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2 de junio de 2005
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El Periódico de Catalunya - 2 de junio de 2005

Fin del enigma de ”Garganta profunda”

Josep Pernau
El secreto mejor guardado de la segunda mitad del siglo XX ha quedado desvelado. Garganta profunda, el cerebro que dirigió los pasos de los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein en el enigmático caso Watergate, fue Mark Felt, número dos del FBI entonces, felizmente con vida a sus 91 años. Nadie ha alcanzado la gloria de descubrirle. Él mismo lo ha revelado.
Indicaba a los periodistas por dónde tenían que investigar y los plumíferos buscaban la confirmación y las pruebas de la confidencia. De no haber trabajado así, habrían acabado despedazados por la maquinaria represiva del Partido Republicano. Trabajaron seriamente y fue el presidente Nixon el que tuvo que dimitir, hace ya casi 31 años. Por tramposo y embustero. Un presidente que miente no merece seguir ostentando el máximo poder del mundo. El mérito era de los tres, pero también del director de The Washington Post, Ben Bradlee, que aguantó las presiones y amenazas de los burócratas republicanos, y de una empresa responsable que respaldaba el trabajo de los demás. Así se consiguió uno de los éxitos mayores de la historia del periodismo.
Pero si al confidente se le ha de agradecer el gran servicio prestado a la humanidad, se le ha de echar en cara también el gran perjuicio que han causado sin pretenderlo. Que Dios le perdone cuando llegue el momento. Durante tres décadas, por todo el mundo han aparecido pretendidos émulos de Woodward y Bernstein cuyo máximo éxito habrá sido conseguir la dimisión de un concejal y que han querido dar lecciones a toda la profesión periodística de su pretendida maestría en el género del periodismo de investigación. Son colegas que ahora se sienten injustamente tratados, porque no se les ha concedido el Pulitzer.
 
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