Posada
Carriles,
los
Cinco Héroes cubanos y la crisis
del
antiterrorismo norteamericano
Percy
Francisco Alvarado Godoy
Para nadie
resulta una sorpresa el hecho que las tácticas antiterroristas desarrolladas
por Estados Unidos en el mundo de hoy, se encuentran en una profunda
crisis y sus resultados son cada vez más desastrosos para la administración
norteamericana. Los intentos, proclamados por George W. Bush de destruir
el terrorismo en “cualquier oscuro rincón” del mundo, promulgados
con bombo y platillo, se han convertido en fútiles intentos cuya
incapacidad es criticada por todos.
Varias son las causas de los estrepitosos
fracasos del Cuarto Reich por detener al terrorismo. Las más importantes
se encuentran en la propia esencia del viciado enfoque esgrimido por ellos
para combatir este flagelo actual, y en los compromisos que han establecido
históricamente con grupos terroristas en otros tiempos, a los que
han creado o empleado como instrumentos de su política desestabilizadora
y hegemonista en el planeta. Esos mismos grupos terroristas, los
frankensteins de EE UU, se han vuelto contra sus inventores.
Estas son, a grandes rasgos,
algunas de las causas del fracaso norteamericano en su lucha contra el
terrorismo:
1) No se puede combatir el terrorismo
con terrorismo.
Conocido es que Estados Unidos, después
del repudiable ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, utilizó
este hecho como justificación para llevar a cabo la más criminal
cruzada contra otras naciones menos desarrolladas. Empleando diversos y
dudosos argumentos, muchos de los cuales han sido posteriormente
desenmascarados, lanzaron sus ejércitos contra Afganistán
e Irak. Al terrorismo de grupos fanáticos, respondieron con
un terrorismo a gran escala, no menos fanático y repudiable, el
cual ha cobrado miles de víctimas entre la población civil
de esas naciones.
Sólo en la guerra contra el
pueblo iraquí, los Estados Unidos han gastado la asombrosa cifra
de $168, 905, 222,371 dólares hasta el día de hoy, a las
7.06 a.m. Esta multimillonaria cifra ha sido invertida a costa del propio
pueblo norteamericano y ha resultado incapaz para frenar la creciente lucha
de los iraquíes contra los invasores.
Tal vez el resultado más nefasto
para Estados Unidos es que la resistencia iraquí, en vez de haber
sido aislada, goza hoy del más amplio apoyo popular y ha pasado
a convertirse, de hecho, en una guerra de liberación nacional. Ese
ha sido, pues, el costo norteamericano por haber usado el terror contra
el terror.
2) No existe un doble rasero para
juzgar al terrorismo.
Los Estados Unidos, como ya hemos
señalado, se ha caracterizado por fomentar el terrorismo para desestabilizar
a gobiernos democráticos y progresistas en todo el mundo. Latinoamérica
ha sufrido esta política contra la Guatemala de 1944 a 1954 y, mucho
después, contra la Nicaragua sandinista. Cuba, por su parte, ha
sido un ejemplo más evidente y permanente de esta política.
Venezuela parece convertirse hoy en otro caso más.
Durante más de cuatro décadas,
desde los EE UU se han realizado casi 600 actos terroristas, sin contar
los casi 700 planes de atentado contra Fidel y otros dirigentes cubanos.
Los terroristas anticubanos radicados en Miami han recibido asilo, protección,
entrenamiento, financiamiento y apoyo durante todo este tiempo por las
administraciones yanquis, y su condición de criminales ha sido transfigurada,
por obra y gracia de los Estados Unidos, siendo ofensivamente vendidos
al mundo como “luchadores por la libertad”.
Este repugnante hecho, consistente
en apadrinar a los causantes de más de 3 000 víctimas mortales
y más de 2 000 heridos en Cuba, cobra hoy notoriedad cuando
la administración Bush pretende dar asilo al architerrorista Luís
Posada Carriles, responsable de la muerte de 73 inocentes durante la voladura
de un avión comercial cubano en pleno vuelo en octubre de 1976.
Cuenta en su haber, además, con otros repugnantes crímenes.
Tanto Posada, como sus socios liberados recientemente por cuestionable
voluntad de la ex presidenta panameña Mireya Moscoso, han recibido
refugio en Estados Unidos a pesar de su probada condición como terroristas.
La opinión pública
norteamericana ha comenzado a cuestionar el doble rasero de la concepción
antiterrorista norteamericana. No hay terroristas buenos, ni terroristas
malos. Sólo hay un tipo de terrorismo y éste no debe
ser santificado ni perdonado. Hacer tal cosa es un ultraje contra las víctimas
de esos criminales.
Tal vez lo más detestable
de esta política norteamericana lo representa el hecho de que, mientras
se albergan en su territorio a decenas de criminales confesos, se encierran
en sus cárceles a luchadores contra el terrorismo, como es el caso
de los Cinco Héroes cubanos. Víctimas de un juicio amañado,
se les condenó a elevadas y exageradas penas por el único
delito de defender a su Patria del terror.
Hoy por hoy, Antonio, Fernando, René,
Gerardo y Ramón representan como nadie a la prueba de la inconsecuencia
del antiterrorismo de los Estados Unidos. Mientras estén presos,
no podrá creerse en la honestidad de la lucha norteamericana contra
el terrorismo.
3) No se puede hiperbolizar el
uso de la tecnología en la obtención de información
sobre las células terroristas, a la par que no hay logros sobresalientes
a partir de la actuación individual y separada de las agencias encargadas
de desarrollar esta lucha
El fracaso principal de las campañas
antiterroristas de Estados Unidos en Afganistán e Irak durante los
últimos tiempos ha estado dado, principalmente, por la incapacidad
de penetrar las células de Al Qaeda y de otros grupos terroristas.
