LA FULMINANTE OFENSIVA concertada entre el ejército del Frente de
Liberación Nacional de Vietnam del Sur (Vietcong), que operaba en la parte
del territorio al sur del paralelo 17º ocupado por las tropas de EEUU, y
combatientes venidos del norte, hizo añicos los últimos vestigios de
resistencia de los destacamentos norteamericanos. La foto de los militares
yankis huyendo en helicópteros desde el techo de su embajada en Saigón,
agarrándose de las piernas de los que habían conseguido un lugar, dieron
la vuelta al mundo, como un símbolo de su descalabro. Decenas de sus
aviones de guerra quedaron varados en sus bases militares. Los efectivos
de los títeres del sur se rindieron. El 30 de abril de 1975 Saigón quedó
libre de ocupantes extranjeros. El 1º de Mayo desfilaban juntos el
ejército del pueblo y la población de la antigua capital sureña,
celebrando el día internacional de los trabajadores y la liberación del
territorio, camino a la unificación de su patria. Yo tuve ocasión de
visitarla en noviembre de 1979, viniendo desde Hanoi y de allí,
sobrevolando el Mekong, arribamos a Phnom Penh, para adentrarnos en la
dramática historia de Camboya.
El general Giap, ayer y hoy, y un prólogo del Che
En las escasas secuencias que los informativos dedicaron a las
celebraciones en Ciudad Ho Chi Minh a 30 años de aquellos acontecimientos,
vimos reaparecer al general Vo Nguyen Giap, uno de los principales cuadros
militares, ex ministro de Defensa y comandante en jefe del Ejército
Popular de la República Democrática de Vietnam. En uniforme militar de
gala, era figura emblemática de la conmemoración, en la que participó
también Raúl Castro. Cabe recordar que Cuba revolucionaria apoyó
plenamente a Vietnam en su lucha liberadora, y que incluso tenía una
embajada en la selva (a cargo de Raúl Valdés Vivó), en territorio de
Vietnam del Sur en manos del Frente de Liberación Nacional, presidido por
el abogado Nguyen Huu Tho. Me emocionó ver al anciano general, enhiesto y
totalmente encanecido. Lo conocí en mi primera visita a Hanoi, en 1965. Me
explicó en una maqueta enorme los pormenores de la batalla de Dien Bien
Phu, que selló el 7 de mayo de 1954 la derrota definitiva del ejército
colonialista francés, el cual había vuelto por la revancha después que el
país alcanzara la independencia, en 1945. Esta batalla es un prodigio del
arte militar, una victoria de un ejército del pueblo, trabajadores y
campesinos en armas, contra un ejército de ocupación colonial. Se trataba
de una fortaleza militar sobre una colina, rodeada de siete anillos de
fortificaciones, considerada inexpugnable. No obstante, con las primeras
luces de la fecha señalada, cuando el general De Castries apareció en la
puerta del cuartel general, se encontró rodeado y debió entregarse a los
vietnamitas, mientras los altos oficiales huían en helicópteros, en otra
foto que fue tapa de Time y también conoció gran difusión internacional.
El Ché toma en cuenta la experiencia vietnamita en su obra sobre la
guerra de guerrillas, y escribió el prólogo para el libro de Giap "Guerra
del pueblo, ejército del pueblo", publicado en La Habana en 1964. En ese
momento EEUU ocupaba el sur de la península y se aprestaba a intensificar
su ofensiva contra el norte socialista, lo que se produciría al año
siguiente con la provocación del Golfo de Tonkin, tras la cual el
presidente Lyndon Johnson, sucesor del asesinado presidente Kennedy, lanzó
el grueso de las fuerzas armadas contra el pequeño país. En el prólogo el
Che pronostica que la guerra se agudizará, pero que el pueblo vietnamita
liberará el sur del país y alcanzará la victoria.
