Gennaro Carotenuto - rodelu.net
22 de mayode 2005
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Conflicto Italia-Estados Unidos

El verdadero “Estado canalla”

El caso de Nicola Calipari, el 007 italiano asesinado en Bagdad el 4 de marzo, provocó un quiebre en las relaciones ítaloestadounidenses. El gobierno italiano rechazó el informe estadounidense y publicó otro donde hay acuerdo en un solo punto: tergiversar sobre la posibilidad de que fuera una emboscada deliberada.

Gennaro Carotenuto desde Roma
El pasado 4 de marzo Nicola Calipari fue asesinado a pocos metros del aeropuerto de Bagdad por una patrulla estadounidense. Era el número dos de los servicios secretos italianos y veinte minutos antes había liberado a la periodista Giuliana Sgrena, probablemente pagando un rescate de 8 o 10 millones de dólares.
La instalación de una comisión investigadora bilateral ítaloestadounidense permitía esperar que por primera vez el Pentágono aceptara una justicia independiente sobre crímenes cometidos por soldados estadounidenses. No ha sido así. La comisión bilateral obtenida por el gobierno de Silvio Berlusconi apenas admitió a un diplomático y a un militar italianos como observadores sin derecho de voz. Los estadounidenses trabajaron en la construcción de una realidad ficticia que absolviera a sus tropas y culpara al aliado italiano. Éste no tuvo otra alternativa que rechazar el informe estadounidense y presentar un contrainforme que desmonta punto por punto las tesis de Washington. Sin embargo nadie cuestionó al hecho como un accidente o una mala maniobra, y sólo la periodista Giuliana Sgrena, del diario Il Manifesto, sigue argumentando la tesis de una emboscada. Los estadounidenses no perdonan a los italianos el haber tratado con la guerrilla para liberar a sus rehenes.

EL ESTRÉS MATA

De las 64 páginas del informe estadounidense, más de la mitad estaban inicialmente tachadas. Sin embargo por un increíble error –o por un cálculo difícil de descifrar– la versión digital publicada en la página web del Pentágono pudo ser fácilmente violada. Fue así que se develaron informaciones, entre ellas el nombre del soldado al cual el Pentágono atribuye haber disparado contra el auto, Mario Lozano, procedente del barrio más marginal del estado de Nueva York; un culpable de película. Asombra el fallo clamoroso en la seguridad del Pentágono, que ha permitido saber que entre el 1 de noviembre y el 12 de marzo, sólo en el área de Bagdad, la guerrilla realizó al menos 3.306 acciones –unas 25 por día–, 2.400 de las cuales estaban dirigidas contra las fuerzas ocupantes. Una verdad que desmiente el agotamiento de la guerrilla sostenido por el gobierno de George W Bush y que, en palabras de la comisión estadounidense, justifica cualquier reacción por soldados amenazados en su seguridad personal en un escenario de guerra.
Para el informe estadounidense los satélites espías demuestran que el auto iba a 96 quilómetros por hora. Una precisión científica no respaldada con pruebas. Sorpresivamente –para los italianos– el informe se construye con pruebas satelitales no exhibidas, y mantenidas en secreto incluso al máximo nivel de las relaciones bilaterales.
Para Estados Unidos el check point estaba señalizado, para los italianos no. Para los italianos fueron simultáneas la señal de alto de la patrulla y las decenas de balas disparadas por distintas armas; para los estadounidenses fueron lanzadas advertencias durante varios segundos y el único que baleó el auto fue Lozano. Aun más: los italianos insisten en que avisaron a los aliados. Éstos, culpando al mismo Calipari, sostienen que no es cierto. Sin embargo, en las partes tachadas del informe se lee que hubo cortes en las comunicaciones en aquellos momentos. El informe italiano, profundamente suavizado para no elevar demasiado el conflicto –y que sin embargo es un acto de acusación durísimo contra la falta de profesionalidad del ejército estadounidense–, concluye de la manera más decepcionante: nadie duda de que fue un accidente, Lozano mató Calipari por excesivo estrés.
El caso Calipari es un símbolo. El agente del servicio secreto italiano actuó teniendo en cuenta la Carta de las Naciones Unidas que obliga a los beligerantes a respetar a la población civil desarmada por encima de las vidas de las tropas empleadas en un conflicto. Estados Unidos rompe de esta manera con la comunidad internacional, comportándose como un “Estado canalla”. Las reglas de combate adoptadas por el ejército estadounidense admiten e incitan a los soldados de ese país a abrir fuego a discreción contra todo lo que evalúan como amenaza. Así han asesinado en las calles de Irak a cientos y cientos de civiles indefensos, cosa que está demostrada que no hacen los ejércitos británico, holandés, polaco o italiano que responden a reglas y culturas distintas. La segunda razón es que Estados Unidos –junto a unos pocos “estados canallas”– no admite bajo ningún concepto que sus ciudadanos sean juzgados por tribunales independientes. Cualquier principio jurídico moderno se basa en la igualdad frente a la ley y frente a tribunales universalmente reconocidos. No importa si el soldado Lozano es culpable o inocente, si fue él o fue otro, como no importa si mató por impericia o estrés o por orden de John Negroponte, el príncipe de la guerra sucia. Lo único importante es que no será juzgado por nadie. Así Estados Unidos se convierte en culpable de la destrucción de las relaciones jurídicas internacionales.

Publicado en Brecha N° 1015 el 9 de Mayo de 2005

Gennaro Carotenuto
Columnista del semanario Brecha de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
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