n las remezones que se generaron en Europa tras los resonantes rechazos
a la Constitución europea en Francia y Holanda, así como en la actual Asamblea General
de la OEA en Estados Unidos, en el fondo lo que está en debate es el gran tema de la
democracia, de su esencia y de sus métodos. En este terreno estamos presenciando hechos
nuevos y profundamente aleccionadores.
Nunca en la OEA se registró una situación como la vivida estos tres
días en Fort Lauderdale, Florida. Durante medio siglo largo, desde su fundación en 1948,
Estados Unidos dictó su voluntad omnímoda en el organismo interamericano, que a justo
título se conoció como su Ministerio de Colonias. El imperio digitó los sucesivos
secretarios generales (del uruguayo Mora Otero al colombiano Gaviria); desde allí el
secretario de Estado John Foster Dulles decretó la invasión de Guatemala que en 1954 dio
por tierra con el régimen democrático del coronel Arbenz; en la conferencia de
cancilleres de enero de 1962 en Punta del Este se expulsó a Cuba; el organismo cohonestó
todas las invasiones de los marines yankis a nuestros países, desde República Dominicana
a la isla de Granada y a Panamá. Ahora las cosas comenzaron a cambiar, porque accedieron
al gobierno fuerzas populares y de izquierda en varios países del continente.
En esta coyuntura, a lo largo de siete meses EE.UU. no pudo imponer su
candidato a la secretaría general. Miguel Angel Rodríguez y luego Paco Flores fueron
barridos y por último Derbez, el canciller de Fox, debió renunciar. En la reunión de la
Florida, lanzó sus pesos pesados a la batalla, Condoleezza Rice y el propio Bush, para
intentar torcer la voluntad soberana de las naciones americanas e imponer un sistema de
"monitoreo" de la democracia, de inequívoca factura intervencionista y apuntado
claramente contra Venezuela (y contra Cuba en la alocución de Bush). Pero se encontraron
con mayor oposición que nunca. El día en que la secretaria de Estado pronunció su
discurso, horas antes el presidente Chávez afirmó que "si aquí hubiera que
monitorear algún gobierno de la OEA, sería el de los Estados Unidos, un gobierno que
apoya terroristas (aún no se ha definido sobre la extradición del architerrorista Luis
Posada Carriles), que invade pueblos, que atropella a su propio pueblo, que pretende
instalar una dictadura global, violador de los derechos humanos como ningún otro gobierno
en el mundo". En su discurso ante la Asamblea, el canciller venezolano Alí
Rodríguez declaró que debía ser respetado en todas las circunstancias el principio de
la no injerencia en los asuntos internos de cada nación, los cuales debían ser resueltos
por la voluntad soberana de sus pueblos. Cualquier otra actitud, reafirmó, violentaría
las bases mismas de la Carta de la OEA.
La secretaria de Estado comparó la situación actual del continente con
la imperante 31 años atrás, última vez que se reunió la OEA en territorio
estadounidense. Lo que no dijo es que las dictaduras de aquellos tiempos fueron impuestas
por el imperio a través de golpes de estado, desde el del 31 de marzo de 1964 en Brasil
que fue el golpe de Lincoln Gordon, al de Pinochet el 11 de setiembre de 1973 que fue el
de Nixon y Kissinger, la Braden Copper y la ITT, y todos los demás. Después los pueblos
con su lucha acendrada reconquistaron la democracia. Pero regímenes genuinamente
democráticos, que llegaron al gobierno por votaciones ampliamente mayoritarias del
pueblo, están hoy como ayer en la mira de Washington, tal el caso de Venezuela.
Una breve reflexión ahora sobre el debate en torno a la Constitución
europea. Los pueblos de Francia y Holanda dijeron NO por mayorías concluyentes y con muy
alto porcentaje de participación. Anteriormente, 9 países se habían pronunciado por el
SI, ocho de ellos por votación en el Parlamento y uno (España) por referéndum, en el
cual el PSOE y el PP votaron por SI y la participación fue escasa. En el caso de Francia,
si se hubiese optado por el mecanismo parlamentario, el SI habría recogido más del 90%
de los votos. Pero el hecho es que se generó un amplísimo debate de opinión, entre dos
concepciones de la Unión Europea: la Europa social y la Europa neoliberal, para decirlo
en forma esquemática pero aceptada en su esencia. El debate cortó transversalmente a los
partidos, sobre todo a los inclinados hacia el SI, con los resultados conocidos. El lector
podrá extraer sus conclusiones sobre las relaciones de los partidos con la ciudadanía,
sobre la democracia y su funcionamiento.
Para ello es importante observar el temblor que les entró a los
partidarios del SI en los países que tienen en su agenda definiciones próximas, todas
por vía de referéndum (Luxemburgo, Dinamarca y Portugal). El caso aún más típico es
la Gran Bretaña de Blair, con referéndum fijado para mediados de 2006. Jack Straw
concurrió el lunes a los Comunes y dijo que la consulta popular ha sido postergada
indefinidamente. El dueño de la pelota se la lleva cuando tiene el palpite de que su
cuadro va a perder. Es todo una definición de la democracia bajo el socialismo de Su
Majestad.