UATRO ESCENARIOS recorre esta nota: las torturas y la
profanación del Corán en Guantánamo, que sumada a las torturas
aberrantes perpetradas en la prisión de Abu Ghraib en Irak ha
levantado al mundo musulmán contra EEUU; la protección por
parte del gobierno USA al architerrorista Luis Posada
Carriles, cuya extradición reclamó Venezuela; el atentado
contra Nicola Calipari (muerto) y la periodista Giuliana
Sgrena cerca del aeropuerto de Bagdad, cuyos autores quedaron
impunes. En realidad, EEUU decretó la impunidad absoluta para
todos los ejecutores de sus planes terroristas.
Torturas y profanación del Corán
La profanación del Corán en los centros de torturas de la
base de Guantánamo por los métodos más soeces (les orinaban
encima y los tiraban al water) corrió como un reguero. Primero
lo señaló Newsweek y trataron de taparlo, pero se difundió en
forma incontenible. Vimos por el canal francés TV 5 a un
prisionero afgano en Guantánamo liberado el 21 de abril
después de años de cautiverio junto a presos de más de veinte
países, niños afganos incluidos. Declaró que ésa era una
práctica corriente desde hace largo tiempo, de la cual él fue
testigo en repetidas ocasiones. Reprodujo también las
expresiones repugnantes de los torturadores ante los
prisioneros musulmanes heridos en su fe. Es en ese espíritu
que forman a las tropas norteamericanas. En Guantánamo, en Abu
Ghraib, en todas partes. Es la moral de las bestias. Encima
les aseguran la impunidad. Así ocurrió con los soldados que
mataron a quemarropa a iraquíes desarmados que se desangraban
en una mezquita de Faluya. Es lo mismo que vimos en la
película "Nosotros fuimos héroes", en ese caso referido a la
guerra de Vietnam.
En el mundo musulmán estalló la cólera. Las demostraciones
en 15 provincias de Afganistán fueron reprimidas por las
tropas yankis a sangre y fuego. En Pakistán los manifestantes
gritaban: ¡Muerte a EEUU! Otro tanto aconteció en Irak y
Egipto, en Indonesia, Gaza y Cisjordania. Había que ver la
cara de Condoleezza Rice tratando de justificar a EEUU y
prometiendo una investigación. Estas promesas siempre terminan
en nada. Por lo pronto, las autoridades militares se
adelantaron a declarar que "una investigación interna no
permite confirmar los hechos". El comentario general es que
estos episodios "derrumbaron la imagen de EEUU y significan un
golpe en pleno rostro a las relaciones públicas
estadounidenses". En el mismo momento, más del 55% de los
norteamericanos reprueba la política de Bush en Irak.
El hombre invisible
El gobierno de Venezuela pidió la extradición del
terrorista agente de la CIA Luis Posada Carriles, lo que
colocó al gobierno de Bush entre la espada y la pared. Nadie
les cree cuando los voceros de la Casa Blanca dicen que no
saben dónde está, habiéndose demostrado por todas las vías que
fue a parar a Miami, gobernada por Jeb Bush y antro
anticubano. Se les informó cuándo llegó, a bordo de qué barco
(propiedad de otros dos compinches terroristas), después de
pasar por Isla Mujeres en México (y Fox dijo que lo ignoraba).
En su frondoso prontuario destacan el derribamiento del avión
de Cubana en 1976, parte de la campaña terrorista sistemática
contra Cuba que vienen desarrollando sucesivos gobiernos de
Washington desde Playa Girón; los asesinatos en hoteles de La
Habana, de los que se vanaglorió en la prensa norteamericana;
el intento de asesinato de Fidel Castro y de participantes en
la Cumbre Iberoamericana de Panamá, tras lo cual fue
encarcelado y luego indultado por Mireya Moscoso. Se llegó al
extremo de que su abogado E. Soto solicitó que EEUU le otorgue
el asilo porque hace más de 40 años sirve a la CIA. El hecho
de que el gobierno de Bush, con todo su fenomenal aparato de
seguridad, niegue conocer su paradero, lo deja en cueros ante
el mundo.
También fueron exculpados los militares que asesinaron en
Bagdad al agente de inteligencia italiano Nicola Calipari y le
tiraron a matar a la periodista Giuliana Sgrena.
Los asesinos emboscados
Fue una emboscada armada para liquidar a una periodista que
denunciaba el arrasamiento de Faluya por las tropas de
ocupación y para penar a quienes habían negociado con los
secuestradores. Los yankis no quieren que haya periodistas
independientes en Irak que documenten sus crímenes. Varios
periodistas murieron cumpliendo su función y otros están
encarcelados, mientras los periodistas yankis se recluyen en
la zona verde y escriben al dictado de los mandos militares.
Los asesinos, en el caso mencionado, fueron declarados
inocentes en base a una sucesión de mentiras, como lo demostró
Giuliana Sgrena desde su lecho de hospital. Pero Berlusconi
sufrió la humillación y se niega a retirar sus efectivos como
pide la opinión pública italiana.