INEMATECA
tuvo la buena idea de reponer El fascismo corriente, la
notable película-documental de Mijaíl Romm sobre el ascenso y caída del
nazismo y la II Guerra Mundial. Fue mucha gente a verla o reverla.
Cuarenta años después (es de 1965) conserva una pasmosa actualidad: por
los episodios históricos que evoca y por las reflexiones que sugiere en su
trasposición al mundo de hoy. Me conmovió hasta los tuétanos y resucitó en
mí con fuerza antiguas vivencias olvidadas.
Imágenes que traspasan
Lo que yo guardaba borrosamente en la memoria eran ante todo los
rostros filmados en los campos de concentración, imágenes en la antesala
de la muerte que quedaron prendidas en el recuerdo. Reflejan el dolor
infinito y a la vez la serenidad con que esos seres humanos repasan su
vida y avizoran el final ineluctable. No hay nada más allá de esto. O
quizá sí, los cadáveres amontonados en los campos, las caras de los niños
en los guetos ante los pelotones de soldados nazis, las montañas de
zapatos. Se llega hasta los límites del sufrimiento y la bestialidad. Las
secuencias son acompañadas por un guión muy sobrio y austero, espejo de
dignidad y humanismo.
También adquiere un valor documental histórico la notable selección de
las filmaciones de Krupp, Thyssen y los magnates de la industria de la
guerra, del mariscal Hindemburg que entrega el poder al führer, y muy
especialmente la serie de imágenes de Hitler, de sus discursos, de los
actos nazis, en suma de la gestación de ese período que aparejó el
embrutecimiento de un pueblo, la vesanía criminal desatada, decenas de
millones de muertos, la destrucción de ciudades y regiones enteras. El
guionista se interroga cómo fue posible llegar a los extremos de horror de
fotografiarse sonrientes frente a niños masacrados, hombres fusilados o
jóvenes ahorcados.
Decía que estos pensamientos se trasladan al período posterior a la II
Guerra Mundial y llegan incluso a los tiempos presentes.
Entre la vida y la muerte
¿En qué se diferencian, en efecto, las monstruosidades perpetradas por
los nazis, como la destrucción de la ciudad checoslovaca de Lídice, por
ejemplo, del arrasamiento de la aldea vietnamita de My Lai perpetrada por
las tropas yankis de ocupación de Vietnam del Sur, masacrando a todos los
pobladores, hombres, mujeres y niños, y quemando todas sus viviendas? ¿O
bombardeando salvajemente con los B-52 y sembrando todo el territorio con
napalm y defoliantes, cuyas consecuencias se sufrieron por varias
generaciones? Recuerden la imagen de la niña corriendo desnuda con el
cuerpo envuelto en llamas, o los vietnamitas a los que les volaron los
sesos a quemarropa, y compárenlos con el fusilamiento de los iraquíes que
se desangraban, sin armas, en una mezquita. De paso sea dicho, los
soldados que cometieron estos auténticos crímenes de guerra han sido
exculpados, alegando que actuaron en defensa propia.
¿Existe mucha diferencia entre los métodos utilizados en los guetos y
las torturas macabras en las prisiones de Abu Ghraib y de Guantánamo, que
desafían la imaginación más sádica con sus aberraciones de todo orden?
Aquí también es preciso recordar que solamente fue degradada la general
Karpinsky, pasada al grado de coronel, y la soldado Lynndie England y el
gentil padre de su hijo. Toda la restante ralea de los torturadores fueron
calificados por los tribunales militares como dignos defensores de la
patria.
Lo mismo hacían los jefes nazis con sus soldados, como también lo
muestra el documental. La diferencia está en que los jefes fueron juzgados
por el Tribunal de Nurenberg o se suicidaron en el búnker de Berlín.
Precisamente en estos días se celebró el 60º aniversario de la
capitulación nazi con ceremonias en diversos países europeos y culminadas
en Moscú. Varias de estas recordaciones tuvieron lugar simbólicamente en
antiguos campos de concentración de los cuales las tropas soviéticas y
aliadas salvaron a miles de prisioneros de la muerte. El presidente
austríaco Heinz Fischer evocó dramáticamente la imagen de los detenidos
tras su liberación como "esqueletos entre la vida y la muerte".
El vientre fecundo de las bestias
En las conmemoraciones estuvo vivamente presente la advertencia acerca
del resurgimiento de las fuerzas neonazis en varias naciones de Europa, y
no solamente en Austria con G. Heider. En Alemania, las fuerzas
antifascistas llamaron a enfrentar estos brotes. En la Alexandrplatz de
Berlín, en el antiguo sector este, grupos ultraderechistas neonazis del
Partido Nacional Democrático (NPD), en su mayoría cabezas rapadas que
reivindicaban el III Reich, fueron cercados por millares de manifestantes
antifascistas. Allí resuena el alerta de Bertolt Brecht: aún es fecundo el
vientre que alojó estas bestias.