| Masiosare/La
Jornada de México - 8 de mayo de 2005
El movimiento indígena
ecuatoriano en su laberinto
Del error
histórico
a las
"culpas" de los mestizos
Arturo
Cano / Quito
Ausente de las protestas que propiciaron
la caída del presidente Lucio Gutiérrez, el movimiento indígena
del Ecuador se debate en una profunda crisis derivada de su apoyo electoral
al ex coronel, a la que se añaden los daños que la "guerra
de exterminio" del extinto régimen emprendió en su contra,
y la batalla interna que incluye el surgimiento de una corriente que demanda
expulsar a los mestizos de Pachakutik, su brazo electoral
El tsunami
clasemediero acaba de
echar, con la bendición de los militares, al hombre que
llevaron al poder. El ex coronel Lucio Gutiérrez aún está refugiado en la
embajada del Brasil, las calles todavía gritan "que se vayan todos" y la
sede del Congreso aún es vigilada por decenas de policías. Pero Salvador
Quishpe, diputado indígena, se niega a reconocer al nuevo sujeto político
que inundó esta ciudad y torea las preguntas sobre la ausencia del
movimiento indígena en las protestas. Con la wipala la bandera
arcoiris emblema de los indios a sus espaldas, el diputado Quishpe no
mueve un músculo cuando dice: "La Conaie (Confederación de Nacionalidades
Indígenas del Ecuador), con su gran masa, sigue siendo la reserva moral de
este país".
No es lo que se dice en las calles. "La Conaie y Pachakutik son
culpables de haber llevado al poder al cachetón. Ellos también
traicionaron a los indios", dice Monserrat Fiallo, una economista rubia
que se asume forajida y para quien el problema del Ecuador es que
"al presidente lo elige un grupo de analfabetos".
Hay voces menos estridentes y sin aires de racismo. Una investigadora
que ha trabajado largamente con los indígenas dice que entre la clase
media quiteña hay cierto resentimiento hacia la Conaie, "porque siempre
que los indios vinieron, Quito los apoyó y los recibió con los brazos
abiertos, y ahora la dejaron sola". Claro que hay otro ingrediente: muchos
quiteños, y esto incluye a los "progresistas", todavía no le perdonan al
movimiento indígena a su organización la Conaie y a su partido
Pachakutik haber llevado a un candidato que sólo tenía 6% de las
preferencias al primer cargo del país.
Una "pugna interburguesa"
La Conaie, que en 1997 y 2000 tuvo un papel determinante en la caída de
los presidentes Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad, vio pasar la rebelión de la
clase media (o de los forajidos) sin inmutarse.
El movimiento indígena todavía paga los platos rotos por su
responsabilidad en el triunfo de Gutiérrez, y a eso se suma el desgaste de
su breve participación en el gobierno del ex coronel y el desastre
posterior que Pablo Dávalos, antes asesor de la Conaie y ahora
viceministro de Economía, describe como "un proceso de destrucción
sistemática".
Las razones anteriores explican quizá la debilidad del movimiento
indígena, pero no su ausencia casi total en la "rebelión de los
forajidos", como se conoce a los días en que miles de quiteños
salieron a las calles, desafiaron el estado de excepción, soportaron las
bombas lacrimógenas e invadieron las pistas del Aeropuerto Mariscal Sucre
para impedir la huida del "dictócrata" Lucio Gutiérrez.
Más allá de su debilidad actual, el movimiento indio o, para ser
más preciso, sus principales organizaciones con la excepción de su partido
Pachakutik se mantuvo al margen porque decidió que el conflicto era
"un problema de blancos".
"Hacemos un llamado a los ecuatorianos y ecuatorianas a que no nos
dejemos tapar totalmente los ojos por esta cortina de humo... las
oligarquías corruptas del país quieren desviar la atención del pueblo
porque en el fondo lo que quieren es saquear al país... atropellando la
soberanía, la dignidad y los recursos naturales", dijo, en un comunicado
del 30 de marzo pasado, Ecuarunari, la principal organización de la Conaie
en la zona serrana.
