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Jornada de México - 22 de mayo de 2005
Lectura
necesaria habemus
El desafío
oscurantista
"El papa...
quiere volver a poner en tela de juicio el carácter laico del Estado,
es decir, el reconocimiento de la libertad para todas las religiones y
para todas las doctrinas agnósticas o ateas. Siendo así que
ésta es la tolerancia que, por sí sola, asegura y garantiza
los derechos de los diferentes cultos (y de los no creyentes) frente a
las posibles y recíprocas pretensiones hegemónicas". El párrafo
fue escrito en referencia a Juan Pablo II, pero la línea anticipada
por su sucesor da vigencia a la obra que lo contiene
Enrique
Montalvo Ortega
Ahora
que ha concluido el papado
de Karol Wojtyla (Juan Pablo II) y comienza el de Joseph Ratzinger (Benedicto
XVI), adquiere especial significación el libro del filósofo
italiano Paolo Flores d'Arcais titulado El Desafío Oscurantista.
Etica y fe en la doctrina papal.
Este libro,
publicado por primera vez en 1992 por la prestigiosa editorial italiana
Einaudi, constituye un análisis riguroso y ampliamente documentado
de las principales tendencias del papado de Wojtyla. Sin embargo, va mucho
más allá de ser un simple ensayo sobre los aspectos meramente
religiosos, ya que vincula el proyecto cultural de la Iglesia católica
con las tendencias políticas contemporáneas, en particular
con la democracia, y muestra el destino al que podría llevarnos
el "oscurantismo" de la política del papa polaco.
A lo largo
de sus líneas sostiene la tesis de que el avance de la religiosidad
que hemos vivido en las sociedades contemporáneas hacia finales
del siglo XX, responde al desencanto frente a las promesas incumplidas
de la modernidad y de la democracia.
La ciencia
y la técnica, que prometían bienestar generalizado para la
humanidad, han sido expropiadas por unos cuantos, y la democracia representativa,
que ofrecía realizar la voluntad mayoritaria y ampliar las libertades,
se ha vuelto una farsa que niega los derechos sustanciales a los ciudadanos:
"El revival
de las religiones constituye, al igual que el movimiento de lo Politically
correct, una de las formas de retorno a las raíces que nace
de la desilusión de ver sustraída la ciudadanía que
se prometió. Santo rechazo de lo existente, aunque reaccionario.
(...) Wojtyla es esto: humanismo reaccionario."
Para Flores
d'Arcais la religión viene a llenar el vacío de alternativas
que los distintos regímenes han representado para satisfacer las
necesidades de las sociedades y de los individuos. El problema es que el
remedio que las religiones, y en particular la católica, ofrecen
ante tales limitaciones, resulta mucho peor que la enfermedad:
"La actual
boga del antilaicismo y de los integrismos muestra el grado de malestar,
a un tiempo agudo y crónico, que experimentan hoy Occidente por
la modernidad (a medias) y el Tercer Mundo por la modernización
(más que nunca parcial y asimétrica) que había llegado
a seducirlo. La desilusión por las promesas incumplidas de tales
procesos y por la incapacidad que han demostrado no sólo el marxismo,
sino también el liberalismo efectivamente vigente (...) para descifrar
los problemas nuevos y darles (...) un verosímil inicio de respuesta.
Pero las soluciones integristas y de retorno a la religión siguen
siendo peores que los males que denuncian, puesto que radicalizan su causa
fundamental. En efecto, pese a las promesas, hay en ellas poco de individuo,
y se percibe en cambio el propósito de anularlo todo."
Una de las
críticas medulares que el filósofo italiano realiza a la
filosofía evangelizadora de Wojtyla, sostiene que en su aplicación
conduce a la construcción de un totalitarismo.
Apunta que
si bien en su argumentación Wojtyla se presentaba inicialmente como
defensor de la libertad de conciencia, inmediatamente transformaba y reducía
esta a libertad religiosa, deslizando así su propuesta hacia la
eliminación de las libertades:
"En la versión
del papa subraya nuestro autor la libertad de conciencia se contrapone
a la libertad de opinión y la excluye. No hay equívocos (en
las palabras del papa): 'Reivindicar para sí el derecho a actuar
según la propia conciencia, sin reconocer al mismo tiempo el deber
de intentar conformarla a la verdad y a la ley inscrita en nuestros corazones
por el propio Dios, significa en realidad hacer prevalecer nuestra propia
y limitada opinión'. Pero lo cierto es que, si no se salvaguardan
celosamente los derechos de esta 'limitada opinión', la libertad
de que se está hablando se reduce a asentir a los dogmas y a decir
amén a las jerarquías. De este modo acaba anulada por completo,
puesto que deja de constituir un valor autónomo."
