| ALAI
Agencia Latinoamericana de Información - 11 de mayo
de 2005
Brasil:
Rumbo a la Tierra Prometida
Frei
Betto *
El MST escuchó
el consejo del presidente Lula y le tomó la palabra. Ahora, apoyado
por la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) y otras entidades, marcha
de Goiania a Brasilia a favor de la reforma agraria. La caminata comenzó
el 2 de mayo. En ella participan cerca de 12 mil personas provenientes
de 23 estados. Ella no apunta a la Tierra Prometida, como la historia de
los hebreos descrita en el Antiguo Testamento. Quiere solamente la porción
de tierra prometida por el gobierno Lula.
En 2002, el gobierno federal aprobó
el 2º Plan Nacional de Reforma Agraria. Garantizó que, hasta
el 2006, asentaría a 400 mil familias sin tierra. Y más de
130 mil recibirían financiamiento para la adquisición de
predios rurales.
Al inicio del año pasado,
Lula aseguró que hasta diciembre serían asentadas 115 mil
familias. Según el Instituto Nacional de Colonización y Reforma
Agraria (INCRA), en 2004 fueron asentadas cerca de 80 mil. En dos años
de gobierno, 117 mil. El MST responde. Dice que la mayoría de las
familias fue alojada en proyectos creados en el gobierno de Fernando Henrique
Cardoso (FHC) o solamente se les regularizó su situación.
Así, en dos años, el actual gobierno habría asentado
a 64 mil familias.
Lo mas grave es que el gobierno federal
no demuestra voluntad política de efectivizar la reforma agraria.
De los 3,4 mil millones de reales previstos en el presupuesto de este año
para el Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA), el Ministerio de Hacienda
recortó 2 mil millones para recaudar y asegurar la montaña
de dinero –cerca de 60 mil millones- del superávit primario (tijera
de jardinero en los costos e inversiones, para pagar intereses).
Hubo protestas, inclusive del ministro
Rosseto, forzando al ministro Palocci a liberar 400 millones de reales
de la cantidad retenida. Si la reforma agraria fuera, de hecho, prioridad
del gobierno Lula, los 1,6 mil millones restantes deben ser restituidos
en breve al MDA.
La marcha de 223 Km. culmina en Brasilia
el día 17 de mayo. Ella reivindica lo que el gobierno Lula prometió:
asentar 400 mil familias hasta 2006. El presidente ha enfatizado que no
basta dar tierra. Es necesario que haya también condiciones agrotécnicas
de siembra, cosecha, transporte y comercialización del producto
excedente al consumo familiar. Es lo que desean los “sin tierra”, a través
de un programa de agroindustrias y de crédito especial para los
asentamientos.
Todas las estadísticas comprueban
que la actividad rural es la que más emplea en el Brasil. Sin embargo,
convivimos con un alarmante índice de desempleo. Hace la reforma
agraria –una reivindicación de 150 años- significa parar
el éxodo hacia las ciudades, reducir el número de favelas,
disminuir la desigualdad social y, en consecuencia, la violencia urbana.
En este país de 800 millones de hectáreas cultivables, tierra
es lo que no falta.
Está probado que más
del 60% de los alimentos que llegan a la mesa de la familia brasileña
provienen de la agricultura familiar. El gobierno federal extendió
los beneficios del Programa Nacional de Agricultura Familiar (PRONAF) a
todo el país, rompiendo el monopolio de la región Sur. Eso,
sin embargo, no es suficiente. La burocracia todavía dificulta el
acceso al financiamiento.
Uno de los mayores obstáculos
para la reforma agraria es el Congreso Nacional, un nido de ruralistas
defensores del latifundio. Basta decir que, hasta hoy, no aprobó
la propuesta del Planalto de expropiación sumaria de haciendas en
las que haya trabajo esclavo. Este es uno de los factores que favorecen
la impunidad de los culpables de las muertes de los que luchan por la reforma
agraria.
¿Cuál es el proyecto
Brasil del gobierno Lula? En la economía no hay lugar para dudas:
equilibrio fiscal, contener la inflación, atraer capital extranjero,
reducir las deudas interna y externa, aumentar las exportaciones y reducir
las importaciones, ampliar las reservas y la capacidad de inversión.
La meta es positiva, el método discutible, pues infla los intereses,
reduce el crédito, estimula la especulación y asfixia a la
producción. Una difícil ecuación: promover el desarrollo
social a través de una política económica neoliberal
que favorece el capital y castiga al trabajo.
La reforma agraria es, teóricamente,
la “prioridad de las prioridades” del gobierno Lula. Junto al combate al
hambre. Es decir, uno y otro están interconectados. Pero así
como el presidente admitió que el dragón inflacionario no
puede ser contenido solamente con el látigo de los intereses altos,
que duele en el lomo de la nación, es hora de que el gobierno priorice
el Plan Nacional de Reforma Agraria y, por lo menos, cumplir las metas
de asentamiento anunciadas en sus dos primeros años de gestión.
Un gobierno que tuvo el suficiente
coraje para homologar en una área continua a la reserva indígena
de Raposa Serra do Sol, en Roraima, no merece llegar a las elecciones de
2006 con un mero maquillaje latifundista, en tanto millares de familias
permanecen acampadas a la vera de las carreteras porque saben que fuera
de la tierra ellas no tienen salvación. Ya no pueden, como la familia
Silva, subir a un autobús y emigrar con la esperanza de obtener
trabajo en El Dorado paulista. Solo les resta luchar por la tierra que
perdieron. (Traducción ALAI).
* Frei Betto es escritor, autor de
“Gosto de Uva” (Garamond), entre otros libros.
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