Un territorio
simbólico
que
no está en oferta
Hugo
Cores, PVP-Frente
Amplio - Uruguay
La dictadura
y las violaciones a los derechos humanos transcurridas en esos años
no son un espacio vacante, una tierra de nadie o una mesa de saldos.
Es una herida abierta, una reparación
pendiente, un drama que no ha concluido. Las propias autoridades del Ejército,
que se acaban de comprometer ante el país a realizar una investigación
acerca de la existencia de cementerios clandestinos en unidades militares,
están reconociendo lo que se viene diciendo desde hace años,
que es necesario que la verdad se conozca. Es más: hay una investigación
judicial en curso y se está a la espera de las pesquisas de los
antropólogos forenses.
Por eso no resulta pertinente la
convocatoria que difunden una serie de asociaciones "sociales" de los militares
para realizar, el 18 de mayo, un homenaje al Ejército y a los soldados
caídos durante la década del 70.
Tal como informa La República
en su edición del domingo, la concentración a realizarse
en el aniversario de la Batalla de Las Piedras es impulsada por el Círculo
Militar, el Centro Militar y las unidades simbólicas del Ejército
y la Fuerza Aérea.
Resulta un contrasentido la realización
de un homenaje de carácter institucional, con funcionarios pertenecientes
en la actualidad a los cuerpos armados de la nación, cuando todavía
no se tiene cabal conciencia de los extremos de actuación de esa
institución, de los oficiales que la comandaban y de algunos de
los que en la actualidad la comandan.
Funcionarios, en servicio activo,
que al tiempo que con palas y topadoras buscan restos humanos en sus cuarteles,
convocan públicamente a defender la actuación del Ejército,
sin saber a ciencia cierta cuánto de verdad y cuánto de falsificación
hay en la "historia oficial" de la institución homenajeada.
Desde el punto de vista histórico,
el pasado de las fuerzas armadas uruguayas, fruto de una ocultación
sistemática, de los 60 en adelante es un gran misterio, un signo
de interrogación sobre un área importante de la realidad
nacional. De la realidad pasada y también presente.
Quien calla otorga, se ha dicho con
razón, cuando puede y debe contestar.
Desde 1985 se han publicado trabajos
serios y documentados acerca de la actuación de mandos relevantes
del Ejército. Desde el libro de ese año de Serpaj con Luis
Pérez Aguirre al frente, hasta trabajos más recientes, como
"Vivir en Libertad" o el formidable "Tiempos de dictadura" de Virginia
Martínez publicado recientemente.
Estos trabajos son un aporte serio
al conocimiento del pasado militar. A la vez, en la medida que sustentan
sus afirmaciones en la transcripción de documentos oficiales (del
Ejército o del gobierno) constituyen una forma seria e ineludible
de interpelación.
En términos más elusivos
pero también de condena, el propio Informe de la Comisión
para la Paz, beatificado, canonizado y oficializado por todas las autoridades
civiles y religiosas del país, aporta elementos de condena que no
pueden ser soslayados.
Cuando, en los libros mencionados,
lo que se difunde con rigor científico atañe a la conducta
de los que hoy convocan a homenajes y sentimientos de encendida devoción
a la patria y a la salvación nacional que, según ellos, heroicamente
protagonizaron, nadie tiene el derecho a hacerse el sota.
¿Son verdaderos o son falsos
los reglamentos a los que sometieron a miles de presos en el Penal de Libertad
y que ahora se conocen públicamente?
¿Son verdaderos o falsos los
testimonios que acusan a algunos oficiales por su participación
en el Plan Cóndor, el asesinato de Michelini y Gutiérrez
Ruiz y el secuestro de Gatti, Duarte, Tassino y Liberoff, para nombrar
apenas a algunos de los cientos de desaparecidos cuya situación
sigue sin conocerse?
Si los documentos del Plan Cóndor
o los que regulaban la vida de los presos son verdaderos, los que los redactaron
e impusieron, desde Bordaberry y Gregorio Alvarez para abajo, se parecen
más a los jefes nazis de los campos de concentración europeos
que a los caudillos fundadores del Ejército Nacional en las guerras
por la independencia. Como confusión histórica no la podría
haber peor, ni una mayor impostura.
Pero la gravedad del episodio no
termina ahí.
Una de las entidades que convoca
al homenaje al Ejército es el Centro Militar. La misma está
integrada por ex jerarcas de la fuerza y, a la vez, por oficiales que revistan
en la actualidad en la estructura militar. Oficiales con mando de tropa,
hoy; en carrera por los ascensos, hoy; con las potestades en el uso de
la fuerza que, hoy, les otorgan la Constitución y las Leyes Orgánicas
militares.
Esos oficiales, que tienen vedada
legalmente cualquier actividad política salvo el voto, no debieran
estar autorizados a participar en una demostración antidemocrática
como la de hoy, convocada por los que, en su momento, atentaron en forma
pertinaz y prolongada contra las instituciones democráticas.
Hugo
Cores
cores567@adinet.com.uy
* Publicado
en La República el 18 de mayo de 2005
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