| ALAI
Agencia Latinoamericana de Información - 29 de abril de 2005
Por qué
marcharemos a Brasilia
Joao
Pedro Stedile
El día
17 de abril de 1996, dos pelotones de la Policía Militar del Pará,
con doscientos soldados cada uno, recibió ordenes para cercar un
campamento de los Sin Tierra en la curva de la S, municipio de El Dorado
dos Carajás, y dar una lección a los vagabundos que insistían
en querer trabajar la tierra. Cada pelotón salió preparado
de su cuartel en Parauapebas y Marabá. Sin identificación
en el uniforme. Sin registro de armas y munición. Eran órdenes
superiores. Gobernaba la provincia del Pará el señor Almir
Gabriel (del Partido de la Social Democracia Brasileña –PSDB-),
gobernaba la colonia del Brasil, el proconsul americano y príncipe
de los sociólogos, Fernando Henrique Cardoso. Después de
algunas horas, la masacre: diecinueve Sin Tierra asesinados. Uno de ellos,
el joven Oziel da Silva, con apenas 18 años y líder del campamento,
fue preso, inmovilizado, y asesinado a culatazos frente a todos los soldados
exigiendo que aún siguiera gritando: “Viva el MST” Otros 69 quedaron
gravemente heridos, y hasta hoy padecen secuelas que los inutilizaron para
el trabajo agrícola. Frente a la barbarie perpetrada por el Estado
brasileño, al servicio de las elites, Vía Campesina internacional,
casualmente reunida en la misma fecha en su segunda conferencia, en la
ciudad de México, declaro entonces, al día 17 de abril, Día
Internacional de Lucha Campesina. Desde entonces, todos los años,
en un número creciente de países, las organizaciones campesinas
realizan luchas y movilizaciones, en la lucha por la reforma agraria y
en la defensa de sus derechos. La masacre de Carajás por lo menos
sirvió de motivación para que los campesinos de todo el mundo
lucharan más.
Aquí en Brasil, también
tenemos obligación de no olvidar jamás esas escenas de brutalidad
cometidas por nuestra elite. Esta grita todo los días en sus canales
de televisión, contra la barbarie cometida por los lumpen, en las
cárceles, en los secuestros Repulsivos. Pero se olvida de sus propias
barbaries. Se olvida de que la proliferación de los lumpen es solamente
producto de la bestialidad institucional del sistema capitalista, que organiza
la sociedad solamente para el individualismo y la obtención de lucro.
Y los pobres, cuando resuelven imitar, se transforman también en
bárbaros.
La marcha a Brasilia
En este año resolvimos conjuntamente
–el MST y los movimientos sociales articulados en Vía Campesina
Brasil- realizar una gran marcha a Brasilia. Saldremos de Goiania, el 1º
de mayo, y vamos a caminar durante veinte días, hasta llegar a la
capital federal. La novedad de esa marcha no es el acto de caminar en sí,
que hace parte de las formas de movilización campesina, sino el
número de caminantes. Congregaremos a más de 10.000 personas,
hombres, mujeres, niños, venidos de 23 Estados de Brasil, para,
reunidos, encaminarnos, protestar y llamar la atención de la sociedad
brasileña, sobre la grave situación de pobreza y desigualdad
en el campo.
¿Y porqué tanto
sacrificio?
Marchar todos los días 10.000
personas –llevando junto cocina, baños, agua- exigirá un
enorme sacrificio de todos los participantes. Pero el sacrificio mayor
es esperar toda la vida, parados, inmovilizados por la pobreza y por la
ignorancia. Movilizarse, luchar, ya es un acto de dignidad contra el sacrificio
social histórico que es impuesto a los pobres en el país.
Vamos a caminar, para llamar la atención de la sociedad brasileña,
sobre el hecho de que la reforma agraria está paralizada. Hicimos
un acuerdo con el gobierno de Lula en noviembre de 2003, en el cual se
comprometió a asentar 430.000 familias en sus tres años de
mandato que todavía le restaban. Y el gobierno se comprometía
a priorizar a las familias de los campamentos. Paso casi un año
y medio, y hasta ahora el gobierno no ha honrado su compromiso y ha asentado
a menos de 60.000 familias. Faltan veinte meses de mandato y 370.000 familias
a ser asentadas. El gobierno no está aplicando el plan nacional
de reforma agraria, y es ahí que se da el desplante de anunciar
recortes en el presupuesto, para pagar intereses de la deuda interna a
los banqueros.
