El gran respaldo electoral recibido es un indicador del rotundo fracaso
de los partidos tradicionales en la conducción de los asuntos
departamentales, y marca otro escalón en el proceso de descaecimiento del
clientelismo y la corrupción como mecanismos de cazar votos de incautos. A
la vez, está indicando el reflejo hacia todo el país de la impronta que el
gobierno nacional está dando a su gestión.
Para la fuerza política es otro acrecentamiento del desafío de conducir
políticamente el cambio y por tanto de dar señales de vida y ser capaz de
producir un pensamiento orientador para todo el país. Un desafío que el
estado actual de la organización interna del FA difícilmente será capaz de
asumir. Los cambios propios, la adecuación del instrumento FA a las
nuevas responsabilidades políticas se impone con más rigor que
nunca.
En el plano nacional, el gobierno sigue mostrando dinamismo e
iniciativas en varios terrenos. En otros, el peso muerto de las malas
administraciones anteriores sigue operando como una traba más importante
que lo esperado.
1- Cuando las palancas están engripadas
La derecha se empeña en seguir atacando al Estado en forma genérica.
Siempre como sinónimo de burocratización y despilfarro. Pero el Estado que
la izquierda ha heredado no es el "concepto Estado", una abstracción
válida para cualquier período o para cualquier lugar. No. Es una
realización específica, resultado de un proceso histórico y fruto de
determinadas políticas, que respondían a los intereses políticos y
materiales de los grupos dominantes.
En el fondo, el Estado uruguayo es el resultado del fracaso del
capitalismo dependiente, cuya aceptación fue un dogma intocado durante
decenios por los partidos conservadores y los intereses hegemónicos.
Este aparato no fue organizado para servir a la mayoría de la
población, animado con criterios republicanos y democráticos. Estas son
constataciones simples pero que conviene no olvidar.
Ahora que empieza a verse por dentro, el Estado muestra hasta qué punto
es inepto para cumplir las funciones socialmente justas que se enuncian en
la Constitución y las leyes orgánicas de las empresas públicas.
Ahora, cuando por la decisión soberana del pueblo se intenta cambiar el
rumbo al país, buena parte de los instrumentos no funcionan. Una porción
de los jerarcas más antiguos son poco confiables, lo que agrava el hecho
de que la izquierda llega con poca experiencia de administración nacional
a lugares clave, en medio de equipos gerenciales que han sido ingresados o
ascendidos con los criterios de los partidos dispensadores de privilegios
y regalías.
2- La miseria no es "un hecho de la naturaleza"
Los logros económicos y sociales del gobierno de izquierda, como
siempre lo supimos, y se anunció, serán lentos, poco espectaculares. El
país no cuenta con las reservas y los recursos naturales de Argentina ni
de Venezuela.
Esa lentitud es perversa. Esa tardanza -que no es despreocupación-
dilata la situación de injusticia y exclusión social en la que viven
cientos de miles de uruguayos que constituyen la preocupación central del
programa y la voluntad del partido que ha accedido al gobierno el 1º de
marzo.
Ahora bien, esta demora en lograr la mejoría social debiera ser
explicitada: mostrar ante el pueblo las razones externas e internas de
nuestro descalabro económico.
La dependencia, el daño que nos infligieron las políticas del FMI, las
leyes leoninas que regulan el comercio internacional en beneficio de los
países ricos, el papel de los banqueros, los especuladores y los usureros
en el estancamiento económico del país.
La responsabilidad de los dirigentes políticos que dieron cobertura a
las deformaciones y amputaciones que nos impuso el modelo neoliberal. Y
las trenzas mafiosas que se han ido tejiendo en estos últimos años.
La izquierda debe hacerlo como un elemento de educación cívica, de
comprensión pública, de toma de conciencia ciudadana.
Y junto con la explicitación, se hace necesaria la adopción de
medidas drásticas con los responsables de delitos contra el patrimonio
nacional, contra los bienes de todo el pueblo.
Sería funesto que los grandes expoliadores del Estado quedaran
impunes.
Desde el punto de vista simbólico tendría un efecto éticamente
negativo. Una especie de todo da igual, que es incompatible con la
identidad y las tradiciones republicanas del país y con los valores que la
izquierda ha realzado.