El problema
reside entonces según Flores d'Arcais en que hay un fundamento
totalitarista en el pensamiento del papa polaco, ya que este sostiene que
"a la fe totalitaria de los comunistas sólo se puede oponer la totalidad
de la verdad de la fe católica"
Para el razonamiento
papal el totalitarismo, si es católico, se convierte en una virtud,
en vez de una forma de anular al sujeto. Lo precisa puntualmente Flores
d'Arcais:
"El arcano
estructural del totalitarismo consiste en que los individuos abdican
frente a la verdad única que pretende poner término
al reino de la subjetividad. Pero para el papa, por el contrario, el totalitarismo
es la orgía arbitraria de las voluntades individuales, delirante
en el frenesí de la opción moral libre, en lugar de serenadas
en la obediencia a la verdad única."
Resulta interesante
destacar cómo desde la primera línea del prefacio de este
libro, Flores d'Arcais reivindica la libertad de pensamiento:
"Sin tapujos.
Éste es un libro ateo y, por lo tanto, impresentable y de mal gusto
según los cánones de lo 'culturalmente correcto', que toleran,
sí, al no creyente, pero sólo como un ansia insatisfecha,
carencia anhelante, amputación de la plenitud de la existencia,
necesidad y búsqueda de la fe. Y que, en cambio ignoran al ateísmo
presentado y vivido como una asunción formal y un trasfondo crítico
ya decantado. Que, en cualquier caso, niegan perentoriamente que el ateísmo
y la religión tengan la misma dignidad."
Y vaya que
se trata de un señalamiento sugestivo, porque como el mismo autor
reitera, hasta para los creyentes más amplios de miras, al ateo
"se le considera ineludiblemente expuesto al demonio de la desesperación.
Este criterio no se tilda de intolerante, ni mucho menos de ofensivo para
el ateo. Y bien que lo es. Pero no vale la recíproca: la convicción
atea de que la fe está inextricablemente relacionada con los impulsos
supersticiosos de la ilusión (...) será juzgada irritante
vanidad más o menos soberbia y agresión más o menos
inculta (aunque sea la posición que han mantenido entre otros, Sigmund
Freud o Jacques Monod)."
Este libro
vio la luz en 1992 (hace 13 años), a la mitad del papado de Wojtyla.
Ahora que ha concluido queda claro que para entonces estaban definidos
sus lineamientos fundamentales y se mantuvo en ellos sin realizar cambios
significativos, lo que nos lleva a considerar que este libro da cuenta
de sus aspectos esenciales.
Una de las
obsesiones de Wojtyla era la demonización de la modernidad, que
consideraba tendría efectos terribles para el ser humano. Pero sucede
que, como señala nuestro autor, uno de los elementos centrales en
la constitución de la modernidad, la "autonomía, es decir,
constituir al hombre, a cada hombre, en sujeto" aún no se
alcanza.
"El hombre
se vuelve centro del mundo, protagonista y soberano de su mundo,
cuando acepta e incluso decide verse desalojado del centro de
un universo preparado desde siempre por Dios para él. Sólo
desde el instante en que acepta lúcidamente la magra herencia que
le dejan el azar y la finitud"
Pero resulta
que "para los papas de la fe positiva (...) la modernidad es maligna. Y
por ello, en vez de criticarla, la condenan."
Dicho en otros
términos, ante las insuficiencias de la modernidad la propuesta
papal consiste en cancelarla, en lugar de comprenderla y percibir sus alcances
y posibilidades, algo así como atribuir todos los males "a lo único
que brilla en el eclipse".
Frente a los
elogios que ya desde principios de los noventa se entonaban a la filosofía
de Wojtyla, el autor asume una posición crítica: "El primer
equívoco fue el de ver en Karol Wojtyla el papa del antitotalitarismo",
pues "en nombre de la 'dignidad humana', Wojtyla reivindicará siempre
lo ha hecho que, en materia de matrimonio, aborto, contracepción,
sexualidad, pornografía, educación escolar, manipulación
genética, eutanasia... (las pretensiones van ampliándose
sin cesar), las leyes de cada Estado han de conformarse a los dogmas de
la santa Iglesia romana y a los ucases del Vaticano."1
El segundo
equívoco sería el que considera a "un Wojtyla-San Jorge,
vencedor del dragón comunista.", pues: "no ha sido el cristianismo
lo que ha derribado el muro de Berlín y aventado décadas
de comunismo, sino el topo de la modernidad, incluidos los mitos del consumismo
y del hedonismos tan detestados por Wojtyla."