Y ese será el segundo motivo
de nuestra marcha. Sabemos que la realización de la reforma agraria
no es solamente una cuestión de voluntad política o de compromiso
personal del presidente. Depende de la política económica.
Depende de un proyecto nacional de desarrollo. Y estaremos marchando, entonces,
para ir a Brasilia y decirle al gobierno que cambie su política
económica, si quiere viabilizar la reforma agraria y resolver los
problemas del pueblo. Todos sabemos que la actual política económica
es la continuidad de la política neoliberal del gobierno anterior.
Los mandamases del Ministerio de Hacienda y del Banco Central son todavía
los mismos pajarracos de hace ocho años. Esa política que
se fundamenta en la prioridad del superávit primario, en altas de
interés y en el estímulo a las exportaciones tiene como resultado
solamente utilidades fantásticas para los bancos y las transnacionales.
Concentración de renta y aumento del desempleo. Basta leer los periódicos,
no se necesita ser economista para comprender su naturaleza.
Vamos a Brasilia a decir que es hora
de utilizar los 60 billones de reales del superávit primario para
aplicarlos en inversiones que garanticen empleo para todos. Emplearlos
en educación, en la universidad pública y en la salud pública.
Vamos a decir que, si ellos quieren imitar tanto a Estados Unidos, deben
adoptar la tasa de interés de los EEUU, que es de apenas 2l 2,5
por ciento y no los 19 por ciento que nos cobran. Vamos a Brasilia a decir
que nuestro pueblo merece un salario mínimo digno. Economías
más pobres y menores como la de Argentina y Paraguay pagan salarios
mínimos de alrededor de los 500 reales. ¿Por qué la
economía brasileña no puede pagar salarios semejantes? Todos
los medios de comunicación de las elites, todos los empresarios
hipócritamente dicen defender la idea de que nuestro pueblo solamente
se liberará de la pobreza y de la desigualdad social, si el gobierno
prioriza de facto a la mayoría, y garantiza que todo joven tenga
acceso a la universidad pública y gratuita. De nuevo, las elites
aceptan la tesis de que la educación debe ser la prioridad. Pero
no aceptan que el gobierno deje de pagar las deudas interna y externa e
invierta los recursos en educación.
Vamos a Brasilia a defender la idea
de que es necesario una auditoría de la deuda externa, para que
el pueblo sepa lo que ya fue pagado, y lo que seguimos pagando innecesariamente.
Nuestro pueblo envía actualmente más de 50 billones de dólares
en riqueza hacia el exterior. Nuestra elite mantiene 85 billones de dólares
depositados en cuentas del exterior. La Constitución brasileña
determina la realización de una auditoría de la deuda externa.
¡Pero, en ese caso, nadie exige respeto a la Constitución!
Vamos a Brasilia a decir al Congreso
nacional que es hora de reglamentar el derecho al plebiscito popular, a
las consultas y al referendo, previstos en la Constitución y hasta
hoy no reglamentado. El pueblo necesita tener el derecho de ejercer su
mandato. Los diputados no pueden usurpar el derecho del pueblo de decidir.
Por eso, apoyamos el proyecto de ley elaborado por la Orden de Abogados
del Brasil (OAB) y la Conferencia Nacional de Obispos del Brasil (CNBB),
que se está tramitando en la Cámara de Diputados, que regulariza
el derecho del pueblo a realizar un plebiscito popular, para decidir todas
las cuestiones que juzgue necesario.
Vamos a Brasilia a defender la democratización
de los medios de comunicación masiva. Para que el gobierno deje
de cerrar a las radios comunitarias. No habrá democracia sin que
el pueblo y sus formas de organización social no tengan derecho
a la información. Y, para eso, las radios, las televisoras comunitarias
son fundamentales, así como democratizar las concesiones públicas
de televisión.
Vamos a Brasilia a decir que estamos
contra el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y a
pedir que el gobierno retire de Haití a nuestros soldados. El pueblo
de Haití necesita ser soberano, para que el mismo decida sobre su
futuro. El pueblo de Haití necesita de nuestra ayuda humanitaria,
no de soldados.
Y, para decir todo eso en Brasilia,
esperamos contar con la participación de todos ustedes. El día
17 de mayo llegaremos a Brasilia y realizaremos una gran marcha para entregar
a los tres poderes nuestras demandas. (traducción ALAI)
- João Pedro Stedile es dirigente
del MST y de Vía Campesina Brasil.
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