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31 de mayo de 2005
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El Periódico de Catalunya - 31 de mayo de 2005

El 'no' abre la caja de Pandora

• Francia trastoca la construcción liberal de una Europa que ya no se ve como portadora de futuro

Sami Naïr
Profesor De Ciencias Políticas de la Universidad París-VII
y exeurodiputado socialista francés
La victoria del no (54,68% de los votos) al Tratado Constitucional y un índice de participación récord (69,34% de votantes), algo nunca visto en un referendo en Francia, es un acontecimiento histórico. Trastoca la construcción europea, pues plantea la cuestión de la orientación de dicha construcción. El pueblo soberano se ha pronunciado contra las élites económicas, mediáticas y políticas: no quiere una Europa liberal, americanizada, basada en la competición salvaje entre los más débiles.
Esta votación no puede ser reducida a una simple cuestión de política interior, como quieren hacernos creer los vencidos en el seno del Partido Socialista o en la derecha anti-Jacques Chirac. Está claro que el rechazo de la política de Jean-Pierre Raffarin-Jacques Chirac es masivo, pero esto no es lo más importante. De hecho, todo parece indicar que los franceses pretendían ajustar cuentas más antiguas: a fuerza de decirles que Europa es la causa de todos los sacrificios y que la soberanía ya no corresponde a nada, hete aquí que llaman soberanamente la atención de las élites rechazando el Tratado Constitucional.
Esta votación es, en primer lugar, consecuencia de la experiencia: a los franceses se les dijo, cuando se adoptó el Tratado de Maastricht, que llegaría el paraíso social. En 10 años, hay un millón y medio de parados más. Se les dijo que el euro iba a favorecer el poder adquisitivo: lo ha agravado en todas partes y ha incrementado la carestía de la vida cotidiana. Se les dijo que la privatización de los servicios públicos iba a favorecer al empleo: han obtenido la precariedad, el paro en aumento y la privatización progresiva del sistema de jubilaciones. Se podrían multiplicar los ejemplos, que los electores han recordado, con razón o sin ella, a lo largo de esta campaña. En pocas palabras, Europa no se percibe, ya no se percibe, como un proyecto portador de futuro. ¿De quién es la culpa?
Los franceses, conscientes de haber fundado el proyecto europeo, vuelven a poner en cuestión la ampliación liberal de Europa. La competencia de los bajos salarios, el derecho no controlado al libre establecimiento, las deslocalizaciones de las empresas francesas en países donde el impuesto de sociedades es nulo, las migraciones ilegales que se desarrollan sin control, todo ello ha comportado un profundo sentimiento de malestar social que, por otra parte, algunos dirigentes de la derecha xenófoba han querido utilizar durante esta campaña.

PERO EN EL fondo y en el seno de todas las tendencias políticas, los ciudadanos se niegan a dejarse "arrastrar hacia atrás" por unos países socialmente menos desarrollados. Esta actitud es el indicio de un sentimiento más profundo que las élites europeístas no han querido analizar: los intereses nacionales siguen siendo, para lo mejor y para lo peor, el motor de la identidad europea. Europa está compuesta por pueblos con intereses diferentes.
En el plano político interno de Francia, esta votación tiene un doble significado.
En primer lugar, se trata de un voto contra las élites que ostentan el poder. Todo el proceso europeo ha sido conducido por las clases dirigentes y las capas medias urbanas, con el olvido más absoluto de las clases populares. Nunca se había tomado en consideración su abstención masiva (aproximadamente el 60%) en todas las consultas europeas precedentes. Acaban de recordarnos que existen.
En segundo lugar, también se trata de una revuelta de la izquierda popular contra la ausencia de alternativa de los partidos socialdemó-
cratas. La mayoría de los electores de izquierdas, más del 60% de los cuales son socialistas, se ha pronunciado en contra de este Tratado liberal. Es un auténtico seísmo en el interior de la izquierda. Y se trata probablemente del final de una época. La onda histórica social-liberal ha sido enterrada por esta votación.
En la actualidad, este social-liberalismo, asentado en la alianza simbólica entre Tony Blair y José María Aznar en Lisboa en el 2000, no sólo es rechazado por los electores franceses, sino también en la mayoría de los países europeos con tradiciones sociales fuertes. En Gran Bretaña, la victoria de la izquierda laborista opuesta a Tony Blair es el punto destacado de las últimas elecciones; Alemania se orienta probablemente hacia abandonos importantes en el seno del SPD y la creación de un nuevo partido de izquierdas (es lo que propone el antiguo presidente del SPD, Oskar Lafontaine). En Francia, la dirección del Partido Socialista está deslegitimada. Es ineludible que se desate una crisis grave. El cambio es inevitable.

DE MANERA MÁS general, una recomposición de las fuerzas de izquierdas está al orden del día. Y se abre un periodo de reflexión que debería conducir a la elaboración de una alternativa real al liberalismo económico. Esto llevará su tiempo, pero no hay otra solución.
En el plano institucional europeo, todavía es demasiado pronto para prever lo que vaya a suceder. Pero lo seguro es que el Tratado Constitucional está muerto. Ya no puede ser adoptado jurídicamente puesto que ha sido rechazado por un país miembro. Y en Francia no habrá segunda votación sobre este texto. Sin duda, los holandeses seguirán hoy en su referendo el ejemplo francés. Y todo parece indicar que en Gran Bretaña Tony Blair no va a correr el riesgo de organizar una consulta electoral. En pocas palabras, el pueblo francés, proeuropeo, acaba de abrir la caja de Pandora.

Traducción de Xavier Nerín.
 
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