El problema,
agrega nuestro autor es que "el integrismo católico parece
enemigo del totalitarismo, pero sólo es su competidor, porque ambos
rechazan radicalmente el irreductible ser humano en su singularidad y la
autodeterminación de su propia existencia."
Vale aquí
recordar cómo Kant desde el siglo XVIII (1784) clamaba por la emancipación
del hombre, para la cual "no se requiere más que un cosa, libertad;
y la más inocente entre todas las que llevan ese nombre, a saber:
libertad de hacer uso público de su razón íntegramente."
Contra esa libertad operaba, según el gran filósofo alemán,
la tutela que sobre el pensamiento ejercían diversas instituciones.
Se preocupaba "en especial por lo que se refiere a cuestiones de religión",
pues, afirmaba, "esa tutela religiosa es, entre todas, la más funesta
y deshonrosa."2
Resulta sorprendente
que ahora, más de dos siglos después de que Kant escribiera
su manifiesto filosófico libertario, se siga pretendiendo negar
al hombre el derecho a usar públicamente de su razón, tal
como se evidencia en las acciones papales, según nos muestra Flores
d'Arcais.
A partir de
este análisis el filósofo italiano se refiere a la nueva
evangelización de Wojtyla como una "restauración de oscurantismos"
ya que las tragedias del siglo que concluye (...) son atribuidas por Karol
Wojtyla a la Ilustración, al espíritu crítico, a la
secularización; a la idea, en suma, de un ciudadano capaz de prescindir
de Dios. Cuando, en realidad, han surgido de una ciudadanía incompleta,
de un desencantamiento frustrado: de un déficit de realizaciones
liberadoras, no de un exceso."
Las conclusiones
que se desprenden de este libro de Flores d'Arcais debieran motivar a la
reflexión a cualquier ciudadano responsable, independientemente
de sus creencias, ya que la liquidación del espíritu crítico
que representa el asentamiento de posiciones como la del papa recién
fallecido podrían resultar peligrosas para la convivencia civil,
sobre todo cuando "el papa polaco quiere volver a poner en tela de juicio
el carácter laico del Estado, es decir, el reconocimiento de la
libertad para todas las religiones y para todas las doctrinas agnósticas
o ateas. Siendo así que ésta es la tolerancia que,
por si, sola, asegura y garantiza los derechos de los diferentes cultos
(y de los no creyentes) frente a las posibles y recíprocas pretensiones
hegemónicas. Siendo así que en ello debe agotarse la tarea
del Estado, que será indiferente en materia de contenidos religiosos
(ya sean estos metafísicos o morales) y neutral respecto a las diversas
presunciones de verdad."
Contra este
pensamiento, indispensable y esencial para la tolerancia, se levanta la
voz de quien fungiera durante 25 años en el periodo de Wojtyla como
prefecto de la Congregación de la Fe, su sucesor Joseph Ratzinger,
quien considera que "no se puede derivar una plena neutralidad del Estado
en cuanto a los valores. El Estado debe reconocer que una estructura básica
de los valores cristianamente sustentados es el presupuesto de su actitud."3
Joseph Ratzinger
aspira, según nuestro autor, a "ver la moral católica elevada
a moral de Estado".
La lectura
de este libro bien puede resultar un antídoto que nos proteja de
la "más funesta y deshonrosa" de las tutelas, la de la religión.
Tutela que hoy amenaza con llevarnos a un descomunal retroceso de tres
siglos atrás, hacia un oscuro pasado en lo que a libertades elementales
se trata.
El mismo Flores
d'Arcais precisa en lo que podría desembocar el siglo actual si
desde el pensamiento libre y emancipado no nos esforzamos por detener las
tendencias oscurantistas de la Iglesia católica:
"La soberanía
de Dios, en sustitución de la soberanía de las existencias
individuales concretas, sólo promete una multiplicación de
Jomeinis."
(Paolo Flores
d'Arcais. El Desafío Oscurantista. Editorial Anagrama, Barcelona,
1994.)
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NOTAS
1. El
resultado en Polonia no fue nada liberador pues "desalojados de los edificios
públicos los martillos y las hoces, los obispos polacos han pretendido
hacer obligatorios los crucifijos."
2. Immanuel
Kant. "¿Qué es la Ilustración?", Filosofía
de la historia. México, Fondo de Cultura Económica, 1985.
3. Joseph
Ratzinger citado en Chiesa, ecumenismo e politica, Edizione Paoline,
Milan, 1987, pág. 205 |