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28 de mayo de 2005
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Coletillas al Margen

El relevo de Toledo es indispensable

Carlos Angulo Rivas
Las fuerzas de izquierda en América del Sur se esfuerzan por lograr el cambio político económico y social. En el Perú, desgraciadamente, se asimilan o incorporan al stablishment, al status quo dirigido por una "clase política" inmoral y corrupta. No de otra manera se puede entender la pasividad de las direcciones políticas, gremiales y partidarias de la izquierda peruana preparándose para situarse, como de costumbre, a la cola de un proceso electoral manipulado desde la cumbre del podrido poder político actual. Las explicaciones pueden ser muchas pero la realidad es que la izquierda en el Perú, entendida como el amplio espectro del campo popular, se sitúa, a través de este comportamiento, en el último eslabón de la cadena que cuestiona verbalmente el sistema neoliberal impuesto pero que es incapaz de actuar en contra de él. Distintos son los casos de Bolivia y Ecuador cuyas bases sociales irrumpen en el escenario político sin esperar nada de las instituciones representativas o forzándolas a tomar decisiones que por sí y ante sí jamás tomarían. Las destituciones de Sánchez de Lozada y Lucio Gutierrez; y mucho antes de Fernando de la Rúa en Argentina, representan en toda su magnitud el fenómeno de la participación activa de las masas en el proceso de la democratización real de la región. Los casos de Brasil, Venezuela y Uruguay también son distintivos en tanto que el viraje hacia la izquierda se viene dando por la vía electoral luego de romper los esquemas del pasado en el reparto periódico del poder entre los partidos tradicionales. Y en todo este panorama, el declarado socialismo bolivariano de Hugo Chávez es de lejos el más claro ejemplo del esfuerzo que significa el inicio de la superación de la pobreza y la ignorancia de nuestros pueblos, tal como antes lo fue y lo sigue siendo el modelo desarrollado por el heroico pueblo de Cuba.

La herencia de los quince años de obscena impudicia política y criminal dejada por los gobiernos de Alan García y la dupla Fujimori-Montesinos, mantiene atrapada a la soberanía popular y su independencia política de cara a toda clase de atropellos; y lo más grave frente al armazón económico neoliberal impuesto por el consenso de Washington que no sólo desnacionaliza a los países sino que los somete al mantenimiento y crecimiento de la pobreza extrema. Y si bien la caída de la dictadura del delincuente prófugo Alberto Fujimori se debió a la movilización popular de los "cuatro suyos," el reemplazante por la vía electoral, enseguida del gobierno provisorio de Valentín Paniagua, Alejandro Toledo, continuó, en obediencia plena y sumisa, a la Casa Blanca. La traición de Toledo al pueblo movilizado contra la dictadura fue continuar el devastador programa económico de Fujimori, de entrega total del patrimonio nacional a las empresas transnacionales y lo que es peor sin revisar los leoninos contratos, concesiones y exoneraciones tributarias (cinco mil millones de soles anuales de impuestos no recaudados). Traición que ha llevado al país a una crisis social y política de graves consecuencias y enormes proporciones. En esta dirección la actuación del ciudadano norteamericano Pedro Pablo Kuczynski, ministro de Economía en casi todo el período de Toledo, viene siendo ejemplar por cuanto el crecimiento económico que exhibe se concentra en pocas manos y los réditos se van al exterior como gananciales de las transnacionales. Exactamente como ocurrió en Argentina de Carlos Menem hasta la quiebra económica total que trajo abajo al presidente Fernando de la Rúa. Kuczynski como fiel representante del capital financiero internacional y también por extensión a su labor de ex funcionario de la banca norteamericana (cesante a la expectativa de nuevos cargos) pretende culminar el despojo del que es objeto el país con la firma del TLC y el patrocinio del ALCA. .

Ante el fracaso de los dogmas neoliberales en América Latina, inclusive analizado en las páginas de los principales diarios y revistas internacionales, los quince o veinte años de la aplicación del recetario del consenso de Washington han sido perjudiciales. El crecimiento económico ha sido mínimo y el desarrollo social negativo, pues se agravaron los problemas del empleo, los salarios, la salud, la educación, la pobreza y la desigualdad. La no intervención del Estado en los sectores estratégicos, cuando debió trabajarse hombro a hombro con el sector privado (Chile es un ejemplo), produjo la descapitalización de cada país en proporciones inimaginables y por consiguiente el malestar social que violenta el escenario político hasta lograr el cambio forzoso de los gobernantes de turno. Sin embargo, en el Perú la ausencia de manifestación social capaz de cambiar la situación política es grave por cuanto la repetición del esquema que Toledo prometió cambiar vía la transición hacia la democracia no sólo ha sido un engaño sino una fatal frustración para los electores, quienes en alarmantes porcentajes no creen en nadie menos en la corrupta e inmoral "clase política" que gobiernan los poderes del Estado. En estas circunstancias de falsedad genérica, de duplicidad y traición a los intereses del pueblo es imposible reconstruir el país por la senda democrática a la que tiene derecho. .

