Es horrendamente peligroso este
"participacionismo". En un contexto en que las huestes de "contramarchas" de
empleados públicos y gente a la que se les daba la comida y se les pagaba el día
de jornal para vivar al gobierno salían a enfrentar la ola de protestas, es
riesgoso afirmar con triunfalismo que la multitud ecuatoriana esté unificada.
Los únicos indios que salieron a las calles fueron los evangélicos, y fue para
apoyar al Lucio a cambio de migajas. Las élites locales e incluso los gobiernos
locales de esas élites en algunas partes convocaron a los habitantes a
participar, unos a favor y otros en contra del régimen.
Los únicos que no salieron como movimiento fueron los indios,
mientras los sutiles discursos racistas, pro TLC, adquirieron fuerza
propia.
Entre otros saldos del proceso, está la existencia de discursos
"cerrados" que no admiten objeción y que no abren la puerta para cambios de más
largo plazo.
Lo positivo
1. Finalmente las clases medias (casi exclusivamente quiteñas)
se sintieron tocadas, se movilizaron, aun desde su arraigada individualización y
arribismo, y vieron la necesidad de involucrarse en lo que pasa aquí, porque, a
fin de cuentas también les afecta.
2. A diferencia de los otros sectores más empobrecidos, de los
movimientos y sujetos sociales, su reivindicación no giraba en torno al hambre o
la imposibilidad de vida (en algo sí, pero no fundamentalmente). Levantaron la
bandera de la lucha por la dignidad, la decencia, la anticorrupción, y la
necesidad de tener una institucionalidad mínima con estas virtudes y con un
mínimo de ética nacionalista. Eso no parece mal.
3. El cuestionamiento a las instituciones, a la partidocracia,
a la corrupción como única práctica cotidiana posible, condujo a algunos
sectores de esta heterogénea clase media, a reivindicar la democracia directa,
la abolición de los partidos políticos, la constitución de "asambleas populares"
(¿barriales?, ¿gremiales? ¿profesionales?, ¿desde cualquier parte a cualquier
lugar?, no está muy claro. En todo caso la idea parece buena, pero no olvidemos
que esta lucha casi no movilizó a los sectores urbano-populares).
Varias preguntas:
1. Por qué no salieron los indios, los campesinos.
(Evidentemente no se sintieron convocados por la bronca "entre blancos" y/o no
tuvieron capacidad de convocatoria.) Pero por qué sí salieron los evangélicos
llevados por cuatro centavos y un plato indignante de comida.
2. Por qué no salieron los sectores urbano-populares, los
informales. Hubo ocho días de manifestaciones, marchas, plantones, acciones
directas, tiempo suficiente para sentirse convocados y movilizarse en torno a la
causa.
3. Por qué parece haber un guión tan repetido para el
desenlace: visita de la embajadora estadunidense, renuncia del jefe de la
policía, destitución apresurada y casi unánime del presidente del congreso
cuando les había tomado más de cinco meses lograr acuerdos mínimos, destitución
improvisada del presidente (¿por abandono del cargo?) y posesión inmediata del
vicepresidente como nuevo presidente, simultáneo retiro del apoyo de las fuerzas
armadas al presidente destituido. Por qué tan fácil.
4. Por qué los milicos y congresistas le dejan solo al flamante
presidente a expensas de una multitud que pedía que se fueran todos, por más de
cinco horas. Qué estaban negociando o qué esperaban que se desatara para tomar
qué medidas.
5. Cómo es que puede caer un gobierno con la sola movilización
de las clases medias de una ciudad. Movilización que a pesar de su duración y
persistencia, no afectó en nada al aparato productivo, ni el orden establecido
(las movilizaciones salían por las noches porque la gente tenía que trabajar de
día y eran pacíficas así que no molestaban a nadie).
Lo dramático:
1. Llueve sobre mojado. ¿Todo cambia para que nada
cambie?
2. Algunos indios y campesinos, repartidos entre marchas y
contramarchas, como peones a cambio de un almuerzo y un jornal, que el último
día ni siquiera se les llegó a pagar. Una humilde campesina muerta y abandonada
por sus compañeros de contramarcha. Un niño abandonado por esta misma gente. Los
indios evangélicos traídos por miles para respaldar qué, para demandar qué.
Multitudes en las calles sin causa propia combatiendo entre sí, una innovadora
variante de guerra sucia.
3. La emergencia, entre tanta heterogeneidad, de discursos
racistas (anti indios, anti negros, anti campesinos ignorantes). Tanto logro de
décadas del movimiento indígena para que al final resulte que, para las
poblaciones urbanas pequeño burguesas, los indios sigan siendo la misma "masa
imprecisa, ignorante, sucia, necesitada de redención, todos iguales, igualmente
despreciables".
4. Los discursos antipolíticos que encubren la desaparición de
las ideologías, o el exterminio de las izquierdas o lo que se le parezca. Al
punto de la intolerancia total.
5. La sepultura de los movimientos sociales en el Ecuador, tras
años de desmovilización financiada y sostenida, de trabajo Contra desde adentro,
desde la médula, la corrupción dirigencial, la pérdida de norte, el
empobrecimiento creciente, el clientelismo y el populismo. La constatación de no
haber podido detener ni un poquito ese doloroso desenlace.
Lo horrendo:
1. Las élites continúan pactando a espaldas de la gente. El
bloque Pachakutik, metido en ese juego del amarre, la transacción, la indignidad
y arrastrando con él a un débil movimiento indio, incapaz de desmarcarse. Ya
aparecen nombramientos de Pachakutiks en algunos cargos y van a la terna para la
vicepresidencia.
2. El tlc a las puertas frente a movimiento social agotado,
desgastado, destruido, inmovilizado. Borrón y va de nuevo.
3. El ejército y los estadunidenses siguen mandando en este
¿país?. Podrían irse "todos" (los políticos) como pide la gente, total... este
país no se gobierna aquí.
Cinco meses con instituciones de facto, dos días sin
instituciones y para los fines consiguientes (contratos petroleros, pago de
deuda, etcétera, etcétera) todo sigue su normal curso.
Es como si los indios, los campesinos y tantos otros, oyeran
llover... cada cual desde su rincón.