| La
Vanguardia de España - 10 de mayo de 2005
Jan de Vos,
padre espiritual de la revuelta
zapatista de Chiapas
"Fui
a convertir indios
y ellos
me convirtieron"
Tengo 70
años y el corazón entero y entregado, aunque con cuatro 'bypass'.
Nací en Amberes, gris y monótono, y lo cambié por
la luz de América. Fui jesuita y seré siempre enamorado compañero
de Jesús. La revolución y una mujer me sacaron de mis libros
de historia para protagonizarla juntos. La religión maya no es inferior
a la nuestra
Lluís
Amiguet
-Mi familia era
muy católica: mi padre fue diputado democristiano y mi madre rezaba
para ver a alguno de sus nueve hijos en el altar.
Y lo logró:
me hice jesuita.
-¿Dio
usted clases en un colegio?
-Me fui a Colombia
de misionero. Me compré la mejor hamaca del mundo: las hacen en
la cárcel de Mérida, en el Yucatán mexicano. Los presos
me vendieron una enorme hamaca de matrimonio (me di cuenta de eso en la
selva por las risitas de los nativos).
-Se le ilumina
el rostro al recordarlo.
-¡Vi
la luz! De la Bélgica gris y monótona a la selva y el océano
del Chocó. En la estación seca, remontaba los ríos
por la selva hasta los poblados indígenas con dos pares de zapatillas:
un par se secaba sobre mi mochila mientras calzaba el otro. Fui tan feliz
que me negué a volver. Mientras, Gustavo Gutiérrez escribe
su Teología de la liberación en Perú.
-Latinoamérica
hervía de indignación.
-Fui a México
y descubrí el mundo maya. Me enviaron a convertirlos, pero pronto
me di cuenta de que llevábamos 500 años tratando de evangelizar
a los mayas sin éxito: aquello no tenía ningún sentido.
-¿Por
qué?
-Fracasamos
porque nos creíamos superiores a los indios. Yo quise conocerlos
antes de imponerles nada. Practiqué la observación participativa
antropológica con los mayas 30 años y estudié su historia:
escribí diez libros.
-¿Alguna
conclusión?
-Los mayas
acabaron convirtiéndome.
-¿Cómo?
-Me hicieron
pensar. Para profundizar en mi fe, decidí volver a estudiar Teología
a Tübingen. Fui alumno de Ratzinger...
-Que tiene
ahora muchos más alumnos.
-...Hoy Benedicto
XVI...Yde Hans Kung.
-Ha sido
huésped de la contra.
-Ratzinger,
escrupuloso y ordenado, enseñaba un disciplinado neotomismo. En
cambio, Küng, era un play-boy de la teología.
-¿Popular?
-Para nuestro
escándalo venía a darnos clase de teología en un Porsche
rojo. Cuando llegó mayo del 68, Kung aceptaba encantado debate tras
debate, pero Ratzinger se asustó muchísimo del asalto a las
aulas de los estudiantes. Yo decidí volver con mis mayas.
-¿Los
vio con otros ojos?
-Releí
la biblia. Descubrí que su religiosidad era diferente, pero no inferior
a la nuestra. Nuestra religión está basada en la revelación
hecha por profetas y el último es Jesús de Nazaret, hijo
de Dios para los cristianos, quien al fin nos da la revelación completa.
-¿Acaso
no cree que es la única verdadera?
-Antes de Moisés,
todos vivíamos la misma religiosidad de culto a la fertilidad y
a la tierra que viven los mayas: comulgan con la naturaleza, la revelación
eterna y cotidiana.
-Diríase
que eso es idolatría y animismo.
-Todos fuimos
como ellos. Moisés llega a Canaán y destruye esa religión
de la naturaleza. Ahí empieza el divorcio entre las religiones dominantes
y nuestro medio ambiente.
-¿Por
qué?
-Moisés
y su gente no son agricultores, sino nómadas, y su Yahvé
es un dios tribal. Guía sólo a su pueblo en la batalla para
dominar a las demás tribus, porque les ha ordenado: "Repoblad la
tierra y sometedla"
-No parece
un lema de Greenpeace.
-En cambio,
los mayas se resisten a 500 años de evangelización, porque
consideran a la tierra su madre. Cada vez que siembran, le piden perdón:
"Perdónanos, madre, debemos abrirte para poder comer". Tampoco entienden
que nadie pueda comprar o vender la tierra sin traicionar a su alma. ¿Acaso
puede alguien comprar o vender a su madre?
-No me haga
decir nombres...
-Yo me niego
a considerar superior mi religiosidad a la maya: ¡aprendamos de ellos!
He visto, impotente, cómo destruíamos la selva para someterla
y explotarla.
-Usted es
un relativista moral: condenado.
-Soy lo que
he vivido.
-¿Y
aún es usted cristiano?
-Ya no soy
jesuita, pero sí "compañero de Jesús". Creo en Jesús
sin intermediarios y lo veo a nuestro lado cada día: Jesús
era un inadaptado, un paria que iba contra la religión establecida.
Los poderosos y los sacerdotes le condenaron a muerte, pero Jesús
vive hoy en la lucha de los que sufren: los desposeídos, los bienaventurados
que heredarán la madre tierra porque la aman y morirán por
ella.
-Y acabó
usted siendo zapatista.
-Por amor a
los indígenas... y a una mujer.
-¿Muy
joven, verdad? ¡Qué peligro!
-Era la hija
del fundador del Fondo de Cultura Económica: una intelectual comprometida
y mujer revolucionaria las 24 horas.
-No sé
si sería mi pareja ideal.
-¡Buf!
¡No era fácil convivir con ella! Pero le agradezco a ella
y a la revolución dos cosas: haberme sacado del pasado y haberme
arrancado del despacho. Dejé de escribir la historia yo solo para
protagonizarla con ella.
-¿Cómo?
-La mayoría
de los zapatistas habían sido catequizados por mí o mis compañeros...
-Ustedes
los jesuitas eran un peligro.
-...Así
que el comandante David me cogió la mano y me recordó con
dulzura que había sido mi alumno. Me pidió que escribiera
la historia de los mayas, "porque nuestra historia es el fundamento de
nuestra dignidad".
-Un bello
encargo.
-Busqué
mecenas y lo edité con lujo en cuatro lenguas mayas y español.
Les vendimos 10.000: cada uno al precio de una cerveza. Hoy le llaman "el
libro negro" por el color de sus tapas y lo leen con orgullo. La revolución
sigue ahora en los municipios: sin cámaras, pero más cercana
que nunca al pueblo.
| Partículas
¡Qué peliculón
de vida! ¡Y qué carisma para contarla! Camino con el joven
jesuita por la selva del Chocó, me encuentro con los mayas y participo
en sus ritos de amor a la madre tierra; me enamoro con él de una
mujer en la revolución y sufro con Jesús castigado con Arrupe
y Jesús mártir con monseñor Romero y el padre Ellacuría.
De Vos y el indio Haji cautivan al auditorio de la Fundació La Caixa.
Haji explica que su cabeza es la montaña de su sierra, nevada por
las canas de la que desciende el agua que es la sangre de sus venas regando
las raíces minerales de sus pies hasta la punta vegetal de sus dedos
por toda la eternidad. El otro día, un premio Nobel de Física
me explicaba nuestra unicidad con el cosmos de idéntico modo, pero
demostrado por el acelerador de partículas |
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