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Agencia Latinoamericana de Información - 25 de mayo de 2005
Bolivia:
Trópico de Capricornio
Antonio
Peredo Leigue
Miles de
hombres y mujeres, arribando desde varios puntos y recorriendo la ciudad
de La Paz, se concentraban en la plaza San Francisco, este lunes 23 de
mayo, ratificando su voluntad de lograr una Ley de Hidrocarburos que satisfaga
las expectativas populares y la pronta convocatoria a la Asamblea Constituyente.
Era la culminación de una marcha que, una semana antes, iniciaron
integrantes de organizaciones sociales y del Movimiento al Socialismo (MAS)
en Caracollo, a más de doscientos kilómetros de esta ciudad.
A esa marcha, se unían grandes
grupos que se incorporaron a lo largo de la carretera, se adhirieron en
El Alto y llegaron desde Yungas. También participaban organizaciones
sociales de La Paz. El cabildo colmó la Plaza San Francisco. Los
cabildantes emplazaron al Congreso Nacional para que convoque de inmediato
a la Asamblea Constituyente y aprobara las modificaciones a la Ley de Hidrocarburos.
La geografía convulsionada
Toda la extensión de Bolivia
se halla por sobre la línea del Trópico de Capricornio; debía
ser un país totalmente tropical. De hecho, gran parte de su territorio
forma parte de esa inmensa meseta que riegan el Amazonas y sus caudalosos
afluentes. Pero, una buena parte de su población se concentra en
las partes occidental y central, que tiene una geografía escarpada
y climas que van de templado a frío.
Aunque Bolivia es conocida como “país
andino de ciudades colgadas de la montaña y rodeadas de nieves eternas”,
lo cierto es que la ciudad Santa Cruz, que actualmente ostenta el primer
lugar de concentración urbana, se halla a menos de 500 metros de
altura sobre el nivel del mar, su temperatura promedio anual se acerca
a los 30° centígrados y goza de una abundante vegetación
tropical. Por supuesto, sus habitantes son campechanos en sus costumbres
y fogosos en sus definiciones.
La otra ciudad densamente poblada
es La Paz, sede del gobierno nacional, enclavada a 3.600 m.s.n.m. Sus límites
urbanos se confunden con los de la ciudad de El Alto a 4.000 m.s.n.m.,
que rodea el aeropuerto internacional de La Paz y es atravesada por la
carretera que une la sede gubernamental con el resto del país. Hay
una íntima rivalidad entre ellas, por el carácter reservado
de sus habitantes –más notorio en El Alto- y de una compartida persistencia
en sus resoluciones.
Los temas económicos y políticos
que delinean el acontecer de los últimos 20 meses, se desarrollan
en estos escenarios.
Las tensiones aumentan
Así, mientras en El Alto se
mantenía un paro cívico indefinido y la ciudad de La Paz
se paralizaba por las marchas y concentraciones de varios sectores, el
Comité Cívico pro Santa Cruz lograba reunir a sus similares
de Tarija, Beni y Pando, tratando de reeditar lo que, hace un año,
se llamó “la media luna”, en un intento gráfico por aislar
a los distritos del valle y el altiplano, donde se concentra el grueso
de la población nacional.
Los comiteístas se proponían
–este martes 24- lograr que su autoconvocatoria tenga el refrendo de sus
pares interesados en el aislamiento de los distritos centro-occidentales.
Mientras tanto, en La Paz y El Alto se demandaba, ya no la modificación
de ciertos artículos de la ley de hidrocarburos, sino la nacionalización
de estos recursos y la expulsión de las trasnacionales, además
del cierre del Parlamento y la renuncia del presidente Mesa. En este caso,
parecían encontrarse los extremos. De un lado se busca la división
del país con el sólo objetivo de imponer un referéndum
que implante la autonomía de los departamentos antes que la Asamblea
Constituyente señale el carácter que debe tener ésta.
Del otro, se pretende la disolución de los poderes del Estado con
la idea confusa de que, una Asamblea Constituyente, hará surgir
un nuevo país de estas cenizas. Que esta actitud destructiva es
consciente o no, es materia de innumerables debates en los medios de comunicación,
los círculos políticos y cuanta tertulia se produce.
Las tensiones se agudizan porque,
en concierto con tales actitudes, el gobierno no toma decisiones y el parlamento
cumple un receso, a cuenta de muchas razones, pero esencialmente porque
no halla acuerdos en su interior y teme volver a mostrar las duras fricciones
que ocurrieron la semana anterior.
Propuestas desoídas
Cuando el Movimiento al Socialismo
(MAS) presentó su propuesta para una Ley de Hidrocarburos, la diseñó
sobre la base de establecer la recuperación de la propiedad de este
recurso, la refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales
Bolivianos (Y.P.F.B), el reconocimiento del derecho de los pueblos originarios
a preservar el medio ambiente y un beneficio adecuado para el país
mediante la fijación de una regalía consistente en el 50%
de la producción.
El largo debate que se generó
en el Congreso Nacional incluyó esa propuesta, junto a las de otros
partidos políticos, pero esencialmente se hizo sobre el proyecto
presentado por el gobierno. El texto que se elaboró en la Comisión
de Desarrollo Económico fue resultado del intercambio de opiniones
de las distintas bancadas, pero principalmente con los personeros del ejecutivo.