"Con todo este show, seguía el comunicado, organizado por Lucio
Gutiérrez y el presidente del Congreso Nacional, Omar Quintana,
simplemente están ganando tiempo, desviando la atención..."
A su modo, Ecuarunari rechazaba las movilizaciones que ya por entonces
ocurrían, animadas por varios partidos políticos y organizaciones
ciudadanas. La organización indígena decía que sí había que moverse, pero
no por el tema de la Corte, sino "en defensa de nuestros derechos, de la
dignidad y soberanía y los recursos naturales y las áreas estratégicas del
país".
Pero ese discurso que todo lo abarca terminaba, en el mismo comunicado,
reducido a la protesta de Ecuarunari por algunos cambios en la dirección
de educación bilingüe.
Pocos días más tarde de la publicación del comunicado, miles de
quiteños salían a las calles para protestar por las maniobras de Lucio
Gutiérrez, quien primero propició el relevo casi completo de los jueces de
la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y luego, quiso echar atrás. Claro,
antes, una de las primeras acciones de la nueva CSJ había sido cancelar
los procesos judiciales contra los ex presidentes Gustavo Noboa y Abdalá
Bucaram, este último encarnación misma de la corrupción para muchos
serranos.
Finalmente, el tema de la Corte fue la gota que derramó el vaso, el
motivo final para el estallido, pero debajo había un hartazgo de la clase
política y un rechazo a "la corrupción, el nepotismo y el entreguismo" del
gobierno de Gutiérrez.
Eso no era lo que veían muchos de los dirigentes indios comenzando
por Luis Macas, actual presidente de la Conaie, quienes se
mantuvieron en la idea de que debían evitar involucrarse en el conflicto,
porque era una "pugna interburguesa".
"La cuestión estaba por reventar, pero la dirección de la Conaie no lo
entendió así", dice Nina Pacari, la abogada quichua que fue canciller los
primeros seis meses del gobierno de Gutiérrez.
Cuatro mestizos
La Conaie nació en 1986, como resultado de la unión de Ecuarunari y la
Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana
(Confenaie). Diez años más tarde, con aliados de otros sectores no
indígenas, se creó el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik-Nuevo
País, que en su primera incursión electoral ganó seis diputados (el
parlamento está formado por 100 legisladores).
En 2002, los votos de Pachakutik permitieron que Gutiérrez pasara a la
segunda vuelta electoral y que "el partido de los indios" que en
realidad es más votado entre las clases medias urbanas se hiciera de
11 diputados.
En los seis primeros meses del gobierno gutierrista, dirigentes de la
Conaie y de Pachakutik ocuparon cinco ministerios, aunque la luna de miel
con el ex coronel había terminado desde la campaña electoral.
Gutiérrez se había deshecho del discurso izquierdista y
antiestadunidense, y los choques con los ministros "pachakutes" fueron
inevitables. La ruptura con el gobierno no estuvo exenta de jaloneos en
las filas de la Conaie y su brazo político.
"Los mestizos tuvimos que forzar la ruptura con el gobierno de
Gutiérrez", dice Augusto Barrera, quien fuera secretario de Planificación
del Estado y hoy es concejal en la alcaldía de Quito.
Nina Pacari confirma las resistencias y dice que ella tenía lista la
entrega de su oficina un mes y medio antes, pero debió demorarla porque
otros ministros y dirigentes le pidieron esperar.
"Todavía el día que se daba la ruptura en Quito, Luis Macas en el
interior hacía declaraciones conciliadoras", cuenta Barrera. Apenas
salieron los ministros, Gutiérrez emprendió su "guerra de exterminio".
Aún así, un sector de dirigentes indios se quedó en sus cargos,
especialmente en las provincias, donde hubo funcionarios miembros de la
Conaie hasta septiembre pasado, dice Barrera.
En su guerra contra el movimiento indígena, el ex coronel Gutiérrez
tuvo como inestimable aliado a Antonio Vargas, ex dirigente máximo de la
Conaie y ministro de Bienestar Social. Desde su ministerio salieron los
recursos para comprar dirigentes y organizaciones hasta casi acabar con la
Conaie en el Amazonas. Desde su oficina también se organizaron las
"contramarchas" con las que Gutiérrez intentó defenderse.
