José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
22 de mayo de 2005
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Walt Whitman (I)
José Luis Hereyra Collante
Desde los años setentas, cuando leí por primera vez a Walt Whitman,  amé profundamente su obra, y su libro “Leaves of Grass” (“Hojas de Hierba”), en especial el su núcleo iniciático “Song of Myself” (“Canto a mí mismo”), me abrió las puertas de la libertad en la poesía, debido al potente tono del discurso poético y su lirismo en un sostenido salvaje y violento que rompía con todos los moldes entecos de lo que yo había leído hasta entonces. Hace pocos días, más exactamente en la madrugada del 6 de mayo próximo pasado, íbamos con mi yerno Damián a 100 millas por hora rumbo al Bronx y, por ir oyendo y hablando de una canción del cantante portorriqueño (pero nacido en el Bronx) Marc Anthony, nos pasamos y, a esa velocidad, al rato vimos las señales de que estábamos en Long Island, bien lejos ya. Recordé enseguida que allí, quizá muy cerca de donde estábamos ahora había nacido el más poderoso de los poetas norteamericanos,o mejor, uno de los más grandes poetas de la historia humana. Whitman es el poeta estadounidense por excelencia, y su obra afirma claramente la importancia y la unicidad de todos los seres humanos. Su valiente ruptura con la poética tradicional, tanto en el plano de los contenidos como en el del estilo, marcó un camino que siguieron posteriores generaciones de poetas de su país.

Nacido el 31 de mayo de 1819 cerca de Huntington, Long Island (Nueva York), fue el segundo de nueve hermanos, hijo de un carpintero. El poeta se sintió siempre muy próximo a su madre. Cuando contaba cuatro años de edad, su familia se trasladó a Brooklyn, donde asistió a una escuela pública durante seis años, antes de trabajar como aprendiz en una imprenta. Dos años más tarde, se mudó a la ciudad de Nueva York, donde trabajó como impresor, pero regresó a Long Island en 1835 para dar clases en distintas escuelas del condado. Entre 1838 y 1839 publicó un periódico, el Long-Islander, en Huntington; aburrido por su estilo de vida, volvió a Nueva York y trabajó como periodista. Se convirtió en asistente asiduo de teatros y, lector omnívoro como fue siempre, de librerías. Durante esos años escribió poemas y cuentos muy poco originales para distintas publicaciones, así como discursos políticos, por los cuales los demócratas de Tammany Hall le permitieron dirigir varios periódicos de corta tirada y vida. Fue editor del famoso Brooklyn Eagle durante dos años, pero perdió su puesto por apoyar al partido Free-Soil. Tras un breve periodo en Nueva Orleans, regresó a Brooklyn, donde intentó publicar un periódico en la órbita del Free-Soil. Después de pasar varios años desempeñando los más diversos trabajos, incluido el de constructor inmobiliario, empezó a escribir una poesía totalmente distinta de la que se estaba escribiendo, y se dedicó por completo a tal actividad.

En 1855, Whitman publicó la primera de las innumerables ediciones de “Hojas de hierba”, un libro de poemas cuya principal novedad era un tipo de versificación no usado hasta entonces, y que se alejaba radicalmente del que el poeta había utilizado en los poemas sentimentales que escribió en la década anterior. Puesto que en esta obra alababa el cuerpo humano y glorificaba los gozos de los sentidos, se vio obligado a sufragar él mismo los gastos de su publicación, y a colaborar en las tareas de imprenta. Su nombre no aparecía en la portada de esta edición, pero sí un retrato suyo en camiseta, con los brazos en jarras y el sombrero ladeado, en actitud desafiante. El autor saludaba el advenimiento de una nueva literatura democrática –acorde  con el pueblo–, sencilla e irreductible, escrita por un nuevo tipo de poeta afectuoso, potente y heroico, que conduciría a los lectores a través de la poesía con la fuerza de su magnética personalidad. Whitman pasó el resto de su vida intentando aproximarse a ese modelo de poeta. La edición de 1855 de “Hojas de hierba” contenía 12 poemas sin título, escritos en versos largos y cadenciosos que se asemejan a los de la Biblia “King James Version”. El más largo y de mayor calidad de ellos, que más tarde recibió el título de “Canto a mí mismo”, ha sido también publicado como libro autónomo, y consiste en la visión de un 'Yo' simbólico presa de una sensualidad que le hace amar a todas las gentes que se va encontrando en un imaginario vuelo desde el Atlántico hasta el Pacífico.

20 de mayo de 2005

José Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com

 
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