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6 de junio de 2005
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La Jornada de México - 6 de junio de 2005

La infamia de Guantánamo

Editorial
En su edición de ayer, The New York Times se hizo eco de la enérgica crítica formulada hace unos días por Amnistía Internacional (AI) a las condiciones en que el gobierno de George W. Bush mantiene desde hace más de tres años a cerca de medio millar de prisioneros en el enclave militar de Guantánamo. Virtualmente secuestrados, sin derecho a juicio ni defensa, sometidos a humillaciones regulares, a malos tratos y a torturas, menores de edad algunos de ellos, los cautivos de Guantánamo son, a ojos del mundo, la expresión más clara de las actitudes de la Casa Blanca contra la legalidad, la justicia, el sentido humanitario más elemental y los derechos humanos.

No son, por supuesto, los únicos: en diversos centros de detención de Irak y de Afganistán, como ha trascendido a la opinión pública, militares y mercenarios de Estados Unidos ponen en práctica los métodos más atroces y bárbaros de sometimiento, humillación y aniquilación de detenidos, independientemente de que sean culpables o inocentes de cualquier cosa, a contrapelo de las leyes internacionales y nacionales. Pero Guantánamo constituye, además, una muestra especial de soberbia del Ejecutivo estadunidense ante la Corte Suprema de Justicia de su propio país, la cual le ha ordenado inútilmente que entregue a los tribunales federales a los reclusos del enclave.

Si se analiza con detenimiento, el argumento central del rotativo neoyorquino no cuestiona la política de Washington de atropello regular a los derechos humanos, sino las consecuencias de tal política en el ámbito de la imagen pública: Guantánamo, dice la publicación, "es un regalo propagandístico para los enemigos de Estados Unidos, una fuente de vergüenza ajena para nuestros aliados y un instrumento eficaz de reclutamiento para los radicales islámicos, incluidos los futuros terroristas". En suma, lo que más escandaliza a The New York Times no es tanto la atrocidad en sí, sino el hecho de que sea señalada por los más diversos actores sociales y políticos de todo el mundo, no sólo, por cierto, por "los enemigos de Estados Unidos".

Cabe recordar que la comparación formulada por AI entre Guantánamo y los gulags de la era estalinista de la Unión Soviética generó marcada irritación en los círculos oficiales de Washington, los cuales no tuvieron forma más eficaz de respuesta que las descalificaciones y los epítetos contra la organización humanitaria. El informe de AI fue calificado de "absurdo" y "ridículo" por el propio Bush y sus voceros, y el secretario de Defensa Donald Rumsfeld ­responsable directo de las violaciones a los derechos humanos que se cometen en Guantánamo, en Abu Ghraib y en otras cárceles militares estadunidenses­ dijo, refiriéndose a Amnistía, que "quienes hacen acusaciones tan descabelladas pierden todo derecho a decir que son objetivos o serios".

Con un poco más de lucidez y de sentido de las relaciones públicas, el rotativo neoyorquino pide ahora el cierre de Guantánamo, la transferencia a tribunales regulares de aquellos prisioneros contra los cuales existan acusaciones concretas y viables, y la liberación de los restantes, procurando no entregarlos, en todo caso, a países en los que podrían sufrir torturas, como Siria, Egipto y Uzbekistán.

La aséptica preocupación del diario no parece acusar recibo de un hecho simple: el responsable principal de las torturas, los malos tratos y las humillaciones en el mundo es, hoy, el gobierno de Estados Unidos, de acuerdo con el señalamiento de Amnistía Internacional, declaración que es ampliamente compartida por millones de personas de buena voluntad dentro y fuera del país vecino.

 
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