El ex coronel también aprovechó otra debilidad de sus ex aliados: la
idea de un sector de sus dirigentes de que Pachakutik debe ser un partido
exclusivo de indígenas.
Por ello acusó a los dirigentes no indígenas de ser los responsables de
la ruptura. "Son cuatro mestizos de izquierda radical, porque el pueblo
indígena quiere seguir con el gobierno", decía Gutiérrez.
La tendencia esencialista es especialmente fuerte en Ecuarunari, la
organización más importante de la Conaie, por su presencia regional en la
Sierra y porque fue a la que menos dañó el gobierno.
En una franja importante de Ecuarunari, admite Barrera, "hay la
convicción de que Pachakutik debe ser un partido indígena, un
planteamiento muy fuerte de sacar a los mestizos".
Las diferencias son de fondo y podrían llevar a la ruptura de
Pachakutik y, en consecuencia, al fin de la organización "plurinacional".
En los días recientes las diferencias se expresan en la actitud frente
al nuevo gobierno, encabezado por el médico Alfredo Palacio.
Según el concejal Barrera, la Conaie quiere forzar a Pachakutik a
formar parte del gobierno. "Nos vamos a oponer, nosotros creemos en la
necesidad de sintonizarnos con la gente que se movilizó".
Y la "gente que se movilizó" demandaba "que se vayan todos", pero
también que el nuevo gobierno responda a las demandas de saneamiento de la
vida pública y una agenda, aunque no compartida por todos, de
independencia frente a la influencia estadunidense y en particular frente
al Plan Colombia.
Desde la semana pasada, los fuertes rumores obligaron a Nina Pacari a
declarar que ella no aceptaría formar parte del gobierno (se le mencionaba
en la terna para la vicepresidencia).
Otra de las mencionadas fue Lourdes Tibán, ex subsecretaria de
Bienestar Social, a quien antes le habían ofrecido la gobernación de
Cotopaxi (en Ecuador, los gobernadores son una suerte de delegados del
gobierno nacional y el mando local está a cargo de los prefectos).
La versión de Barrera es que Tibán sí quería ese cargo, pero no tuvo el
respaldo de Ecuarunari. Esta semana, empero, fue nombrada secretaria
ejecutiva del Consejo de Desarrollo de las Nacionalidades y Pueblos del
Ecuador.
Tibán no es la única que ha aceptado un cargo. Al menos cuatro miembros
más de la Conaie han negociado gobernaciones, una de ellas en la provincia
de Zamora Chinchipe, que fue pactada por el diputado Quishpe, el mismo que
habla de la "reserva moral".
El choque que viene
La "plurinacionalidad" como el eje de la acción política de Pachakutik
está en el centro de un debate interno que habrá de definir si el "partido
de los indios" se mantiene unido o se parte.
Algunos dirigentes de Pachakutik sostienen, como Augusto Barrera, que
"el tema étnico debe estar ahí pero no ser la piedra angular" y prefieren
hablar de "liberación nacional", de soberanía y de "modernización
democrática".
Para dirigentes como Barrera, el choque entre ambas posiciones no es
inevitable, pero sí muy posible.
Según Barrera, uno de los pasos es que Pachakutik debe replantearse
"profundamente" su proyecto y sus alianzas, por ejemplo las que sostiene
con el Partido Socialista y particularmente con el maoísta Movimiento
Popular Democrático, una organización que jugó doble, en apoyo a Gutiérrez
en las alturas y sacando a sus huestes a la calle al grito de "gobierno
popular".
En esa ruta de definiciones, el movimiento indígena debe también
resolver esa suerte de dicotomía entre la organización social "de los
buenos" (Conaie) y el partido "de los malos" (Pachakutik).
Si se siguen los argumentos de Barrera, la anterior imagen ha sido
alentada por quienes romper la alianza de los indígenas con los mestizos
que se ha dado en Pachakutik.
"Pareciera que Antonio Vargas se volvió 'malo' al lado de Gutiérrez",
ríe Barrera, quien describe el enorme poder que tuvo el ex ministro por su
conocimiento profundo de la Conaie desde abajo. "Vargas siempre tuvo un
profundo sentido antiizquierda, un discurso etnicista con el que, por
ejemplo, logró la unidad con los indígenas evangélicos, a partir de lo
étnico y con gran pragmatismo político".
