El Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU. y el Departamento de
Seguridad Interior han empezado un seguimiento minucioso al caso de Luis
Posada Carriles, el exiliado cubano asociado a numerosos actos de
violencia política que anunció su ingreso clandestino al país y su
solicitud de asilo.
El dilema para la administración de EE.UU. es mayúsculo: Posada
Carriles, como lo dijo recientemente el congresista William Delahunt en
una carta al Departamento de Seguridad Interior, es "un cubano
anticastrista y no un árabe o un musulmán", lo que, en caso de atenderse
la solicitud de asilo, dará a los adversarios de George W. Bush argumentos
para acusar a su gestión de "hipocresía" en la lucha contra el terror.
Al mismo tiempo, Posada arguye que ha servido a EE.UU. a lo largo de
mucho tiempo como hombre de la CIA y tiene el respaldo soterrado de un
sector influyente del exilio en Florida, un estado en el que los
republicanos preferirían evitar confrontaciones con una comunidad
favorable a ellos.
Posada Carriles supone, en términos del exilio, un regreso a los años
60, época de gran actividad militar en Miami, en la que se organizaban
operaciones "comando" y constantes infiltraciones en Cuba. En Miami tenían
su base grupos armados como los Comandos L. También en otras partes había
actividad militar, bajo el mando de la organización terrorista Omega 7. A
raíz de sucesivos fracasos político-militares, de la consolidación de
Castro y del fin de la política de "vista gorda" de las instituciones
oficiales de EE.UU., estas actividades disminuyeron en los 70. EE.UU., que
los había dejado actuar, empezó a presionarlos.
Fue entonces cuando un puñado de exiliados decidieron cambiar los
métodos y utilizar los canales del sistema político estadounidense para
trabajar por la vía legal contra el régimen cubano. Así nació, en los 80,
la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), dirigida por Jorge Mas
Canosa -fallecido en 1998- que ha logrado una influencia enorme en la
política exterior de EE.UU.
Posada representa la otra vertiente: el pequeño reducto de violentos
que se mantuvo en la misma vía desde los años 60, con contactos
esporádicos con la cara civil y política del exilio. Desde entonces ha
actuado sin relación orgánica con este sector. Pero por la vieja raíz
común que tienen muchos activistas del exilio, aun cuando son numerosos
los actos de violencia que se atribuyen a Posada y Orlando Bosch (el otro
violentista importante de los 60 y 70), los grupos principales de exilio
no actúan contra ellos y los dejan actuar.
"Ramón Medina"
Los documentos de la CIA y el FBI indican que Posada fue reclutado como
agente en los 60, que siguió actuando como tal hasta inicios de los 70 y
que mantuvo contactos al menos informales hasta 1976. Ese mismo año se
produce la voladura del avión de Cubana de Aviación cerca de Barbados, con
un saldo de 73 muertos. Un informe del FBI emitido un día después del
ataque dice que una fuente "admitió prácticamente que Posada y Bosch
habían orquestado la explosión del avión".
Posada había sido agente de la policía política venezolana. Se
sospechaba que había llevado explosivos a Venezuela y que tenía vínculos
con un mafioso de Miami. Otro informe habla de la presencia del sospechoso
en reuniones ocurridas en Santo Domingo en las que se planeó ese ataque y
otros actos terroristas, incluido el atentado contra el ex canciller
chileno Orlando Letelier. Posada acabó preso en Venezuela, hasta su fuga
en 1985, cuando su vida dio un nuevo giro novelesco. Por mediación de
Félix Rodríguez, ex agente de la CIA que colaboró con la captura del Che
Guevara en Bolivia, Posada se instaló en El Salvador, desde donde se
suministraba apoyo logístico a la "contra" nicaragüense, con respaldo de
un importante aparato político de EE.UU. En esta operación usó el nombre
de "Ramón Medina".
En los 90 su nombre volvió a figurar en conexión con una serie de
ataques contra las costas cubanas. El atentado del 4 de septiembre contra
el Hotel Copacabana acabó con la vida de un turista italiano. En 1998, una
corte federal absolvió a Posada del cargo de intento de homicidio, luego
de haber sido acusado de planear un atentado contra Castro.
En 2000 fue arrestado en Panamá junto con tres exiliados vinculados a
Omega 7, por planear el asesinato de Castro con ocasión de la Cumbre
Iberoamericana. En 2004, la entonces Presidenta panameña Mireya Moscoso
les concedió a todos una amnistía. Y ahora aparece, en EE.UU., reclamando
que Washington le pague los servicios prestados concediéndole asilo.
Vía armada
En una entrevista a The New York Times de 1998, Posada negó su
participación en la voladura del avión. Admitió su vinculación con las
bombas que estallaron en Cuba en septiembre de 1997, defendió la vía
armada como opción legítima contra Castro y dijo, con respecto a la muerte
del italiano, que se trató de un accidente. También aseguró que había
tenido vínculos con la FNCA, de la que dijo haber recibido apoyo
económico. Después se retractó de esto último.
No cabe duda de que algunos de los hombres importantes de la Fundación
habían tenido relaciones con los partidarios de la lucha armada. Pero
desde 1980 tanto Mas Canosa como el resto de líderes de la FNCA hizo del
lobby político y la vía civil su instrumento de lucha con el
objetivo de volver "aceptable" para un sector de la sociedad de EE.UU. a
una comunidad asociada a la violencia.
Así, se han desarrollado dos vías de acción contra Castro. El nombre de
Posada mantiene en un sector grande exiliados un cierto "prestigio"
político que lleva a los grupos civiles a tolerarlos. Después de todo, es
el enemigo de Castro y Hugo Chávez, y entregarlo, a sus 77 años, sería,
para estos grupos, una forma de derrota.