercantilismos propios del sistema actual, por
parte de los funcionarios y profesionales de la salud. También, sobre todo
de los pacientes, hoy el eslabón débil de la cadena.
Hoy, en el río hondo se están dando pasos y en estos días, en el Cerro,
señero siempre en la organización popular, se fundó la primera
organización de usuarios de la salud. Es un ejemplo a seguir que los
frentistas debiéramos impulsar en todos los planos.