La obra sorprende en más de un sentido: en primer lugar, es un trabajo
realizado con absoluta precisión: datos, fechas, nombres, decretos,
testimonios. Quiero decir que cada afirmación está avalada por una
referencia a documentos o artículos de periódicos publicados y
accesibles.
VM, se podría decir, que "hace hablar" a la dictadura, y diferencia de
ellos lo hace "sin apremios físicos", devolviéndonos sus decires, sus
amenazas, los protocolos escritos en sus cabezas reaccionarias y su
pensamiento totalitario...
Este trabajo contrasta con un verdadero festival de "bolazos" que desde
la derecha se han publicado recientemente sobre ese período, muchos de
ellos con gran apoyo mediático y premios y promociones laborales para sus
autores.
En segundo lugar, un lector como uno, que siente que, a lo largo de los
años, sobre los hechos de la dictadura ha adquirido un bagaje importante
de conocimientos (durante años leí casi sin interrupción El País y El Día,
a veces con cierto atraso pero siempre con mucha atención. También los
semanarios y periódicos que circulaban legal o clandestinamente.
En 1974 y 75, estando en Argentina, además, se oían las emisoras
uruguayas y muchas veces a viva voz los discursos de los matones civiles y
militares que estaban al frente del Estado. Viviendo en San Pablo, con un
buen aparato de radio y el tendido artesanal de un cable que oficiaba como
antena, oí durante los últimos siete años de dictadura la mayor parte de
los informativos y de las pocas audiciones donde se debatían temas
políticos.
Cuando volví al Uruguay leí, si no toda, buena parte de la literatura
histórica existente sobre el período anterior y recibí innumerables
testimonios sobre la vida cotidiana bajo la dictadura, de compañeros que
habían estado en la cárcel o en libertad. O sea que, durante un tiempo,
pensé que sobre ese período sabía lo principal.
Sucede que leyendo el libro de Virginia Martínez constaté primero todo
lo que no sabía. Segundo, todo lo que, habiéndolo sabido en su momento,
ahora había olvidado. Y eso que propongo ser un tenaz militante por la
memoria...
El registro preciso que VM ahora nos entrega importa, porque son tantos
los episodios y tan graves las infamias que nadie tendría derecho a
olvidarlas. No sería ni culturalmente ni psiquiátricamente saludable,
En tercer lugar, al restablecer la línea de tiempo, al darle a los
acontecimientos el hilo conductor temporal que los vincula con otros, sus
antecedentes y sus consecuencias "Tiempos de dictadura", reconstruye la
unidad sustancial que tiene, para una comunidad, o para un individuo, cada
momento histórico.
Una cosa es leer listas de muertos en prisión o de ciudadanos
desaparecidos, o testimonios fragmentarios. Y otra, muy distinta, es
aproximarse a la realidad compleja de lo simultáneo.
Al construir el relato sobre el hilo conductor del tiempo, VM nos
devuelve el carácter orgánico de la historia, la coherencia interna de
cada momento. A esto contribuye otro aspecto del relato que examinamos. No
se trata sólo del país oficial y sus avatares políticos.
La recuperación de este corte en el tiempo nos aproxima a la lógica
interna del Terrorismo de Estado, los meticulosos e infinitos mecanismos
de control estatal sobre la vida de las personas y al cúmulo de atropellos
autoritarios, que todos los uruguayos vivieron bajo la dictadura.
En otro aspecto, el libro comentado no se limita a una crónica de los
hechos o los dichos de los dirigentes de los partidos políticos. En su
libro Virginia Martínez pone en evidencia el apoyo social efectivo de una
parte del empresariado uruguayo (Cámara de Industrias, Cámara de Comercio)
con las acciones represivas de la dictadura.
Muchos de los que después de la transición engolarán su voz para
dictarle a los gremios lecciones de democracia, durante la dictadura
azuzaban a las Fuerzas Conjuntas contra los sindicalistas que impulsaban
la reorganización de sus organizaciones de clase.
