| Brecha
de Uruguay - Nº 1017 -20 de mayo
de 2005
Polémico,
frontal y crítico
Semblanza
del periodista
Fabián
Kovacic
Periodista
gráfico, radial, televisivo; escritor, director de cine y hasta
modelo. Como las biografías de las enciclopedias que escupen títulos
y honores de los personajes organizados alfabéticamente, Jorge Lanata
es además un provocador. Showman, canchero, petulante y autorreferencial
en su trabajo, tiene seguidores y detractores en partes iguales.
Marplatense,
cumplirá 45 años el 12 de setiembre, es hijo de un odontólogo
y una ama de casa. Se inició precozmente en el periodismo a los
14 de años cuando pasó frente a Radio Nacional y entró
a pedir trabajo. Lo destinaron al noticiero donde escribía las noticias,
hasta que en 1982, reemplazando a un musicalizador, puso al aire una canción
de Mercedes Sosa que mencionaba la palabra pobre y fue censurado. “Me fui
porque me pareció estúpida la actitud del director”, reconoce.
En aquel 1974 también había ganado el segundo Premio Municipal
de Ensayo en la ciudad de Buenos Aires por su trabajo “El tema social en
el cine argentino”, y escribía también en Clarín Revista
y Siete Días.
Fuera ya de
Radio Nacional, en 1982 pergeñó el proyecto de un tren de
intercambio cultural, con el cual viajó por todo el país,
financiado por la OEA. En ese mismo año y en vísperas de
las elecciones nacionales ingresó en Radio Belgrano y se incorporó
más tarde al programa Sin anestesia, conducido por Eduardo Aliverti,
donde comenzó a nuclearse parte del equipo futuro de Página
12. Su nombre empezó a popularizarse a partir de sus notas en las
revistas Humor, El Periodista y El Porteño. En 1985 formó
la cooperativa de periodistas que adquirió finalmente a El Porteño
y lo nombró jefe de redacción. Allí, junto a Ernesto
Tiffenberg, esbozaron los primeros borradores de Página 12, y en
1987 se lanzaron a la aventura en un departamento de dos ambientes en el
centro porteño. Fundador y director del diario hasta 1994, Lanata
ya era un referente del periodismo posdictadura. En el diario conoció
a su esposa, Andrea Rodríguez, con quien tiene en común a
Bárbara, su hija de 14 años.
El nuevo periodismo
fue su primer libro como compilador de los nuevos autores, en 1987. La
investigación periodística La guerra de las piedras recoge
testimonios sobre la Intifada palestina y fue escrita en 1988. En 1990
volvió a la radio con su creación Hora 25 en fm Rock and
Pop, un ciclo de entrevistas en tono íntimo con personajes de variopinto
pelaje que salía al aire a medianoche. También entonces publicó
su novela Historia de Teller (1990) y sus cuentos reunidos en Polaroids
(1991).
El diario
cambió la forma de comunicar la información y adoptó
formatos novedosos, ácidos y mordaces, para denunciar la corrupción
menemista. Pero en 1994 estalló el primer conflicto entre Página
12 y sus creadores, a raíz de la operación de venta al grupo
Clarín. Se resquebrajó el núcleo fundador y Lanata
se alejó para empezar a competir en el espacio matutino de las radios
AM con Rompecabezas y lanzar su aventura televisiva, Día D, los
domingos en el Canal 2. Se llevó así buena parte del equipo
periodístico de Página 12 y en 1998 volvió a su amor
gráfico con la creación de la revista Veintiuno, que pretendía
ser el anverso de Página 12. La publicación se convirtió
en Veintidós en 1999, y Veintitrés en 2000, cuando la vendió
a otro grupo, y se alejó definitivamente en 2002.
Envuelto siempre
en polémicas, por su frontalidad y desparpajo, Lanata decidió
contestar agravios y provocaciones con otra provocación. “No pienso
desmentir ninguno de los rumores que las cloacas periodísticas lancen
sobre mi trabajo y mi vida. Si dicen que soy puto y falopero, está
bien, lo soy”, contestó cuando el sindicalista menemista Luis Barrionuevo
utilizó ese insulto con el que sus seguidores pintaron las paredes
cercanas al canal donde laboraba el periodista. Pero los rumores se hicieron
fuertes sobre el único costado flaco de Lanata: sus finanzas. Algunos
lo vincularon con su peor enemigo Carlos Menem, quien a través de
Alberto Kohan, su principal espada, lo habría salvado de la bancarrota.
“Sí, está bien, no voy a desmentir nada”, volvió a
cruzar a sus acusadores.
Argentinos,
I y II, es su obra más vendida. Escrita en 1999 y 2000, indaga los
orígenes de la desgracia argentina en los bajos fondos de la historia.
En 2004 fue más a fondo y convirtió la historia en una cuestión
genética. Su libro ADN volvió, como el tango, sobre los males
del país y vendió más de cien mil ejemplares.
Se reconoce
adicto al trabajo y desordenado en su vida privada. “El estrés y
el cigarrillo no me ayudan”, dijo al reconocer que su gordura era fruto
de esos desórdenes. Dejó la televisión en 2003 por
diferencias con América tv y se peleó con sus periodistas
estrella, Marcelo Zlotogwiazda y Ernesto Tenenbaum, por problemas de cartel
en la pantalla. Sin pelos en la lengua se considera censurado por el establishment
televisivo y cree que el actual gobierno no entiende la libertad de prensa.
“El poder impidió mi vuelta a Telefé en 2004”, asegura por
su fracasado intento de retornar a la televisión.
Durante el
escándalo sobre la censura al periodista Julio Nudler en Página
12, en agosto de 2004, se enfrentó con Horacio Verbitsky, antiguo
compañero de redacción, y decidió retirarse –junto
a otros colegas– de la Asociación de Periodistas, una organización
donde se nucleaban las figuras rutilantes del periodismo local. A fines
de 2003 apareció fotografiado con un disfraz y su infaltable cigarrillo
entre los dedos como modelo del almanaque que desde 1998 lanza la fotógrafa
Gaby Herbstein para la Fundación Huésped de lucha contra
el SIDA. En 2004 presentó su ópera prima en cine, el documental
Deuda, que precisamente aborda la cuestión de la deuda externa argentina,
el hambre y la opulencia de los centros de poder, en un estilo similar
a su admirado Michael Moore. La crítica consideró al intento
un fracaso, porque en realidad la cámara gira en torno de la figura
de Lanata y no del tema que anuncia en el título.
Hace dos meses
volvió a la radio en Del Plata, de la mano del empresario Marcelo
Tinelli y su socio Daniel Hadad, que además regentean un pool de
medios donde se cobijan algunas piezas del viejo menemismo.
El mismo día
que era censurado en Uruguay, se enteró en Buenos Aires del fallo
que lo absolvía en una querella del empresario Jorge Fontevecchia,
dueño del grupo Perfil, quien lo acusaba de haber plagiado el formato
de la revista Noticias para engendrar Veintitrés. “Es lo último
que me faltaba escuchar”, dijo.
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