| Página12
de Argentina - 12 de mayo de 2005
El caso
del auténtico falso
deportado
por el nazismo
En un escándalo
que amenaza con ayudar a los historiadores que niegan el Holocausto, se
descubrió que el presidente español de la asociación
de Mauthausen no fue prisionero de los nazis.
Carlos
E. Cué y Jacinto Anton*
Desde Madrid
y Barcelona
El hombre más
conocido de la deportación española, Enric Marco, presidente
de la asociación Amical de Mauthausen, ha engañado a todos
durante casi 30 años. Nunca estuvo preso en un campo de concentración,
al contrario de lo que aseguraba en cientos de entrevistas, charlas en
colegios e incluso en un libro autobiográfico, Memoria del infierno,
publicado en 1978.
Después
de que circularan diversos rumores que provocaron su destitución
como presidente de la asociación y su ausencia inesperada en los
actos de conmemoración del 60º aniversario de la liberación
de Mauthausen –achacada oficialmente a una enfermedad–, Marco reconoció
el martes en un escueto comunicado lo que algunos de sus compañeros,
totalmente desolados, ya sabían hace unos días: que lo inventó
todo. Por ello ha sido cesado de todos sus cargos.
Marco, de
84 años, no salió de España exiliado como miles de
compatriotas republicanos al final de la guerra. Ni se incorporó
a la Resistencia francesa como contaba una y otra vez en las decenas de
entrevistas que le han realizado en los últimos años. “Salí
hacia Alemania en una expedición de trabajadores españoles
en 1941”, reconocía. Tampoco estuvo nunca en el conocido campo de
concentración de Flossenburg, a pesar de que ha narrado esa supuesta
experiencia terrorífica miles de veces. De hecho, repetía
su supuesto número de registro: 6448. Marco da 120 charlas al año
en otros tantos colegios, explicando con detalle a los jóvenes cómo
era un horror que, según admitió esta semana, nunca conoció
directamente. “Reconozco no haber estado internado en el campo de Flossenburg,
aunque sí padecí prisión en régimen preventivo
bajo la acusación de conspiración contra el III Reich”, sostiene
Marco en su comunicado.
Por tanto,
nunca fue liberado por las tropas aliadas, como había narrado, en
1945, al final de la II Guerra Mundial. “Volví a España a
principios de 1943, después de que me liberaran.” Esta es la clave
para entender por qué Marco ha podido engañar a tanta gente
durante tanto tiempo. Prácticamente todos los españoles que
salieron de campos de concentración se quedaron en Francia, el único
país que los acogió. Y recibieron una ficha de deportado
que les daba derecho a una pensión. Para dársela, el gobierno
francés buscó y comprobó todos sus datos. Pero no
los de Marco. El contó una historia creíble pero muy difícil
de comprobar: dijo que no tenía pensión porque había
venido a España para trabajar clandestinamente para la CNT, un sindicato
del que llegó a ser secretario general en 1978.
Marco es una
persona muy conocida en Cataluña, tanto que en 2001 la Generalitat
le otorgó la cruz de Sant Jordi por toda una vida de lucha antifranquista
y sindicalista, y por su dedicación, en torno de 20 años,
a la Federación de Padres y Madres de Alumnos de Cataluña
(FaPaC), de la cual fue vicepresidente por Barcelona.
Marco, que
declinó hablar con este diario, estuvo el 27 de enero en el Parlamento
y fue el protagonista del primer homenaje que se realizaba allí
a todas las víctimas de los campos de concentración. El último
1º de mayo fue reelegido presidente de la Amical de Mauthausen. Pocas
horas después comenzaron a circular los rumores de que un historiador
no encontraba su nombre en los archivos de Flossenburg. Marco aguantó
unos días, pero luego se hundió y lo reconoció todo.
La asociación lo obligó a volver de Mauthausen para no enturbiar
el homenaje, y un deportado de verdad, Eusebi Pérez, leyó
el discurso que él había preparado.
Deportados
reales y miembros de la asociación, que han trabajado con Marco
los últimos seis años, están desolados. Neus Català,
de 89 años, única sobreviviente española del campo
de concentración de Ravensbrück, señala furiosa: “Yo
ya sabía que Marco no era un deportado, se notaba que no había
estado en los lugares que decía, no conocía Flossenburg,
sus descripciones obviamente no coincidían con la realidad”. La
sobreviviente calificó a Marco de “mentiroso” y “sinvergüenza”
y deploró el daño que puede hacer el asunto a la causa de
los deportados.
Jesús
Ruiz, tesorero de la asociación y amigo hasta ahora de Marco, está
hundido: “La deportación está muy por encima del engaño
de una persona, pero es evidente que el daño que puede hacer es
enorme. Esto es carnaza para los negacionistas”.
* De El País
de Madrid. Especial para Página/12. |