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21 de mayo de 2005
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Brecha de Uruguay - N° 1017 - 20 de Mayo de 2005

El testimonio de Eddy Kaufman

Amnistía en la Enmienda Koch

La enmienda Koch –así llamada así por el representante demócrata de Nueva York Edward Koch, su autor y propulsor– prohibía para el año fiscal 1977, que iba del 1 de julio de 1976 al 30 de junio de 1977, la utilización de fondos federales estadounidenses para brindar asistencia, entrenamiento o crédito militar a Uruguay por su política de violaciones de los derechos humanos.

 
Tuvo el patrocinio del senador Edward Kennedy, quien consiguió con su equipo los votos suficientes para que fuera aprobada. Finalmente, pero no menos importante, el presidente Gerald Ford no la vetó.
Durante las audiencias desarrolladas ante un subcomité de asuntos internacionales de la Cámara de Representantes entre junio y agosto de 1976, en las que comparecieron académicos conocedores de Uruguay como Martín Weinstein y políticos como Wilson Ferreira, el representante de AI Eddy Kaufman realizó una documentada exposición. Uno de los momentos más impactantes de la misma fue cuando mostró dos fotos de torturados enviadas por correo, a Londres, por un militar uruguayo “arrepentido”. “Fueron las dos primeras fotos, y quizás últimas, que Amnistía recibió sobre casos auténticos de tortura. Se trata del caballete y la bandera. Nosotros ignoramos realmente quién las envío. Yo recibí las fotos en un sobre con una carta escrita a máquina, copia de otra enviada al papa. Traté de conseguir el original de la carta llamando a la Oficina de Relaciones Exteriores del Vaticano, y, vía la sección italiana de Amnistía, saber si alguien había recibido el original. Nadie en el Vaticano pudo confirmar que hubieran recibido la carta o las fotos. Por otro lado nosotros pensamos: ‘Quizás es un truco malo del gobierno uruguayo para hacernos caer en el pozo’, y decir: ‘Esto es una falsificación, esas fotos son falsas, Amnistía, toda la campaña es falsa’. Me preocupé mucho de que no cayéramos en la trampa. La carta decía básicamente que para ascender de rango en el Ejército uruguayo tenías que hacer una experiencia de torturador para demostrar tu lealtad a la institución. Su firmante decía que él también había pasado por ahí, pero que en cierto momento no pudo seguir haciéndolo porque le trajeron un amigo del colegio... Eso fue lo que precipitó, según tengo entendido, que escribiera la carta al Vaticano.
Yo pensaba que era una falsificación, porque nunca Amnistía había recibido pruebas de maltrato, tan difíciles de conseguir. Para mí fue muy importante verificar si todo eso era cierto. ¿Y cómo podíamos hacerlo? Resulta que una ONG en Londres, International Catholic, contaba con una persona que viajaba a Uruguay. Le pedí que me hiciera un favor: que fuera a la dirección en que en la carta se decía que había un centro de detención. Él fue, tomó un taxi, pasó ida y vuelta, y pudo ver que allí paraban coches y que de allí salían dos personas empujando a alguien. La persona no se oponía, no gritaba, pero se veía que era arrastrada. Lo más importante es que constató que esa casa tenía una pared de ladrillos (dato fundamental porque en las fotos que recibimos se veía una pared de ladrillos), y la fotografió desde fuera. Nos pareció claro que se trataba de la misma pared que aparecía en las fotos”.
Otro elemento que debió conmover a los participantes en las audiencias fue enterarse de la denuncia del secuestro de Margarita Michelini y su esposo, así como el de Sara Méndez y su hijo Simón, de cuatro semanas de vida, todos ellos en Buenos Aires. El apellido Michelini había resonado tantas veces en ese ámbito. Kaufman aprovechó para recordar pasajes de una carta que le enviara Zelmar Michelini interesándose por participar en las futuras audiencias por la enmienda Koch. “Para lograr los objetivos, que son objetivos de Amnistía sobre derechos humanos, las audiencias de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y la intervención de todo el Congreso son decisivas para los resultados futuros de la situación en Uruguay”, escribía el ex legislador.
 
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