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1 de junio de 2005
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El Periódico de Catalunya - 23 de mayo de 2005

Carta a John Negroponte

• Eres el nuevo director del espionaje de EEUU. Si Bush deja que Rumsfeld te desplace, vete

Richard A. Clarke
Asesor antiterrorista en el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU cuando se produjeron los ataques del 11-S.
Querido John: has ocupado el cargo de primer director del Servicio Nacional de Inteligencia durante aproximadamente un mes. ¿Desearías volver a Bagdad? No me extraña.
La ley que creó tu trabajo estaba llena de compromisos proyectados para satisfacer a Don Rumsfeld y a los partidarios del Pentágono en el Congreso. Como consecuencia, la ley es ambigua (por decirlo con generosidad) acerca de tu autoridad sobre los servicios de espionaje del Departamento de Defensa y el FBI.
Siempre has sido un jugador de equipo, no un tipo que causara problemas. Pero este es tu último trabajo en el Gobierno, John, así que, ¿por qué no ponerse manos a la obra? De hecho, si no clarificas esas ambigüedades para que sea manifiesto que el director del Servicio Nacional de Inteligencia tiene autoridad real, habrás fracasado.
En este momento, Estados Unidos no puede permitirse que fracases. Así que aunque vaya en contra de tu estilo personal, métete en algunas contiendas. Y gánalas. He aquí algunas ideas sobre cosas por las que merece la pena luchar.

Reorganiza totalmente la CIA. La CIA tiene la moral baja y doble personalidad: medio espías, medio analistas. Saca a los analistas de ahí y ponlos directamente bajo tus órdenes como Oficina Nacional de Análisis. Bautiza luego a lo que quede como Servicio Clandestino Nacional. Agradece a Porter Goss sus servicios transitorios y escoge a alguien que realmente haya hecho algo de espionaje en los últimos 30 años para poner en marcha el nuevo equipo clandestino. Olvida la idea de doblar el número de espías; sólo era un argumento de relaciones públicas. Busca la calidad, no la cantidad.

Aplica la propuesta Silberman-Robb sobre el FBI. La comisión presidencial sobre servicios de información y armas de destrucción masiva propuso la creación del Servicio de Seguridad Nacional dentro del FBI, fusionando las unidades de análisis antiterrorista, espionaje y contraespionaje que estarían bajo tus órdenes, el director del Servicio Nacional de Inteligencia. Pero las reformas de Bob Mueller en el FBI se han quedado a mitad de camino y todavía no han creado una unidad de seguridad nacional de élite, experta, coherente y con medios modernos. El último informe dice que los nuevos analistas pasan gran parte de su tiempo haciendo de escoltas y vaciando basura.

Hazte con los juguetes de Rumsfeld. Expertos externos calculan que el presupuesto de los servicios de información estadounidenses supera los 40.000 millones de dólares al año. Dicen que aproximadamente el 75% de dicha cantidad se destina a los servicios del Departamento de Defensa como la NSA (espionaje electrónico), la NRO (satélites) y la NGA (imágenes y mapas). Estos feudos independientes son consecuencia de las luchas burocráticas de la guerra fría. La duplicación y la competencia son innecesarias. Fusiónalas en una Agencia de Inteligencia de Recopilación Técnica. Ahorrarás miles de millones, y puedes organizar la agencia en torno a nuestras nuevas prioridades: antiterrorismo, antiproliferación de armas químicas y biológicas, y apoyo a los enfrentamientos bélicos. Si Rumsfeld amenaza con empuñar su espada, déjale. El presidente tiene que decidir quién dirige estas agencias, y si no eres tú, vete.

Excelencia en el análisis. La nueva Oficina de Evaluación Nacional debería ser auténticamente diferente de la antigua unidad analítica de la CIA. Deja de reclutar chicos recién salidos de la universidad, dándoles una responsabilidad de la que no saben absolutamente nada y trasladándolos luego a otros asuntos siete u ocho veces en 20 años. Consigue auténticos expertos maduros en sus campos y hazles firmar un contrato renovable por un tiempo fijo. Olvida el polígrafo como mecanismo de selección. Mucha gente válida ni siquiera pensará en ingresar en la CIA debido a que conocen todas esas historias sobre estar sujeto con una correa alrededor del cuerpo, con electrodos fijados a las yemas de los dedos, para que luego te intimide alguien que quiere saber demasiados detalles irrelevantes y privados. Deja que el comité judicial haga las investigaciones.

DEJA DE decir que prestarás atención a la información "abierta" (es decir, no clasificada). Alienta el debate y la discrepancia, y hazles sitio a las personas dispuestas a asumir riesgos aunque a veces malinterpreten las cosas. Pero sigue de cerca a quienes lo entienden y a quienes no lo entienden, e intenta comprender por qué no lo han entendido. Incorpora las lecciones aprendidas a los análisis futuros.
Si no te gustan estas ideas, encuentra algunas que te gusten. Pero no quieras ser sólo un director que sabe crearse un buen ambiente de trabajo, John. Acuérdate de los fallos de los servicios de información en el 11-S y de las armas de destrucción masiva iraquís.
Las cosas no han mejorado tanto en la CIA, el FBI y las demás entidades de tres letras. Y los malos siguen rondando por ahí.

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Richard A. Clarke
Asesor antiterrorista en el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU cuando se produjeron los ataques del 11-S y autor del libro Contra todos los enemigos.

© 2005 Richard A. Clarke. Distribuido por The New York Times Syndicate.
Traducción de Xavier Nerín.
 
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