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13 de mayo de 2005
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Brecha de Uruguay - Nº 1015 - 6 de mayo de 2005

Vietnam, 30 años

El tío Ho
El hacedor de la victoria

Ho Chi Minh (1890-1969) quiere decir “el que ilumina”. Hasta 1945 se le conocía como Nguyen Ai Quoc, “Nguyen, el patriota”, aunque su nombre real fuera Nguyen Tat Thanh. Es el padre de la moderna nación vietnamita, aunque sus compatriotas no lo tratan de padre, sino de tío; el “tío Ho”. A la vez familiar y respetuoso.

Fundador del Partido Comunista, padre de la independencia y presidente del país, principal estratega y símbolo nacional, lo extraordinario de su figura es que no hay en ella el más mínimo rasgo de emperador. Su autoridad en el partido fue moral y nunca indiscutible. Sus compañeros de la dirección lo dejaron en minoría muchas veces, e ironizaron sobre sus puntos de vista. Ho Chi Minh no se parece a Stalin ni a Mao. La personalidad de Ho Chi Minh incorpora aspectos de Lenin (revolucionario, fundador de un nuevo Estado), pero también de la conciliadora y ascética bondad de Gandhi.
Hijo de un maestro nacionalista, Ho fue miembro fundador del Partido Comunista francés en 1920, creador de la organización más eficaz en la lucha contra los franceses, luego transformada en el Partido Comunista de Indochina. Estuvo dos años encarcelado por los británicos en Hong Kong, y al salir de la cárcel se fue a la urss, donde estuvo hasta 1938. Aquel año marchó a China, donde pasó una temporada en el cuartel general comunista de Mao en Yennan.
Como para la mayoría de los dirigentes del mundo en desarrollo de principios del siglo xx, el comunismo era visto por Ho Chi Minh como la mejor ideología para realizar objetivos de modernización, independencia y desarrollo.
En 1945, aprovechando la derrota japonesa y el vacío de poder francés en la región, proclamó la República Democrática de Vietnam y lideró la lucha armada de ocho años con los franceses, hasta que la Conferencia de Ginebra de 1954, tras el descalabro francés de Dien Bien Phu, aquella misma primavera, estableció la paz sobre la separación de dos estados vietnamitas. La división del país fue aceptada por los comunistas por razones tácticas.
Ho Chi Minh logró mantener la independencia del Partido Comunista vietnamita en el pleito chino-soviético, algo muy complicado teniendo en cuenta que el país dependía vitalmente de ambas potencias y que no podía permitirse el lujo de pelearse con ellas. En los sesenta hizo todo lo que pudo para evitar el cisma, y siempre pregonó la unidad del “movimiento comunista internacional”.
Ho Chi Minh vivió de forma sencilla y murió en 1969, en plena guerra, a los 79 años de edad. En su testamento, cuya primera redacción data de cinco años antes de su muerte, dejó instrucciones para ser incinerado y enterrado en una montaña. Consciente de que su tumba atraería multitudes, estableció que sería bueno que cada visitante plantara un árbol, de tal forma que “con el tiempo se formará un bosque que embellecerá el paisaje y beneficiará a la agricultura”.
“Cuando muera, hay que evitar que se organicen grandes funerales para no despilfarrar el dinero y el tiempo de la gente”, dijo, pero no se le hizo mucho caso. Como ocurrió con Lenin, sus sucesores prefirieron embalsamarlo y hoy su cuerpo continúa exhibido en Hanoi.

 
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