Esta incapacidad quedó puesta de manifiesto cuando, aún empleando
los más sofisticados adelantos tecnológicos, los Estados
Unidos no han podido capturar a Osama Bin Laden y a otros dirigentes talibanes
desde su ataque a Afganistán a fines del 2001.
En los últimos meses, las
agencias antiterroristas norteamericanas se han lanzado a la búsqueda
del líder de la resistencia iraquí Abu Musab
al-Zarqawi, quien escapó en las propias narices de los ocupantes
yanquis en varias oportunidades, tal como lo hizo en el reciente febrero,
durante un aparatoso operativo para procurar su captura, en la ciudad
de Ramadi.
Los fracasos de los operativos dirigidos
contra Al Qaeda demuestran, sin lugar a dudas, las profundas brechas existentes
en las agencias de inteligencia norteamericanas y de otros países,
dedicadas a enfrentar el terrorismo, fundamentalmente a causa de su incapacidad
para compartir información entre sí y por la hiperbolización
del papel de la tecnología en ese empeño, desechando el papel
del factor humano, es decir, de la aventura, en ese empeño. Tal
falta de coordinación y de excesiva compartimentación de
las informaciones de las fuentes, fundamentalmente impersonales y dudosas,
han dado al traste con la eficacia de la lucha antiterrorista desplegada
por Bush en el mundo actual.
4) No se puede descartar el empleo
del factor humano en la lucha contra el terrorismo
El exagerado paquete presupuestario
que representa La Ley de Asignaciones del Departamento de Seguridad del
Territorio Nacional (DHS) para el 2005, firmada el pasado 18 de octubre
de 2004, contempló un aporte de 28.900 millones de dólares
en gastos netos discrecionales, lo cual representó un aumento de
1.800 millones de dólares (6,6 %) en relación a 2004 y un
aumento de 14.900 millones de dólares (106 %) en relación
con los niveles de 2001.
Tan abultada cifra incluye, por supuesto,
el cacareado Proyecto del Escudo Biológico, así como la
seguridad de los puertos marítimos, la seguridad ferroviaria
y de carreteras; la ayuda a los departamentos de bomberos;
los programas de ayuda estatales y locales, incluyendo la Iniciativa de
Seguridad de Zonas Urbanas (UASI), el cual contempla el estado de
alerta a diversas zonas urbanas en base al nivel de las amenazas. Otros
destinatarios del presupuesto son el Servicio de Aduanas y Protección
Fronteriza de Estados Unidos (CPB) y la Oficina de Ejecución de
las Leyes de Inmigración y Aduanas (ICE).
Dentro del presupuesto antiterrorista
para el 2005, se incluyen, igualmente, la Iniciativa de Seguridad
de Contenedores para la inspección previa de los contenedores de
carga en 26 puertos marítimos; el programa Tecnología Indicadora
de Situación de Visitantes e Inmigrantes a Estados Unidos, conocido
como U.S.-VISIT; un sistema automatizado de ingresos y salidas; la Administración
de Seguridad del Transporte (TSA) y que incluye costos de seguridad para
la aviación; el Servicio de Guardacostas de Estados Unidos; la Dirección
de Respuesta y Preparativos de Emergencia; el Fondo de Alivio a Desastres;
la Dirección de Análisis Informativo y Protección
de Infraestructura; la Dirección de Ciencia y Tecnología,
con el propósito de desarrollar tecnologías para contrarrestar
la amenaza de las armas químicas, biológicas, nucleares y
radiológicas, y de los explosivos de alta potencia; y, por último,
el establecimiento de contramedidas innovadoras para proteger a los aviones
comerciales de los sistemas portátiles de defensa aérea.
Tanto este presupuesto, así
como los de otras agencias dedicadas a enfrentar la amenaza terrorista,
no incluye seriamente el tema de la selección y preparación
de agentura plenamente capacitada, moral e ideológicamente, para
infiltrar células terroristas. El problema en sí, no es un
problema de recursos, por cuanto EE UU dispone de amplios presupuestos,
como lo hemos visto en este trabajo. El problema sustancial es la incapacidad
de las agencias norteamericanas de encontrar personas ideológicamente
motivadas para realizar esta importante tarea. La propia mentalidad capitalista
de los gobernantes yanquis no les permite comprender que el enfrentamiento
a las células terroristas es, primero que todo, una batalla de ideas,
y sólo hombres con ideas y convicciones sólidas pueden desarrollar
el trabajo de terreno en este tipo de enfrentamiento. Tal vez en
esto estriba la diferencia entre el espía tradicional y el agente
cubano, así como la sustancial diferencia entre el trabajo
antiterrorista de los cubanos y los norteamericanos.
Baste entender el papel y la sólida
ideología de luchadores antiterroristas cubanos, como es el caso
de los Cinco Héroes, para intuir el decisivo papel del factor humano
en la lucha contra el terrorismo. Si Estados Unidos dispusiera de algunos
hombres como ellos, con su entrega, calidad, fortaleza de convicciones
y valentía, otros resultados podría obtener, de seguro,
en esta batalla contra el terrorismo.
Mientras Estados Unidos, tal como
hemos analizado, mantenga un doble rasero en su lucha contra el terrorismo
y emplee las mismas armas y métodos que sus enemigos, jamás
podrá vencer en ese empeño. Si no cambia, estará traicionando
a las víctimas del terrorismo y esa verdad se convertirá,
a la larga o a la corta, en una condena para sus dirigentes de hoy.
12 de mayo de 2005
Percy
Francisco Alvarado Godoy
Escritor guatemalteco
percyag@cimex.com.cu
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