Se cumplía así un círculo vicioso particularmente perverso: si un
trabajador, sospechoso de simpatías con el partido Comunista o con el PVP,
o con el MLN, era detenido por las FFCC. La empresa actuaba de acuerdo al
principio de "si fue preso por algo será" por lo cual, el flamante
desocupado era de inmediato detenido e indagado en las mazmorras de la
dictadura.
A esta forma de represión VM agrega todas las otras, las exigencias
impuestas a todas las personas, familias o clubes, para la realización de
reuniones, así fueran casamientos, cumpleaños o cualquier tipo de
celebración familiar.
La censura impuesta al Canto Popular, al teatro y el cine, a los tangos
y canciones y a las murgas y otros conjuntos de carnaval, a las que se les
pedía el libreto con anterioridad e incluso se controlaba la versión que
se emitiría después de los ensayos. Los controles ejercidos en la
Educación Pública sobre las bibliotecas liceales que, según orden dirigida
a los directores "debían ser pugnadas de todo tipo de texto marxista, no
sólo en el área de Ciencias Sociales sino también en la de Física, Química
y Matemática, porque nunca se sabe dónde puede anidar el germen de un
pensamiento subversivo.
Una vez depuradas las bibliotecas, el director del liceo debía
solicitar permiso a las autoridades superiores del Estado para aceptar
cualquier donación de libros.
A partir de esta descripción detallada de la "letra chica" del
Terrorismo de Estado, que no por chica dejó de regir la vida de millones
de uruguayos, VM nos pone, finalmente, ante una realidad que es hoy
políticamente esencial: la actualidad de la dictadura. Tema que ha sido
objeto de un estudio reciente en una obra de gran valor realizada por Aldo
Marchesi, Vania Markarian, Alvaro Rico y Jaime Yaffé, publicada por
Trilce. Todo el que esté pensando en las perspectivas del cambio en
Uruguay debe conocer y discutir estos trabajos, creo.
Finalmente me permito una recomendación: los nuevos gobernantes deben
tener presente y a mano esta guía particular de la infamia.
Los legisladores, cuando a la Cámara llega el diluvio de los homenajes,
a menudo indiscriminados y con información incompleta. Los senadores y en
particular los integrantes de la Comisión de Defensa, para evitar otorgar
venias para ascensos a torturadores tapados.
A los ministros en general y los integrantes de todas las comisiones de
Nomenclátor, de aquí y de allá.
El libro tiene otro gran mérito. Recobra para la memoria pública la
secuencia de las muertes en prisión, la segunda masacre de los comunistas,
a fines de diciembre y principios de enero de 1976. Esos mártires, casi
olvidados. A los que no se nombra con la suficiente frecuencia.
Y habría que empezar a nombrarlos, a todos. Ahora que se están
cumpliendo los 30 años de aquellos infames asesinatos a obreros luchadores
de toda una vida. Nombrarlos, una y otra vez. En cada acto. Y gritarles,
presente: con toda la fuerza de nuestro corazón. Y así como no olvidamos
al Toba y a Zelmar, ni a Gatti ni a Cuesta, ni a Tassino, ni a Félix
Bentín, tampoco olvidamos a los comunistas Oscar Silveira Rossano, Nicanor
Aldabalde, Lorenzo Escudero Matos, Eduardo Mondillo, Eduardo Bleier,
Fernando Miranda, Carlos Arévalo, Julio Correa, Laureano Montes de Oca. Y
el inaudito asesinato de Horacio Gelós Bonilla, del Sunca de Maldonado. No
olvidaremos los "ataúdes tapados" de los que habla con indignación el gran
Carlos Martínez Moreno. Así se entregaban, con prohibición de abrirlos,
los féretros de los muertos por torturas, que salían de las unidades
militares por decenas. No olvidaremos a Julián López, también comunista,
obrero del taxi. En esta reseña pueden faltar nombres, cuestión de
espacio. No faltan en el libro urgente e imprescindible que comentamos.