Niko Schvarz - rodelu.net
31 de mayo de 2005
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Rechazo a la Constitución Europea y a la política de Chirac

El NO del pueblo francés

Francia rechazó la Constitución Europea por cifras concluyentes: en definitiva, los votos por NO arañaron el 56% (55,86%) frente a 54% y un piquito por el SI. La ventaja superó las previsiones más optimistas de quienes desearon expresar a la vez su oposición a las políticas liberales ubicadas en la médula del texto elaborado en primera instancia por el ex presidente Valéry Giscard D'Estaing, y al gobierno de Chirac, que entró en profunda crisis. La Plaza de la Bastilla, emblemática, era el centro de las celebraciones populares en la madrugada del lunes en París.

Niko Schvarz
EL PRESIDENTE CHIRAC, en una comparecencia lastimosa por TV, insinuó cambios en el elenco gobernante, ya que todo el mundo reclama la cabeza del primer ministro Jean-Pierre Raffarin, y prometió un impulso en su política interna. Una caricatura exhibida en la noche del domingo en un cotizado panel de TV 5 graficaba ese impulso con la imagen de un puntapié en el trasero.

Participación y debate público

Este referéndum registra el mayor porcentaje por el NO en la historia de la V República. Fue notable el grado de participación popular: el 70% del electorado, en contraste con el escuálido 20% que votó el 22 de setiembre de 1992 sobre el Tratado de Maastrich que dio origen a la construcción europea y resultó aprobado a gatas por el 51,05% de ese reducido número de votantes. El tratado fue objeto de una intensa y democrática discusión a lo largo del país, que definió el resultado. Los 9 países que ya se pronunciaron, en forma afirmativa, sobre el proyecto de Constitución europea, lo hicieron mediante decisión parlamentaria. Si se hubiese procedido en la misma forma en Francia, el tratado habría resultado aprobado por 92% de los votos. Esto señala el profundo divorcio entre el poder legislativo y la ciudadanía que ejerció su derecho soberano, y es un ingrediente significativo de la aguda crisis política desatada.

La mayoría se pronunció por una Europa social, más democrática, con mayor protección de los derechos de los trabajadores; contra las políticas liberales, la desocupación (la palabra "chômage es la que apareció con mayor frecuencia en los debates), las privatizaciones, la reducción del poder de compra ligada a la fortaleza del euro, la dislocación de empresas hacia los países del este con salarios menores y pérdida de empleos. Se colocó en entredicho incluso la política del Banco Central europeo.

El gobierno en el banquillo

Chirac se implicó en el debate hasta transformarse en el principal propagandista del SI. Las gráficas de evolución de las preferencias ciudadanas revela que su participación fue contraproducente. A principios de mayo las dos curvas se cruzaban en el 50%; de ahí en adelante, a medida que Chirac se involucraba más, el NO subía sin pausa y el SI bajaba. Algunas de sus intervenciones fueron realmente indecorosas, como las amenazas a los departamentos y territorios de ultramar (DOM y TOM, lo que resta del imperio colonial francés) de retirarles las subvenciones si no apoyaban el tratado. Chirac llamó a separar la Constitución europea de los problemas internos, pero la ciudadanía los unió. Su pronunciamiento fue contra la orientación económica y social que se está imprimiendo a la construcción europea, a la Europa de los 15 que ya pasó a 25, pronto a 27, más el controvertido ingreso (o no) de Turquía; y a la vez, contra la política del gobierno.

En ese sentido, tanto Olivier Besancenot, de la izquierdista LCR, como Marie-George Buffet, del PCF, destacaron que en la decisión referendaria se habían expresado las intensas luchas sociales que sacudieron al país en los últimos meses, por la defensa de la legislación social, el trabajo y el empleo. Los sectores laboriosos pusieron de manifiesto su cólera, como ya lo habían hecho en las elecciones regionales de la primavera de 2004. Un estudio sociológico publicado en Le Monde indica que ahora votó por NO el 79% de los trabajadores (un aumento de 18 puntos respecto al voto sobre Maastricht en 1992) y el 67% de los empleados (una suba de 14 puntos). Cambió el voto de las capas medias y profesionales, de 62% por el SI a 53% por el NO, lo que traduce "el profundo malestar social que abarca el país y subraya el nivel de inquietud frente a una Europa acusada de no proteger suficientemente a los asalariados frente a la mundialización", dice el estudio.

Heterogeneidad del NO

Ya se ha anotado la extrema heterogeneidad del NO. Unió a los socialistas encabezados por Henri Emmanuelli que rechazaron la opción oficial de su partido, la LCR y el PCF, la Vía Campesina de José Bové, el Mouvement des Citoyens de Jean-Pierre Chevènement, hasta los llamados "souverainistes" (o sea soberanistas, de derecha, contrarios al europeísmo como Philippe de Villiers), y la ultraderecha fascista de Le Pen.

Del otro lado estaba el oficialismo del PS (representada por Hollande, Dominique Strauss-Kahn, Lionel Jospin, Jack Lang, que recibieron desde fuera el apoyo de Schröder y Rodríguez Zapatero), aunque las encuestas indican que los electores socialistas votaron 44% por SI y 56% por NO.

Participaron también desde luego los dos agrupamientos del gobierno, UMP y UDF, pero más del 20% de ellos votó por NO. La dirección de los Verdes de Mamère optó por el SI pero el 60% de su electorado votó por NO. Por otra parte, Nicolas Sarkozy inició su campaña electoral hacia 2007, distanciándose de Chirac.

Holanda y el efecto dominó

El miércoles vota Holanda. ¿Se dará un efecto dominó? Marie-George Buffet pronosticó que "otros pueblos se levantarán para decir: '¡Basta ya!'". De cualquier modo, el futuro de la Unión Europea y su orientación están en tela de juicio.

Publicado en La República el 31 de mayo de 2005

Niko Schvarz
nikomar@adinet.com.uy

* Publicista uruguayo, miembro de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio.

 
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