uis Tomás Posada Carriles es un architerrorista al servicio del terrorismo
de Estado. Y el terrorismo de Estado al que está adscrito forma parte de los
métodos especiales de un poder que busca imponer sus intereses en las contiendas
políticas, haciendo germinar, las veces que sea necesario, el uso paralizante de
un miedo social, intenso e ilimitado, obviamente de carácter intimidatorio.
El terrorismo de Estado no es el único terrorismo, pero sí el de mayor
cuantía. Sus concepciones constituyen una perversión de la razón, al punto de
que sus procaces auspiciadores y gestores niegan la paternidad y los vínculos
que pudieran tener tanto con las redes organizadas en su favor como con los
operadores directos, tratando además de esconder su peligrosidad patológica.
Tras un historial tenebroso, la última fechoría conocida de Posada Carriles
-por muchos años con sueldo de la Agencia Central de Inteligencia de Estados
Unidos; asesor de los servicios represivos de Venezuela, Guatemala, El Salvador,
el Chile de Pinochet, la Operación Cóndor y siempre a disposición de la
Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA)- consistió en intentar, una vez más,
ahora en Panamá, el magnicidio del presidente cubano, Fidel Castro, durante la
Cumbre Interamericana del año 2000, acompañado de sus secuaces Gaspar Jiménez
Escobedo, Pedro Ramón y Guillermo Nava.
Fue detenido, casi con las manos en la masa, antes de un juicio benévolo que
lo condenó a ocho años de prisión. Sorpresivamente en 2004, poco antes de
concluir su mandato, la entonces presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, lo
indultó aduciendo razones humanitarias y de edad. Según se ha dicho, en
condiciones muy difíciles para establecer la verdad con exactitud, el costo de
la "compasión" de Moscoso para firmar el indulto ascendió a 4 millones de
dólares, suministrados por la FNCA.
Lo de Panamá no se puede tomar a la ligera: el proyecto posadista llevaba la
espectacularidad de los grandes actos de terrorismo y la marca delirante de su
autor, indiferente a la naturaleza de los explosivos que se utilizarían para
asesinar a Castro y a centenares o miles de paisanos míos, que acudirían esa
noche que se pretendía siniestra a escuchar al mandatario cubano en el
anfiteatro de la Universidad de Panamá.
Luego del indulto de 2003 se supo por la prensa que Posada Carriles se había
refugiado en Honduras, en donde se le perdió el rastro, para reaparecer hace
poco en Estados Unidos. Conforme a su norma de vivir un tiempo en la penumbra y
apelar en su momento al exhibicionismo, fue detenido luego de una conferencia de
prensa en la que solicitó asilo político en ese país.
Lo que pudiera haber hecho Posada desde que la señora Moscoso lo indultó
hasta ahora, nos inquieta, pero nos preocupa también el porqué de su presencia
en Estados Unidos y su petición de asilo.
¿A qué se debe que el terrorista, de cuya personalidad nadie duda, reiterando
abiertamente el origen de su vida ominosa, regrese ilegalmente a Estados Unidos
con documentación falsa y pida públicamente, en el momento más inoportuno para
sus protectores, que se le conceda el rango de asilado? ¿Acaso se le olvidó a
Posada que Bush hijo se proclamó jefe del antiterrorismo mundial? ¿El
perseguidor disfrazado de perseguido quería asilarse para olvidar los ecos de
las 76 víctimas que murieron en el estallido del avión de Cubana, cerca de la
costa de Barbados, que llevaba la ruta Caracas-La Habana? ¿O defenderse de los
estertores del Fabio Di Selmo, el ciudadano italiano que murió en La Habana a
consecuencia de los bombazos que él organizó en hoteles turísticos?
En Posada Carriles debe haber habido un error de cálculo. A pesar del apoyo
del trogloditismo reaccionario de América Latina, no debe haberse sentido muy
seguro en donde se encontraba oculto y, finalmente, pensó en la matriz de donde
salió. Por tanto, fraguó su itinerario para llegar al santuario, confiado en que
sería bien recibido y en la omnipotencia mundial del gobierno de Estados Unidos.
Pero llegó en el peor momento para el imperialismo. En el momento en que la
mayoría de los pueblos niegan que George Bush hijo sea abanderado del
antiterrorismo. La gente entiende cada vez más que los actos bárbaros del 11 de
septiembre de 2001 sirvieron de subterfugio para librar "guerras preventivas" de
hegemonía mundial, y que el despertar de América Latina quiere interrumpirse con
acuerdos económicos asimétricos y haciendo de la OEA un fiscalizador periódico y
policiaco del carácter gubernamental de sus estados miembros.
En ese momento, rápidamente así descrito, llegó Posada Carriles,
indocumentado o mal documentado, y sin tapujos solicitó a Estados Unidos que le
conceda el carácter de asilado, mostrando el vínculo de simpatía existente -por
lo insólito de la aberración jurídica de la propuesta- con quien lo ha
amamantado. Quizá pensó, sin tomar en cuenta el tiempo transcurrido, en una
solución próxima a la de su socio de aventuras, Orlando Bosh, quien participó
con él en la voladura del avión de Cubana en Barbados y vive tranquilamente en
Estados Unidos, indultado por George Bush padre.
Para taparle el ojo al macho, la respuesta gubernamental a la petición de
Posada ha sido la cárcel, en condiciones cómodas, mientras se examina su ingreso
ilegal al país, al tiempo que se discute a qué nación podría ser extraditado y
procesado por los delitos cometidos.
Se habla de México por su calidad de país fronterizo. Pero México no lo ha
pedido y su canciller, Luis Ernesto Derbez, ha declarado enfáticamente que si
Posada fuera deportado aquí lo enviaría para que sea juzgado en Venezuela. Lo de
enviarlo a Cuba se menciona poco, a pesar de que fue allí donde los bombazos en
hoteles, organizados por su cuenta, provocaron la muerte de un turista italiano.
Se argumenta también que en Cuba aplica la pena de muerte, pero no se repara en
que esta sanción extrema está consagrada en las leyes de Estados Unidos.
A la nación que jurídicamente corresponde reclamar a Posada Carriles, para
procesarlo en primer término, es Venezuela, pues adoptó esa ciudadanía y se fugó
de una cárcel de ese país cuando era juzgado por su monstruosa participación en
la muerte de 76 personas en 1976.
¿Que hará el gobierno de Estados Unidos? No vamos a jugar a las adivinanzas.
Millones de seres humanos, sin exageración, no sólo deseamos la condena
individual de Posada Carriles con un prontuario harto conocido, sino participar
en la denuncia por terrorismo de Estado, su fuente de origen, que viola
inclusive las leyes de la guerra y amenaza con volver al mundo a las más oscuras
épocas de su historia salvaje.