| La
Nación de Argentina - 11 de junio de 2005
Tabaré Vázquez,
con más apoyos que críticas
Lo cuestiona la izquierda dura,
pero lo apoya el FMI
Nelson
Fernández
Corresponsal en Uruguay
Con el aval unánime de los directores del Fondo Monetario Internacional (FMI), con cuestionamientos de militantes radicales que sienten que se están arriando banderas históricas de la izquierda, con el reconocimiento de miles de pobres, con la cautela de sindicalistas y con la expectativa de empresarios, el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, cumplió ayer cien días al frente del primer gobierno de izquierda de este país.
Cien días marcados por las críticas, por el agradecimiento de quienes empezaron a cobrar un subsidio en dinero, por los llamados de sindicalistas que advierten que la política económica es poco generosa en aumentos salariales y por el temor de los empresarios que quieren confiar en el rumbo fijado por las autoridades, pero se inquietan cuando ven que la nueva administración oscila entre posiciones encontradas de los partidos y grupos que forman la coalición Encuentro Progresista-Frente Amplio.
Vázquez asumió el 1° de marzo luego de ganar en octubre la elección presidencial con el 50,45% de votos y de desplazar a los partidos Colorado y Blanco, que se alternaron en el poder durante casi 175 años.
El nuevo gobierno ha tratado de cumplir sus principales promesas electorales, como el plan de emergencia contra la pobreza, la investigación de los casos de desaparecidos, pero también se ha preocupado por dar señales al sector empresarial sobre condiciones favorables a la inversión privada.
Con la mitad más uno en ambas cámaras legislativas, el gobierno de izquierda tiene asegurada la mayoría para sancionar leyes, frente a una oposición que quedó aplastada tras la votación de octubre y las elecciones municipales de mayo, cuando el Frente Amplio ganó, por primera vez, el gobierno de varias intendencias del interior del país.
Sin embargo, en los últimos días la oposición logró asomar la cabeza con críticas al Poder Ejecutivo, que quedó prisionero de una serie de enredos en el Ministerio de Salud Pública con el tratamiento de radioterapia a niños con cáncer.
Pero más que problemas con la oposición, el gobierno ha tenido que sortear las divergencias internas de los grupos de la izquierda.
Esas diferencias quedaron expuestas en dos "cabezas visibles": por un lado, el moderado ministro de Economía, Danilo Astori, que hace unos años hizo un aggiornamiento del pensamiento tradicional de la izquierda uruguaya, y, por otro lado, el ministro de Ganadería, José Mujica, un ex guerrillero que sigue liderando el Movimiento Tupamaro. Su sector fue el mayoritario en las elecciones y Mujica ha tratado de hacer pesar sus votos en las decisiones de Vázquez, aunque se encontró con un presidente que da total respaldo a su ministro de Economía.
El principal punto de choque fue el tratamiento dado al endeudamiento de productores rurales y de familias que tomaron créditos en dólares antes de la devaluación. El sector de Mujica impulsó un proyecto de ley para suspender ejecuciones a morosos y forzar a los bancos a refinanciar con sus deudores. Astori se opuso frontalmente a romper los contratos entre privados y, tras largas discusiones, no hubo ley ni decreto, sino un listado de sugerencias a la banca para estudiar "caso a caso" y refinanciar a los que tienen voluntad y capacidad de pago.
Algunos medios de prensa de izquierda han sido críticos con el nuevo gobierno porque le exigen el cumplimiento de principios que se levantaron durante décadas de oposición y consideran que no se está concretando "el cambio" propuesto.
La herencia
Vázquez sostiene que su gestión demuestra un cambio con lo hecho por colorados y blancos, y pone su popularidad en juego para reivindicar su gestión. Anteayer, cuando se cumplieron los primeros 100 días de gobierno, hizo una sesión especial del Consejo de Ministros en la ciudad de Bella Unión, en la frontera con Brasil, una de las zonas más pobres del país.
Cuando se lo cuestiona por lo restrictivo en materia fiscal, Vázquez habla de "la herencia" que le dejaron colorados y blancos, con una deuda igual al tamaño de la producción local anual y con un déficit fiscal que hay que financiar todos los meses.
Entre las primeras medidas de gobierno están la reanudación de los lazos con Cuba, la investigación de los 30 casos de desaparecidos durante la dictadura y la ejecución de un plan de emergencia para los más pobres.
El acuerdo con el FMI -aprobado el miércoles por unanimidad- significa un crédito por tres años, con un programa económico muy restrictivo en materia de gasto público, austero en los aumentos salariales para funcionarios públicos y con énfasis en control de la inflación mediante política monetaria. Duro de tragar para los militantes más radicales y generador de expectativas entre empresarios. Estos esperan que dé resultado el acuerdo con sindicatos que propuso Vázquez para generar "un clima de negocios" que favorezca la inversión privada y genere empleos.
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