Si el "público señalamiento" de los corruptos se demora. Si también la
justicia tarda, estaremos perdiendo uno de los factores principales por
los que la gente ha dado su apoyo a la izquierda.
3- El gobierno y los conflictos de clase
En otro orden de temas, en estos días ha cobrado gran importancia el
conflicto que mantienen los trabajadores con la empresa francesa
Gaseba.
Por el momento en que ocurre, durante las primeras semanas de un
gobierno de izquierda y por los reclamos que dan origen a la acción
gremial, el conflicto reviste una enorme significación como anticipo, como
prueba y condensación.
El gremio ha desenvuelto una línea de acción caracterizada por su
tenacidad en la defensa de ciertos valores propios de los trabajadores.
Para empezar el rechazo al despido de los dirigentes sindicales elegidos
por los operarios.
La empresa actuó con un olímpico desprecio por las normas existentes en
el país y se mantuvo arrogante en la defensa de los despidos. Pese a los
años transcurridos, el gremio no abandonó el reclamo de la reposición de
sus compañeros.
Al mismo tiempo, la organización obrera asumió la actitud que el
Estado, con los gobiernos anteriores, no quiso cumplir: denunciar las
irregularidades operativas, comerciales y la falta de seguridad de los
servicios prestados por la trasnacional francesa. El sindicato no
confundió gremialismo con corporativismo.
Junto con los intereses solidarios con sus compañeros, el gremio supo
actuar como un fiscal público denunciando los perjuicios que para el país
aparejaba el incumplimiento de sus obligaciones por parte de la
concesionaria francesa.
Un servicio caro y malo. Ausencia de inversiones e incumplimiento en la
mejoría de las instalaciones, la conducta de Gaseba tiene grandes
analogías con otras empresas, privadas y extranjeras, a las que se les
otorgó determinados servicios públicos. Su negligencia ha contribuido a
colocar al país en los umbrales de una crisis energética importante.
Pero la lógica de la empresa es enriquecerse lo antes posible,
despreocupándose de las implicancias que su conducta tiene para los
intereses del país. Y el sindicato obrero denunciando, reuniendo
documentación, proponiendo otros caminos. Para defender lo suyo y lo de
todos.
4- Cumpliendo con las leyes
En los últimos 15 días el conflicto se endureció con una huelga de
hambre que mañana cumplirá veintiún días y con la ocupación del local
principal de la empresa.
Para el gobierno popular se trataba de un desafío importante y
tempranero. Y se respondió de acuerdo a lo que esperado.
Exigiendo el cumplimiento de la ley, la reposición de los despedidos a
través del Ministerio de Trabajo y de la Dirección Nacional de Trabajo.
Con mucha claridad y mucha firmeza en defensa de los derechos de los
trabajadores y de las leyes del país.
También la intervención del Ministerio de Industria ha sido de una
defensa neta de los intereses del país en una zona tan delicada como es la
disponibilidad energética.
Si alguien pretendió echar leña a la hoguera para hacer de este
conflicto gremial un factor de rozamiento del gobierno con las
organizaciones sindicales, se equivocó feo. Tanto el sindicato del gas
como el PIT-CNT actuaron con firmeza y con claridad política, sabiendo y
haciendo saber que en el país hay cosas que cambiaron decisivamente y que
las relaciones del sindicalismo con este elenco no son las mismas que
cuando los ministros de Trabajo, o sus cuadros dependientes, eran un brazo
más del poder de las patronales.
5- Del lado de la justicia social
En momentos en que crece la agremiación, y el sindicalismo tiende a
recuperar su peso histórico en la vida del país, cuando se abren nuevas
perspectivas a partir de la convocatoria a los Consejos de Salarios, es
importante que todos tomemos conciencia de la situación en la que
estamos.
Podrá haber hasta ahora insuficiencias y errores en el accionar del
gobierno. Declaraciones que no satisfacen y gestos que desconciertan. Pero
estos episodios, que hacen a la cuestión medular de las relaciones del
capital con el trabajo, muestran el signo principal que se propone lograr
esta administración: que se la identifique como un gobierno consustanciado
con el valor de la justicia social, de la mejora de la situación de los
humildes y de la gente de trabajo. Y eso ha quedado completamente claro en
los hechos que comentamos.