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25 de mayo de 2005
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La República de Uruguay - 22 de mayo de 2005

Lanata, los saltimbanquis y Gardel

Julio César Martínez
Uno de los hechos más relevantes, comentados y difundidos en estos últimos días, ha sido la decisión de Teledoce de levantar su programa al periodista argentino Jorge Lanata, en una clara, alevosa y vergonzante demostración de autoritarismo empresarial y de violación flagrante a los elementales principios de un estado republicano y democrático, de libertad de expresión, opinión y comunicación. 

Como orientales y como periodistas en este país, nos sentimos profundamente ofendidos, agredidos y avasallados por la impunidad con que se han movido tantos intereses espurios y bastardos para determinar y confirmar lo que muchos sospechábamos: que en este país existe una casta de "intocables", ante los cuales hay quienes optan por ser genuflexos, dóciles y alcahuetes, para sobrevivir en algunos medios de comunicación. Quienes no aceptan esas "reglas de juego" deben buscar tribunas alternativas, fuera de los grandes monopolios criollos de la información. Porque estos grandes monopolios están subordinados al poder de aquella casta que mueve los hilos entre bambalinas, para que las marionetas bailen a su antojo. 

Como orientales y como periodistas de este país, nos sentimos también en la obligación de manifestar al colega Jorge Lanata nuestra mayor solidaridad y hasta si se quiere, ofrecerle algún tipo de disculpas por lo que, quizás muy indirectamente, pudiera ser nuestra responsabilidad, aunque solo sea por una coincidencia de nacionalidad con la empresa infractora.

Dicho este preámbulo, y dejando en claro nuestra posición respecto a la manifiesta solidaridad con el colega Lanata, no podemos sin embargo omitir anotar dos o tres cosas que vienen al caso. Primero, que entendemos lógico que los distintos medios de comunicación, informativos radiales, noticieros televisivos, prensa escrita, etcétera, le dieran al asunto la difusión que el mismo merecía, generando en la opinión pública una clara tendencia de apoyo al periodista destituido. Lo que no podemos entender, es por qué sucede tal cosa con Jorge Lanata y no con las decenas de periodistas uruguayos, "Juan Pérez" de entre casa, seguramente no tan promocionados ni "marquetineros" como quien fuera afectado en este caso, que casi todos los días son destituidos, o censurados de alguna forma en otros medios de comunicación nacionales, e incluso en el mismo Teledoce donde aconteció ahora este hecho.

No podemos entender por qué el colectivo popular, la comunidad en sí, acicateada por la reiteración de la imagen, la voz o la tinta, se rasga las vestiduras por Lanata y no por los cientos de colegas desocupados, destituidos, censurados, vapuleados, degradados y condenados al hambre muchos de ellos, a la disolución familiar, y a una especie de submarginación entre la incomprensión y el olvido. Segundo, hay otro asunto que no podemos ni debemos callar, al menos para quedar en paz con nuestra conciencia. Creemos que el colega Jorge Lanata no debió decir que en el Uruguay no se puede hacer periodismo en serio y que por eso se iba, porque al decirlo nos encasilló a todos los que somos periodistas y ejercemos el periodismo en este país, en una especie de saltimbanquis o payasos, cómicos o, lo que es más grave, hombres y mujeres que hacemos un periodismo "no serio" en un país donde "lo serio" es imposible.

Al decir tal cosa, el colega Jorge Lanata pareció involucrarnos a todos los que hacemos periodismo en este país, en una especie de farándula intrascendente, superficial, amanerada, "amaestrada" por los dueños de la impunidad. Lo triste, lo lamentable, lo grave de todo esto, es que hemos llegado a pensar que el colega Jorge Lanata se creyó aquello de que era necesario que llegara él a este país para que alguien comenzara a denunciar lo sucio, lo feo, lo corrupto, lo trágico. Y más grave aún es que pareciera que se fue pensando que ahora que él no va a estar en este país, como no se puede "hacer periodismo en serio en él", no habrá quien investigue, denuncie, saque a luz la corrupción y derrumbe la impunidad de los intocables.

Sinceramente, ¿qué quiere que le diga? Gardel, cantaba tangos; no era periodista. Pero por si acaso lo hubiese sido, hay otra cosa: Gardel era uruguayo.

 
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