El discurso "antipartido" de algunos dirigentes indígenas se topa con
realidades como el hecho de que "Rafael Pandam, que fue ministro de
Bucaram es ahora el tercero de a bordo con Macas en la Conaie".Un sector
de los dirigentes de la Conaie han querido vender la idea, y se sigue aquí
con las líneas argumentales de Barrera, de que los tropiezos del
movimiento indígena son responsabilidad de Pachakutik y particularmente de
los mestizos del partido, como si la candidatura del ex coronel no hubiera
sido una decisión colectiva. "Un error histórico", dice Lourdes Tibán, y
con ella todos los dirigentes indígenas o mestizos.
Un "error histórico" al que se suma el abandono de muchas de las causas
centrales del movimiento indio. Y el surgimiento de nuevas desigualdades.
La pobreza en las zonas indígenas se mantiene prácticamente igual que
hace 19 años, cuando surgió la Conaie. Pero algo ha cambiado, según
explica una antropóloga conocedora de esas regiones: ha surgido una elite
económica de indígenas, formada por muchos de quienes han ocupado cargos
públicos.
A esa dura realidad se añade, dice Barrera, que "desde el propio pueblo
indígena la agenda agraria está archivada". La Conaie presentó su último
proyecto para el campo en 1998.
El despertar y el poncho
"El movimiento indígena despertó en los ecuatorianos la conciencia de
que si un gobernante no cumple se tiene que ir", dice Nina Pacari.
¿Pero ya dejó esa conciencia en manos de los forajidos?
Nina Pacari rechaza que el movimiento indígena pague todos los platos
rotos del ex coronel Gutiérrez: "¿Sólo nosotros votamos por él?"
El movimiento indígena estuvo a punto de desaparecer y ahora participa
en el nuevo gobierno y en la alianza mayoritaria en el Congreso, al lado
de Izquierda Democrática y el Partido Socialcristiano.
El 20 de abril, en medio de la tormenta forajida contra todos
los políticos, incluso uno de sus diputados, Miguel López, fue golpeado
por la turba que gritaba "que se vayan todos". El costo de formar parte de
la clase política. O un daño colateral aceptable si se atiende a lo que
pregunta la ex canciller Nina Pacari: "¿Quién cruza el río y no se moja el
poncho?"
Si se escucha a los forajidos la pregunta debería formularse de
otra manera: "¿Encontrará el movimiento indígena ecuatoriano el poncho que
perdió al cruzar el río?"
¿A dónde van
los forajidos?
Augusto Barrera se pregunta, como muchos aquí, dónde terminará la
energía social desatada por el reciente movimiento, es decir, cómo lograr
que la caída de Gutiérrez "uno de esos triunfos simbólicos que tanto
nos encantan a los de izquierda", no acabe en una "disputa ridícula"
por puestos en el nuevo gobierno, por ejemplo.
Otro riesgo es que las organizaciones "ciudadanas" surgidas del
movimiento forajido mantengan la consigna de "que se vayan todos".
Según Barrera, concejal de la alcaldía de Quito y dirigente de Pachakutik,
la más interesada en que así ocurra es la derecha quiteña, "que no ha
podido levantar la cabeza en muchos años". Por ello a sus organizaciones
les interesa sostener esa consigna, dice. "Pero si el discurso es
antiorgánico y antipolítico se va todo al carajo".
Se requiere, dice Barrera, que los forajidos sepan construir una
fuerza que no sólo mantenga la "vigilancia" sobre el nuevo gobierno, sino
que lo obligue a realizar cambios.
"Si no articulamos vamos a tener lo de Argentina pero no en 18, sino en
dos meses: reuniones de barrio a las que asistían 200, luego 40 y después
nadie".
El problema es la dispersión de las fuerzas que tratan de capitalizar
la energía forajida: al menos "diez puntos" diferentes y hasta
enfrentados, que van desde los grupos civiles ligados a la derecha hasta
los anarcos. |