Walt
Whitman (I)
José
Luis Hereyra Collante
Desde los
años setentas, cuando leí por primera vez a Walt Whitman,
amé profundamente su obra, y su libro “Leaves of Grass” (“Hojas
de Hierba”), en especial el su núcleo iniciático “Song
of Myself” (“Canto a mí mismo”), me abrió las puertas
de la libertad en la poesía, debido al potente tono del discurso
poético y su lirismo en un sostenido salvaje y violento que rompía
con todos los moldes entecos de lo que yo había leído hasta
entonces. Hace pocos días, más exactamente en la madrugada
del 6 de mayo próximo pasado, íbamos con mi yerno Damián
a 100 millas por hora rumbo al Bronx y, por ir oyendo y hablando de una
canción del cantante portorriqueño (pero nacido en el Bronx)
Marc Anthony, nos pasamos y, a esa velocidad, al rato vimos las señales
de que estábamos en Long Island, bien lejos ya. Recordé enseguida
que allí, quizá muy cerca de donde estábamos ahora
había nacido el más poderoso de los poetas norteamericanos,o
mejor, uno de los más grandes poetas de la historia humana. Whitman
es el poeta estadounidense por excelencia, y su obra afirma claramente
la importancia y la unicidad de todos los seres humanos. Su valiente ruptura
con la poética tradicional, tanto en el plano de los contenidos
como en el del estilo, marcó un camino que siguieron posteriores
generaciones de poetas de su país.
Nacido el 31 de mayo de 1819 cerca
de Huntington, Long Island (Nueva York), fue el segundo de nueve hermanos,
hijo de un carpintero. El poeta se sintió siempre muy próximo
a su madre. Cuando contaba cuatro años de edad, su familia se trasladó
a Brooklyn, donde asistió a una escuela pública durante seis
años, antes de trabajar como aprendiz en una imprenta. Dos años
más tarde, se mudó a la ciudad de Nueva York, donde trabajó
como impresor, pero regresó a Long Island en 1835 para dar clases
en distintas escuelas del condado. Entre 1838 y 1839 publicó un
periódico, el Long-Islander, en Huntington; aburrido por su estilo
de vida, volvió a Nueva York y trabajó como periodista. Se
convirtió en asistente asiduo de teatros y, lector omnívoro
como fue siempre, de librerías. Durante esos años escribió
poemas y cuentos muy poco originales para distintas publicaciones, así
como discursos políticos, por los cuales los demócratas de
Tammany Hall le permitieron dirigir varios periódicos de corta tirada
y vida. Fue editor del famoso Brooklyn Eagle durante dos años, pero
perdió su puesto por apoyar al partido Free-Soil. Tras un breve
periodo en Nueva Orleans, regresó a Brooklyn, donde intentó
publicar un periódico en la órbita del Free-Soil. Después
de pasar varios años desempeñando los más diversos
trabajos, incluido el de constructor inmobiliario, empezó a escribir
una poesía totalmente distinta de la que se estaba escribiendo,
y se dedicó por completo a tal actividad.
En 1855, Whitman publicó la
primera de las innumerables ediciones de “Hojas de hierba”, un libro
de poemas cuya principal novedad era un tipo de versificación no
usado hasta entonces, y que se alejaba radicalmente del que el poeta había
utilizado en los poemas sentimentales que escribió en la década
anterior. Puesto que en esta obra alababa el cuerpo humano y glorificaba
los gozos de los sentidos, se vio obligado a sufragar él mismo los
gastos de su publicación, y a colaborar en las tareas de imprenta.
Su nombre no aparecía en la portada de esta edición, pero
sí un retrato suyo en camiseta, con los brazos en jarras y el sombrero
ladeado, en actitud desafiante. El autor saludaba el advenimiento de una
nueva literatura democrática –acorde con el pueblo–, sencilla
e irreductible, escrita por un nuevo tipo de poeta afectuoso, potente y
heroico, que conduciría a los lectores a través de la poesía
con la fuerza de su magnética personalidad. Whitman pasó
el resto de su vida intentando aproximarse a ese modelo de poeta. La edición
de 1855 de “Hojas de hierba” contenía 12 poemas sin título,
escritos en versos largos y cadenciosos que se asemejan a los de la Biblia
“King James Version”. El más largo y de mayor calidad de ellos,
que más tarde recibió el título de “Canto a mí
mismo”, ha sido también publicado como libro autónomo,
y consiste en la visión de un 'Yo' simbólico presa de una
sensualidad que le hace amar a todas las gentes que se va encontrando en
un imaginario vuelo desde el Atlántico hasta el Pacífico.
20 de mayo de 2005
José
Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
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