ohn F. Kennedy, Omar Torrijos, Gral. Schneider, Gral. Pratt, Orlando
Letelier, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, Salvador Allende, Ernesto Che
Guevara, fueron sólo algunos de los nombres de personalidades asesinadas a lo largo de
estas décadas.
Cambian los nombres y las circunstancias, pero los métodos se repiten.
Cuando figuras representativas y de raigambre popular molestan al establishment, éste
recurre a todos los métodos, inclusive al asesinato, para hacerlas desaparecer.
Las tres jornadas intensas desarrolladas en el Palacio de las
Convenciones de La Habana, convocadas bajo el título CONTRA EL TERRORISMO, POR LA VERDAD
Y LA JUSTICIA, fueron de una claridad y contundencia demoledoras.
Los dos últimos siglos de nuestro continente desfilaron por su tribuna
y recordaron y trajeron a la memoria vigente, la dureza y la crudeza de la lucha por la
independencia de nuestra América.
En el trasfondo de los acontecimientos históricos están los recursos
naturales de nuestro continente, en manos de quién queda su propiedad y usufructo, en
concreto, el petróleo.
Se analizaron, en particular, las dictaduras del Cono Sur de la década
de los 70 y su siniestro Plan Cóndor.
Al llamado de Pinochet e instrumentado por el general Contreras, se
concertó una Santa Alianza del crimen, las desapariciones y el intercambio de
prisioneros.
Pero este plan traspasó las fechas formales de la desaparición de las
dictaduras, como en el caso del químico chileno Eugenio Berríos, asesinado en nuestro
país entre 1993 y 1994, con la complicidad de militares chilenos y uruguayos.
¡Si habrá que poner las barbas en remojo!
Pero, singularmente, el foco de los intercambios estuvo centrado en dos
temas. La detención del terrorista Posada Carriles, viejo y encanallecido agente de la
CIA, por ingreso ilegal en los Estados Unidos. Cubano vinculado a la mafia de Miami, de un
tenebroso prontuario, no sólo contra Cuba, con crímenes monstruosos como la voladura de
un avión civil, en Barbados, con la muerte de 73 víctimas humanas, de un trágico 6 de
octubre de 1976.
Este viejo terrorista, torturador en la DISIP venezolana, responsable de
atentados con bombas en La Habana, que le costaron la vida a un turista italiano y con
huellas flagrantes en la guerra de baja intensidad contra Nicaragua en la década de los
80, que tuvo como base de operaciones desde El Salvador. Pues bien, sobre este prófugo de
la Justicia pesa orden de captura, por su evasión de cárceles venezolanas; esto se
extiende al extraño y apresurado indulto de cárceles panameñas, emitido por la ex
Presidenta Mireya Moscoso, en vísperas de la asunción del nuevo presidente Martín
Torrijos.
(Cabe acotar que este frankestein del terrorismo, junto a otros tres
cómplices, estaba preso en Panamá por intento de voladura del Paraninfo de la
Universidad de Panamá, con cinco mil personas en su interior, durante una programada
alocución de Fidel.)
Luego de esta liberación se inicia un peculiar periplo de ingreso
ilegal a Cancún y tránsito por México hasta llegar clandestinamente a Estados Unidos.
En momentos en que Estados Unidos libra una guerra a muerte contra el
"terrorismo", ¿cómo se explica el ingreso ilegal de semejante personaje? Si no
hubiera connivencia desde las alturas del poder, esto sería inimaginable.
El Parlamento uruguayo debiera pronunciarse respecto a esta situación
del terrorista Posada Carriles y exigir el cumplimiento de las normas del Derecho
Internacional, que obligan su extradición hacia Venezuela, país reclamante.
Esto nos lleva al segundo tema que quiero presentar y planteado con
alarma en el Seminario. El peligro real de vida que pesa sobre la figura del Presidente
venezolano, ungido por las urnas, Hugo Chávez Frías. Agotados los caminos
institucionales, como sucedió con Allende, se han puesto en marcha planes que incluyen
los atentados, la desestabilización y el magnicidio.
Se cuenta con la complicidad de paramilitares colombianos, ingresados
ilegalmente a territorio venezolano, sicarios, vinculados a la mafia cubana de Miami, a la
CIA y a la oligarquía venezolana. No hablamos de fantasías ni de delirios de
persecución, sino de planes concretos detectados a tiempo pero que conllevan real peligro
de concreción.
Chávez puede ser el Salvador Allende del Siglo XXI.
Desde el Cono Sur democrático, que sufrió las terribles dictaduras de
los 70, y que tuvo su huevo de la serpiente en el Golpe de Estado brasileño de 1964, como
magistralmente lo presentó el poeta brasileño Thiago de Mello, levantemos nuestra voz.
La voz de alerta, la voz de la democracia, la voz de unir pueblos y
gobiernos para detener la mano asesina.
Estamos a tiempo.