l general chileno
Manuel Contreras, ex jefe de la policía secreta pinochetista, entregó, por medio
de sus abogados, un documento notarial a la Corte Suprema, al ministerio de
Justicia y al Consejo de Defensa del Estado, en el cual detalla qué pasó con 580
víctimas de la dictadura. El siniestro verdugo de la dictadura de Pinochet,
hasta ahora condenado a 25 años de prisión, subraya en ese texto que dependía en
su acción delictiva de la Junta Militar de Gobierno y del mismo Augusto
Pinochet, en un intento por arrastrar a sus pares al proceso para evitar que lo
transformen en el único chivo expiatorio de la dictadura y, además, para tratar
de ampararse, sin decirlo, en el pacto firmado por democristianos y socialistas
cuando, para suceder sin grandes choques a Pinochet, los de la Concertación
Democrática ofrecieron impunidad a los miembros de la dictadura.
Contreras exime a sus subordinados que eran criminales y
torturadores de las consecuencias por el cumplimiento "de las misiones
legales y constitucionales ordenadas por mí", pretendiendo cubrirse con una
Constitución que el golpe militar había violado, y aplicando la misma lógica
macabra esgrimida por la dictadura en Argentina, cuando exculpaba las
violaciones, los robos, las torturas y los asesinatos al recurrir a la
disciplina militar y a la "obediencia debida".
Además, el general miente en algunos de los casos más destacados cuando dice,
por ejemplo, que al canciller socialista Orlando Letelier, asesinado con una
bomba en Estados Unidos, o al ex comandante en jefe de las fuerzas armadas,
general Carlos Prats, también asesinado por una bomba en Buenos Aires, los mató
el agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) Michael Townley, cuando
ellos fueron muertos por comandos militares y, tal como han hecho los dictadores
argentinos, da por fallecidos en combates con la policía a quienes fueron
muertos salvaje y cobardemente bajo tortura en la cárcel pinochetista.
De todos modos, Contreras involucra en los asesinatos al Ejército (con 134
desaparecidos); a la Marina, con 35; a la Fuerza Aérea, con 53, y a todos los
organismos de Seguridad y de Inteligencia, con un total de 580 víctimas que
fueron lanzadas al mar o sepultadas con nombres falsos. También comprueba la
existencia del Plan Cóndor, mediante el cual unos 30 chilenos fueron arrojados
al Atlántico o al Río de la Plata por los militares argentinos aliados con
Pinochet hasta que estalló la guerra de las Malvinas.
El involucramiento de Pinochet en estos crímenes, que este asesino senil
declaró en una ocasión desconocer, así como las acciones criminales a escala
latinoamericana junto con la CIA y otras dictaduras (argentina, paraguaya,
uruguaya, brasileña), convierten el proceso contra Manuel Contreras en un juicio
contra todas las dictaduras latinoamericanas, los mandos militares de los años
70 y 80, y los gobiernos de Estados Unidos, todos los cuales han sido llamados
en causa por el pluriasesino ahora confeso.
Aunque Contreras no arroja luz sobre toda la represión en el Cono Sur,
levanta sin embargo una punta del sangriento velo que cubría los hechos
ocurridos en ese periodo. Esta es otra victoria de los defensores de los
derechos humanos. Esperamos que la misma conduzca en nuestro país a castigar a
los culpables de los asesinatos y desapariciones de hace 30 años.