La ley que finalmente fue promulgada
por el presidente del Congreso, dado que el presidente de la república
decidió no hacerlo, fue un documento que tenía tanto de una
como de otra propuesta, aunque se haya difundido la imagen de que se trata
de “la ley del MAS”. De hecho, el elemento central –la definición
de los beneficios- dista mucho del planteamiento hecho por este movimiento.
Pero además, en la revisión
hecha por el Senado, antes de su aprobación, se recortó atribuciones
al gobierno para fijar precios a los hidrocarburos y facultades a Y.P.F.B
para operar por sí sola. Con estos elementos claramente definidos,
la ley pudo haber satisfecho las mínimas exigencias populares. No
fue así y el hecho desató una serie de exigencias largamente
retenidas por los diversos sectores, esperando que la nueva Ley de Hidrocarburos
abriese el camino de solución para sus problemas.
Todo parece indicar que, si en principio
se hubiese aceptado la proposición del MAS –50% de regalías-,
no se habría producido la reacción que hoy vivimos. La derecha,
rearticulada tras los comités cívicos, no habría tenido
ocasión de hacer sus planteamientos de confrontación ni los
sectores radicalizados habrían podido reflotar sus demandas que
fueron descartadas con los resultados del referéndum energético,
en julio de 2004.
Sumas que dividen
Los conflictos están aumentando
cada día. Mientras los marchistas organizados por el MAS demandan
la complementación de la ley de hidrocarburos y la inmediata convocatoria
a Asamblea Constituyente, los vecinos de El Alto proclaman nacionalización
del recurso, cierre del parlamento y renuncia del presidente. A esto se
agrega la no menos agresiva decisión de los comités cívicos
de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando de autoconvocarse a referéndum
autonómico, exigiendo que el congreso ratifique esa demanda.
A la vez, los maestros están
en huelga general demandando aumento salarial, lo mismo que los trabajadores
en salud. Los trabajadores de AASANA, que atiende los aeropuertos del país,
anunciaron que pararán en cualquier momento. Los médicos
están en apronte para declararse en huelga por sus propias reivindicaciones.
Por supuesto, todos ellos, levantan la bandera de la demanda por los hidrocarburos
en diversa intensidad.
Sumando conflictos, la situación
ha alcanzado el grado de ebullición. La mañana de este miércoles
25, un par de oficiales del ejército lanzó una declaración
propiciando la entrega del gobierno a una junta cívico-militar.
La reacción de los sectores movilizados fue de rechazo unánime;
el alto mando militar se vio obligado a convocar a una conferencia de prensa,
en la que ratificaron su sometimiento a la constitución y la defensa
de la democracia. No obstante, el peligro de una salida golpista ha quedado
flotando en el ambiente.
Se baraja otra alternativa, como
la sucesión constitucional, que recaería en el actual presidente
del congreso, el senador Hormando Vaca Díez, quien no despierta
simpatías en ningún sector. Dirigente del MIR que encabeza
el ex presidente Jaime Paz Zamora, es oriundo de Santa Cruz y la opinión
pública destaca su ligazón con los sectores oligárquicos
de aquella región. Se afirma que, tal sucesión, no sería
otra cosa que un golpe de Estado revestido de formalidad constitucional.
La posibilidad de una elección
anticipada es sustentada por algunos grupos. En general, los partidos tradicionales,
duramente castigados al producirse la caída del entonces presidente
Gonzalo Sánchez de Lozada, entienden que no tendrían opción
en una confrontación de ese carácter. Empero, estiman que
el ex presidente Jorge “Tuto” Quiroga sería una carta de triunfo,
aunque la verdad es que no está presente en el país, lo cual
le quita muchos puntos.
La peor alternativa, por supuesto,
sería el enfrentamiento de dos bloques regionales, con el peligro
de una guerra civil. La persistencia de los comités cívicos
de Santa Cruz y Tarija, apoyados por algún otro, podría derivar
en esa situación que sólo podría ser conjurada con
un gran esfuerzo al que debieran contribuir los países de la región.
Desbordes de la situación
No parece que tal situación
pueda contenerse indefinidamente en los límites del país.
Sus repercusiones están alcanzado a los vecinos. Muy preocupados,
los gobiernos de Brasil y Argentina, han enviado altos funcionarios, que
quieren contribuir a una solución que despeje la recargada atmósfera
política. Mientras tanto, intereses de otros países, a buen
seguro, tienen enviados que están trabajando para situarse adecuadamente
en cualquier salida que se produzca en los próximos días.
Pero, por otra parte, no hay razón
para esperar que las soluciones vengan de fuera. La salida pasa, en forma
inequívoca, por la unidad de los sectores populares. Eso permitirá
definir claramente los objetivos de esta parte mayoritaria de la sociedad
y, al mismo tiempo, parar las pretensiones de los grupos oligárquicos
que buscan provocar el caos, como caldo de cultivo de sus mezquinas pretensiones.
P.D.: terminé esta nota el
miércoles 25 de mayo a las 3 de la tarde, hora local.
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