| Brecha
de Uruguay - Nº 1012 -15 de Abril de 2005
Dos crímenes
aún impunes
Luis
Martirena e Ivette Giménez
En octubre de 2003 Ana y Laura
Martirena Giménez presentaron denuncia penal por la muerte de sus
padres a manos de efectivos policiales el 14 de abril de 1972. Las declaraciones
de los testigos coinciden en señalar que ambos estaban desarmados
y fueron ametrallados sin ofrecer resistencia.
A
fines de 1971, la dirección del movimiento tupamaro valoró
que la casa ubicada en la calle Amazonas 1440 era un lugar relativamente
a salvo de sospechas policiales, y decide construir un “berretín”
(un escondite) sobre el cielo raso del segundo piso. Miembros importantes
del MLN pasan a realizar allí sus reuniones. En el vecindario se
sabía que el dueño de casa, el escribano Luis Martirena,
se desempeñaba también como periodista ocasional del semanario
Marcha, pero nada más. Se trataba de una pareja joven con dos hijas,
de clase media y de izquierda como tantas por aquella época en Malvín.
Sin embargo,
a partir de la detención del entonces dirigente tupamaro Héctor
Amodio Pérez, el 9 de febrero de 1972, y gracias a una lista de
“locales” que llevaba consigo, la Policía toma conocimiento de que
esa casa –y por lo menos dos más– servían al funcionamiento
del MLN. Amodio no advierte a sus compañeros sobre los locales descubiertos
ni siquiera cuando el 12 de abril logra fugarse por segunda vez de la cárcel
de Punta Carretas y todavía se estaba a tiempo de evacuar esos lugares
o suspender las acciones previstas.
La Policía
no actúa de inmediato. Espera, vigila, interviene el teléfono
y fotografía a quienes salen y entran de la casa a la espera del
momento oportuno, que llega el 14 de abril. Ese día rodean y copan
la vivienda, matan al matrimonio, encuentran casualmente el “berretín”
y capturan a Eleuterio Fernández Huidobro y a David Cámpora,
allí escondidos.
Las cosas
comenzaron a la hora 14, cuando los ocupantes de la casa sienten dos potentes
estampidos de armas de fuego, seguidos por una lluvia de disparos de fusiles
M1 y ráfagas de ametralladoras punto 30. Las balas atraviesan el
cielo raso y tres de ellas hieren a Fernández Huidobro, en el pie,
en la pantorrilla y en el cuello. Los policías irrumpen. Cámpora
escucha cuando Martirena, desde la parte superior de la escalera, intenta
detenerlos gritándoles que no tiren, que están desarmados.
Lo barren con una ráfaga de metralleta y lo dejan desangrar. A su
esposa la asesinan de un balazo en la cabeza cuando pretende salir del
garaje con las manos en alto. Cámpora y Fernández Huidobro
son descubiertos, pero salvan sus vidas gracias a que el entonces juez
Daniel Echevarría y un actuario se habían hecho presentes
en el lugar.
La versión
de la Policía es por supuesto diametralmente distinta: dice que
llegaron a la casa de la calle Amazonas tras perseguir a un vehículo
que allí se detuvo. Que los ocupantes del auto se parapetaron tras
un muro a la entrada de la vivienda y de allí dispararon sobre los
agentes, para luego ingresar a la casa. Que la pareja murió tras
el “intenso tiroteo” que se produjo. Una versión muy, muy similar
dio la Policía para explicar cómo habían resultado
muertos, ese mismo día, otros cuatro tupamaros en una vivienda de
la calle Pérez Gomar.
En sus declaraciones
de los primeros días de este mes ante el juez penal de décimo
turno Rolando Vomero, que entiende en la causa abierta por las hijas del
matrimonio asesinado, el ex juez Echevarría manifestó que
nunca se pudo comprobar la existencia en la casa de calle Amazonas de armas
que justificaran la utilización por la Policía de armamento
pesado, incluidas ametralladoras antiaéreas. David Cámpora,
que también declaró como testigo, acusó a su vez al
comisario Víctor Castiglioni de ejecutar a Ivette Giménez,
y al subcomisario Hugo Campos Hermida de haber ametrallado y dejado desangrar
a Martirena. Ambos policías fallecieron recientemente. Señaló
igualmente al coronel retirado Carlos Calcagno, del Batallón Florida,
como uno de los participantes en el operativo.
Según
el abogado Walter de León, representante legal de las hijas del
matrimonio asesinado, miembros de las Fuerzas Conjuntas que participaron
del operativo están dispuestos a declarar. De León recordó
que al tratarse de hechos sucedidos antes del 27 de junio de 1973 no están
cubiertos por la ley de caducidad.
LAS VÍCTIMAS
DEL ESCUADRÓN
• Abel Ayala,
28 años, estudiante de medicina y agente de segunda del Servicio
de Sanidad Policial, secuestrado y desaparecido el 17 de julio de 1971.
• Heber Nieto,
estudiante, militante de la Resistencia Obrero Estudiantil, asesinado el
24 de julio de 1971 por un francotirador armado con un rifle de mira telescópica
mientras participaba en una movilización de la Escuela de la Construcción.
• Manuel Ramos
Filippini, secuestrado el 31 de julio de 1971. Su cadáver es encontrado
entre las rocas de Pocitos junto a volantes firmados por el Comando Caza
Tupamaros (CCT).
• Héctor
Castagnetto, estudiante, secuestrado el 17 de agosto de 1971.
• El 28 de
febrero de 1972 un comunicado oficial informa que “a la altura del Camino
de las Tropas y camino Melilla es encontrado muerto presentando varias
heridas de bala el sedicioso Íbero Gutiérrez González.
Junto al cadáver la Policía encuentra un papel manuscrito
con la inscripción ‘Vos también pediste perdón. Bala
por bala, diente por diente. CCT’”.
Entre los
atentados con bombas protagonizados por los paramilitares se destacan por
su potencia los cometidos contra los domicilios de los abogados Arturo
Dubra, María Esther Gilio, Alejandro Artuccio y Manuel Liberoff.
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