Pero, ¿qué son las maras? Las maras son las pandillas juveniles, otrora
edulcoradas por Hollywood, que desde un tiempo a esta parte, conforme
avanza el deterioro social y económico de la región, adoptaron una nueva
modalidad de acción mafiosa transnacional lo que ha despertado la atención
del departamento de Defensa de los EEUU que, desde el 11 de setiembre de
2001 atina a calificar como amenaza a su seguridad interna todo lo que se
mueve en su mundo circundante.
El término mara es un apócope de marabunta, una colonia de hormigas
depredadoras carnívoras que vive en las selvas de Sudamérica. Estas
pandillas en su versión más light se dedican a la extorsión o
"racket", venta de drogas, robo de vehículos, asaltos, aunque el motivo
principal de su existencia sea la guerra contra la mara enemiga por el
control de un determinado territorio.
Pero fue por su accionar más descarnado: el secuestro, la muerte y la
extorsión de las poblaciones de El Salvador, Guatemala, Honduras y
Nicaragua, entre otras que se los asoció con la temible marabunta.
El propio territorio de los Estados Unidos vive el fenómeno de las
maras en populosas ciudades como por ejemplo Los Angeles e incluso hay
quienes dicen que ese accionar fue exportado desde allí a esos países con
la expulsión de inmigrantes ilegales.
Un estudio realizado por cientistas sociales mexicanos da cuenta que
hay relaciones entre algunas variables socioeconómicas y las maras. En
particular, señalan, existen datos que confirman la relación entre
educación, ingreso familiar, hacinamiento de familias en los hogares,
estado de la infraestructura del barrio, léase calles, higiene,
saneamiento acceso a servicios, etc. Algunos datos parecen particularmente
significativos: tomando en cuenta, en conjunto, las investigaciones hechas
en comunidades de Guatemala, Honduras y El Salvador, en sitios donde hay
actividad pandillera, el promedio de años de escolaridad es de 4,33,
mientras que en los lugares donde las maras no son un problema, es de
5,41. El ingreso promedio de las familias que viven en comunidades
afectadas por los mareros, añade el estudio, es de 257 dólares, pero en
comunidades sin actividad de las maras es de 320 dólares. Los sitios donde
hay maras registran un índice más alto de hacinamiento en las viviendas y
padecen calles y otras obras en mal estado.
Ahora, ¿por qué Estados Unidos le pone acento a las maras incluyéndolas
dentro de las nuevas formas de amenaza a su seguridad interna?
El comandante del poderoso Comando Sur de los EEUU, el general Bantz
Craddock advirtió recientemente que las pandillas urbanas centroamericanas
"son una amenaza continental".
Esta nueva versión del terrorismo que amenaza la seguridad interna de
los Estados Unidos se anuda con el nuevo fantasma que se agita en América
latina: el populismo radical o los demagogos populistas, cuya versión más
acerada e irritante para el gobierno de George Bush es Hugo Chávez (Fidel
Castro ya está viejo y para el Departamento de Estado ya es un caso
perdido).
Según el analista internacional del diario argentino Clarín, Oscar Raúl
Cardozo, "los tiempos se anuncian tormentosos en la región y el nombre del
nubarrón más grande y oscuro es el populismo que, en la visión del poder
estadounidense parece adquirir dimensiones por lo menos tan temibles como
antes tenía la palabra comunismo".
El temor de los EEUU, entre otras cosas, es que las maras, en un
contexto de regímenes populistas reactivos al gobierno de Bush coordinen
acciones con los terroristas islámicos y todo aquel que tenga intereses en
atacar a los EEUU.
La reacción del país más poderoso del mundo para este tipo de
agrupaciones y las respuestas que plantea para los países víctima de las
maras es promover roles no tradicionales para las Fuerzas Armadas de
América Latina. Según el general de cuatro estrellas James T Hill, ex jefe
del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, y según dijo
en un programa de televisión con el periodista Andrés Oppenheimer,
Latinoamérica "es la región menos militarizada del mundo" aunque "la más
violenta". Durante una reciente entrevista con Clarín, el ministro de
Defensa argentino, José Pampuro, señaló que existía "presión" de EEUU para
que las fuerzas armadas de la región se involucraran de manera directa en
temas de seguridad. "Es un criterio que impulsan básicamente Canadá y los
Estados Unidos", aclaró, refiriéndose al modelo de Guardias Nacionales de
Panamá y Guatemala.
Ante el Congreso de los EEUU Craddock consideró que la inestabilidad
política y el populismo radical representan amenazas significativas a la
seguridad de su país y fue más específico al advertir que los "grupos
islámicos" apoyan financieramente a los terroristas y a las pandillas a
través del lavado de dinero, el contrabando y la falsificación de
documentos.
La síntesis es que existe un plan del Pentágono, que está en desarrollo
y que procura que haya una coordinación efectiva entre ejércitos y países
para desplegar un programa de "guerra contraterrorista" con la asistencia
técnica y logística del Comando Sur de EEUU.
Sin embargo, esta aspiración de los EEUU choca con lo que en palabras
de los propios interesados es una suerte de incomprensión sobre los
alcances del terrorismo y sus tentáculos en la región. También colisiona
con las preguntas que se hacen los propios gobiernos latinoamericanos, las
que para los jerarcas como Roger Pardo Maurer, el funcionario civil de
mayor rango en el Departamento de Defensa de los EEUU, "son cuestiones
tendenciosas". ¿Qué está haciendo EEUU, el mayor mercado del mundo para
detener el consumo de sustancias narcóticas? ¿Qué está haciendo EEUU para
evitar que los cárteles de la droga no depositen sus dineros mal habidos
en las instituciones bancarias de ese país? ¿Qué está haciendo el Ejército
de los EEUU frente a sus propios problemas con sus maras?
El debate está sobre la mesa y a dos puntas. Una se refiere a qué
Fuerzas Armadas requiere cada país y si es posible cambiar el uniforme
verde por el azul para dar seguridad interna, y el otro, si se considera
como algo probable la coordinación de las Fuerzas Armadas y las policías
de la región.
Sobre este punto hay un aspecto que parece no ser tomado en cuenta por
el gobierno de los EEUU y es que sigue planeando por los países del Cono
Sur el vuelo del Cóndor; el siniestro plan de coordinación represiva
llevado adelante cuando las dictaduras campeaban en estos países y tenían
el apoyo irrestricto de los gobiernos de la ahora primera potencia del
mundo y que sólo les preocupaba tener su "patio trasero" bien cuidado y en
silencio.