EL 9 DE MAYO fue consagrado como el Día de la Victoria. A los 60 años
de aquellos acontecimientos tienen lugar conmemoraciones en toda Europa,
cuya máxima expresión se registrará mañana en Moscú.
Celebración en Moscú
"Europa celebra desde el sábado hasta el lunes dicen los cables-
el 60º aniversario de la capitulación de la Alemania nazi con una serie de
ceremonias que culminarán en Moscú, capital del país que pagó el tributo
más alto por esta victoria. Unos 60 jefes de Estado y de gobierno serán
recibidos el lunes en Moscú por Vladimir Putin. Desfilarán los veteranos
del Ejército Rojo de 1945 y los soldados rusos", citándose entre los
participantes a los gobernantes de EEUU, Francia, Polonia y de Alemania,
entre decenas de otros más, y a 8 mil invitados. En Alemania, el Partido
del Socialismo Democrático (PDS) llama a recordar la fecha como el "día de
la liberación del fascismo y de la guerra".
La contraofensiva desencadenada por las tropas soviéticas a partir de
la resistencia heroica en Stalingrado en 1943 y que cruzó buena parte de
Europa desde el este, adquirió nivel máximo en abril de 1945 y culminó el
2 de mayo con la toma de Berlín, defendida encarnizadamente por más de un
millón de efectivos alemanes. Las huellas de la batalla, con una enorme
concentración de fuego, podían verse aún años después en las fachadas de
Berlín. A las 21:50 del día señalado los sargentos Mijail Yegorov y
Meliton Kantaria plantaron la bandera roja en la cumbre del Reichstag. Una
semana antes, el 25 de abril, tuvo lugar un encuentro simbólico entre dos
destacamentos de la coalición antifascista: a orillas del río Elba, al
oeste de Berlín, convergieron fuerzas del 5º ejército ruso y patrullas del
1er. Ejército norteamericano.
Cómo se vivió en Montevideo
Cuando se anunció la caída de Berlín, todo Montevideo se volcó a la
calle, en la tarde del 2 de mayo. La avenida 18 de Julio quedó colmada,
del Gaucho a la Plaza Independencia. La mayor concentración se originó
frente al diario El Día, en la esquina de Yaguarón. La gente expresó a
viva voz su indignación porque se negaron a colocar la bandera soviética
al frente del edificio, donde ondeaban solamente las enseñas de Estados
Unidos e Inglaterra (no recuerdo si estaba la tricolor francesa). Un grupo
de jóvenes (guardo en la memoria a varios de ellos) penetró en el diario y
trepó a saltos las escaleras. El jefe de policía de Montevideo, Juan
Carlos Gómez Folle, (del sector más reaccionario del partido colorado)
desde la vecina jefatura lanzó a la policía contra los manifestantes,
incluidos policías a caballo. Uno de estos tiró al suelo una bandera
uruguaya llevada por una manifestante, y ardió Troya. A los pocos minutos
la refriega era general. La policía cargaba con saña una y otra vez para
desalojar 18 de Julio hacia las calles laterales, pero la gente se
reagrupaba y volvía a manifestar. En la Plaza Cagancha hubo una batalla
campal, a pedradas. En medio de la confusión algunos aprovechados
desvalijaron las vitrinas de varios negocios. Las manifestaciones
siguieron hasta la madrugada. Con un grupo nos refugiamos en el Cine
Ambassador, de Julio Herrera entre 18 y San José. Policías a caballo
irrumpieron en el hall, y luego bloquearon la salida en actitud
amenazante. El jefe de Policía vino a las 3 de la mañana a ofrecer
garantías para que la gente pudiera salir. Así fue la celebración de la
victoria antinazi en Montevideo. El diario El Día quedó marcada a fuego
como "el diario de la caverna". Recordé este antecedente a raíz de la
represión contra la manifestación antidictatorial del 9 de julio de 1973,
la que había empezado a las 5 en punto de la tarde.
Un juicio histórico de Hobsbawm
Las celebraciones de estos días contribuirán a restablecer la justicia
histórica sobre un acontecimiento trascendente, que en las décadas
siguientes se ha intentado distorsionar mediante una campaña persistente
de falsificación ideológica por todos los medios, particularmente en lo
referido al papel esencial de la URSS. Se ha sobredimensionado, por
ejemplo, la significación del retardado desembarco en Normandía, el 6 de
junio de 1944, atribuyéndole un carácter decisivo, que no tuvo, en las
grandes celebraciones del año pasado.
En ese sentido, el destacado historiador británico Eric Hobsbawm
escribe en su libro "Era de los extremos. El breve siglo XX": "La
democracia sólo se salvó porque, para enfrentar al fascismo, hubo una
alianza temporaria y peculiar entre capitalismo liberal y comunismo:
básicamente, la victoria sobre la Alemania de Hitler fue una victoria del
Ejército Rojo. De muchas maneras, ese período de alianza
capitalista-comunista contra el fascismo -sobre todo en las décadas de
1930 y 1940- constituye un punto crítico en la historia del siglo XX y su
momento decisivo. La victoria de la Unión Soviética sobre Hitler fue una
realización del régimen allí instalado por la Revolución de Octubre".
Sobre esto último, ubica en tres planos lo que denomina "el saldo
histórico positivo de la experiencia comunista": 1) "sin el Ejército Rojo
y el comunismo, Europa no hubiera vencido a los alemanes", destacando a la
vez el papel de los comunistas en la resistencia popular antifascista; 2)
esta experiencia determinó reformas en los países capitalistas en el
sentido del Estado de Bienestar, "debido al miedo a la revolución social",
de modo que el socialismo funcionaba como un "umbral ético"; 3) contribuyó
decididamente a la liquidación del colonialismo en continentes
enteros.
De alguna manera, todo este legado estará presente en las
conmemoraciones de mañana en Moscú, en el 60º aniversario de la victoria
sobre el nazismo. Una fecha que pertenece a la humanidad.