Los asesinos del agente naranja
La península indochina, que hoy ocupan Vietnam, Laos y Camboya, fue
colonizada desde fines del siglo XIX por el imperio francés. La lucha por
la liberación se elevó con la creación del Partido Comunista de Indochina
por parte de Ho Chi Minh en 1930, y posteriormente la de la Liga por la
Independencia (Viet Minh) como frente único de los sectores patrióticos.
Durante la segunda guerra mundial se produjo la ocupación japonesa. El 18
de agosto de 1945 se lanzó la orden de la insurrección general que culminó
con la proclamación de la República, efectuada por Ho Chi Minh en la Plaza
Ba Dinh de Hanoi el 2 de setiembre. Los franceses pretendieron retornar y
a partir de Dien Bien Phu fueron expulsados para siempre. Estados Unidos
tomó su relevo, ocupó militarmente el sur del territorio, colocó gobiernos
títere y desde 1965 lanzó todo su poderío militar contra Vietnam, desató
la guerra psicológica con los bombardeos de los B-52 con la pretensión de
dominar por el terror, y descargó sobre Vietnam más toneladas de bombas
que durante toda la II Guerra Mundial. Como auténticos criminales de
guerra, inundaron el país con los defoliantes y el gas naranja. En los
informativos de estos días podía verse, a 30 años de distancia, los
efectos horrorosos de esta guerra química y bacteriológica, en particular
las malformaciones de todo tipo en los niños.
El pueblo vietnamita fue el vencedor de estos tres imperios, guiándose
por el lema del "tío Ho" de que "no hay nada más valioso que la
independencia y la libertad".
Ho Chi Minh en Montevideo
Vietnam lo reconoce como su líder histórico. En otras ocasiones he
contado las dos entrevistas que mantuve con él. La primera fue en el
Kremlin de Moscú en ocasión de un Congreso del PCUS. Allí estaba con sus
sandalias y su vestimenta típica, su simpatía y su modestia proverbial. Yo
conocía su vida transhumante de siete oficios, sus largas prisiones y sus
poemas, su participación en el Congreso de Tours de formación del PC
francés, su labor de periodista ejemplar en Le Paria y sobre todo su
concepción de unir en un solo frente la lucha de los pueblos coloniales y
dependientes con el proletariado y las capas populares de las metrópolis,
lo que dejó su impronta en la historia de la III Internacional. Cuando le
mencioné Montevideo, entrecerró los ojos y me describió el Cerro y la
bahía, que había conocido en una travesía en un carguero francés. Me contó
que oficiaba de pinche de cocina, pelando papas para toda la tripulación
(moi, j'épluchais les pommes de terre).
La segunda vez fue en Hanoi, en 1965. En plena guerra desatada por
EEUU, con terribles bombardeos cuyos efectos pude presenciar hasta
Haiphong y la frontera sobre el paralelo 17º, el gobierno no se había
movido de la capital. Ahí le hice un extenso reportaje que publicamos en
El Popular y reafirmó la certidumbre en la victoria. Hablamos de la
solidaridad internacional, y le dije que en el Museo de la Revolución
había visto fotos de manifestaciones solidarias con Vietnam en Montevideo
tomadas por el gallego Aurelio González.
Después, durante las negociaciones de París, tuve ocasión de visitar a
la delegación de Vietnam del Sur, que ocupaba una villa en
Verrières-le-Buisson, donde termina el mapa de París y la banlieue. De
Gaulle la trató con toda consideración. La negociación fue durísima, el
viejo zorro de Kissinger se afanó al extremo, pero finalmente debió
capitular con armas y bagajes y EEUU retirarse por completo de Sudvietnam.
Entrevisté a la canciller Nguyen Thi Binh, y años después volví a
encontrarla en Montevideo, invitada a un Congreso del PCU en el primer
período de la recuperación democrática. A esa altura Vietnam había sellado
por completo su reunificación.
Este capítulo de las luchas de los pueblos en el siglo XX, hermoso y
aleccionador, no se borra de la historia.