| Clarín
de Argentina - 1 de junio de 2005
La caída
de Nixon:
Un caso emblemático
Motor para
la prensa de investigación
Paula
Lugones
Corría el invierno de 2000 en Nueva York cuando Carl Bernstein, ante unos 10 alumnos de la cátedra de Investigación de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, desplegó una sonrisa entre divertida e irónica: "¿Y? ¿No me van a preguntar quién es 'Garganta profunda'?"
Nadie llegó a plantearle el mayor enigma de la profesión, porque todos sabían de antemano la respuesta: el secreto mejor guardado del mundo periodístico sólo sería revelado cuando el gran protagonista falleciera, aclaró como si hiciera falta, el mítico investigador del caso Watergate.
Bernstein, bien lejos de su silueta delgada, con la que recorría la redacción de The Washington Post en los 70, reafirmó una de las reglas básicas del periodismo: no revelar la fuente que suministra una información off the record. Finalmente sale a la luz, pero por iniciativa de la misma fuente.
Los primeros investigadores en el periodismo estadounidense hay que buscarlos a principios de siglo en los llamados "muckrakers" (algo así como buscadores de basura). Según diversas fuentes, poco a poco comenzaron entonces las presiones gubernamentales y empresariales contra los medios y de los 20 a los 60 muy pocos pudieron desarrollar periodismo de investigación.
En los 60 surgieron los "Nuevos muckrakers", entre ellos Nicholas Cage, del The New York Times (denunció las relaciones de Frank Sinatra con la mafia) o Seymour Hersch, ganador de varios Pulitzer, autor de la investigación de la matanza de Mi Lay, en Vietnam, en 1968.
El caso Watergate no sólo tuvo tremenda repercusión en EE.UU. sino en todo el mundo. Watergate demostró que "se imponía con cierta urgencia la necesidad de considerar la información como algo susceptible de ser trabajado más a fondo, de ser documentado, ampliado, verificado, contextualizado, indagado y, en definitiva, investigado", explica la experta española Montserrat Quesada.
En los grandes diarios de EE.UU. comenzaron a formarse equipos de investigación y a invertir tiempo y dinero en el área. Y, aunque en el mundo había ejemplos aislados (el argentino Rodolfo Walsh había escrito en 1957 su excelente
Operación Masacre, sobre los fusilamientos de militantes peronistas en José León Suárez), en la prensa gráfica su trabajo no había sido sistematizado.
En España, el auge de esta especialidad comienza en los 80 con las primeras pesquisas sobre el caso GAL los grupos paramilitares que perseguían a los miembros de ETA durante el gobierno socialista, iniciadas en 1983 por Diario 16.
En América latina también comienzan a formarse equipos de investigación en los principales diarios, una tendencia aún en expansión. Pero no es un trabajo fácil: además del esfuerzo de las empresas periodísticas, requiere que los cronistas salgan de las redacciones, miren más allá de sus narices, busquen documentos y, en definitiva, tengan casi un alma de detective.
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