Por sentido común, el único guía de los electores no afiliados en partidos, la democracia necesita actuar sin limitaciones de ninguna clase, necesita expresarse por distintos medios participativos, no siendo el electoral el único, menos cuando ni siquiera existen reglas de juego claras y la usurpación del poder político es elocuente en el presidente Toledo y los representantes al Congreso, los mismos que han sido incapaces de corregir la ausencia de la ley de leyes, el ordenamiento jurídico del país. Pues hoy por hoy el Perú sigue siendo regido y gobernado desastrosamente por el estatuto dictatorial del delincuente prófugo Alberto Fujimori. Por ello, ir a elecciones generales en esta adversa coyuntura es un insulto al país, un agravio político en cuanto la apuesta está propiciamente enturbiada por los partidos políticos tradicionales, inmorales y corruptos, que desean, una vez más, situarse en el poder del Estado en medio del caos, la desilusión y la apatía. ¿Cómo no llamar caos a un proceso electoral donde elementos como Alan García o Alberto Fujimori, dos individuos comprometidos con la justicia por sus crímenes y latrocinios, se pretenden candidatos en medio de cerca de treinta partidos y mini partidos inscritos en el jurado electoral? ¿Cómo no llamar caos a la falta de ordenamiento jurídico? ¿Cómo no llamar caos a las enmiendas a la ligera que se pretenden dar al estatuto dictatorial de Fujimori? ¿Cómo no llamar caos al sostenimiento de un presidente inmoral incorregible como Toledo que permitirá el "a río revuelto ganancia de pescadores"?.

La izquierda en el Perú tiene una enorme responsabilidad si avala este proceso electoral espurio participando en él sin ir primero a una Asamblea Constituyente, única manera de reconstruir el Estado de Derecho aniquilado y corroído hasta sus entrañas por la dupla Fujimori - Montesinos. Tiene una enorme responsabilidad si no fuerza la inmediata salida de Toledo a fin de exigir un gobierno provisorio que convoque a esa constituyente indispensable para el inicio del reordenamiento constitucional y democrático del país. La ruptura del esquema planteado por la fuerzas neoliberales, donde ahora se inscribe el APRA en alianza con el norteamericano Kuczynski y los sectores empresariales más dogmáticos, es obligatoria para la izquierda entendida como las fuerzas del campo popular. Y en estos tiempos de concertación, consenso y gobernabilidad, el primer acuerdo a lograr debe ser el de la formación de un frente amplio de la izquierda de candidatura única. Ya que si este principal consenso no se pueden lograr otros o nos preguntamos ¿cómo hablar de consensos mayores?

El sostenimiento de Toledo a través del último blindaje a su ominosa presidencia, acordado por el Congreso a raíz del informe sobre la fábrica de firmas falsas de la que fue fundador y activo partícipe, significa el sucio acuerdo entre gobierno y oposición. Pacto hecho de espaldas al país, para llegar a las elecciones generales y al nuevo reparto del Estado putrefacto que no se quiere desinfectar para luego reconstruir. Este blindaje a Toledo era de esperarse porque jamás el Congreso, que es parte importante en el tinglado manipulador e indecente de conservar el status quo, va a destituir un presidente que sirve al proceso de continuidad de la misma "clase política" degenerada. Salvo, claro está, este Congreso se vea en la disyuntiva de la presión popular manifestándose radicalmente por la caída inmediata del régimen a fin de salvar la democracia auténtica y no la caricatura de ella. Los ejemplos actuales de Bolivia y Ecuador son elocuentes en la medida que centran el problema de la sucesión de un gobierno bajo la exigencia de un cambio fundamental en la sociedad antes que sea demasiado tarde.

Alejandro Toledo es actualmente un presidente debilitado, sin mando posible, llevado a la deriva por la corriente de llegar al final de su mandato contra viento y marea. En otras palabras, hace un buen tiempo ha dejado de gobernar y son los intereses a su alrededor quienes lo llevan de la mano, amenazado y vencido, a negociar y firmar acuerdos de continuidad al dogmático recetario neoliberal cuando en la América del Sur brillan ya nuevas concepciones sobre el manejo económico en Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela, la propia Bolivia convulsionada y Ecuador en proceso de transición. Toledo es la retaguardia, el rezago, la tropa trasera de la Casa Blanca con la cual arrastra al Perú a quedarse años atrás de los demás países. Lo demuestra por ejemplo en la obstinación de firmar el Tratado de Libre Comercio TLC con Estados Unidos, junto a Colombia, cuando ya los pueblos ecuatoriano y boliviano han dicho basta de negociación a sus espaldas. Si el Perú quiere avanzar en el camino democrático serio, el relevo de Toledo es indispensable para convocar una Asamblea Constituyente y luego ir a elecciones generales. La carreta no puede ir adelante de los bueyes. No hay lugar para repetir la historia.

Carlos Angulo Rivas
reppam@sympatico.ca

 
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