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17 de junio de 2005
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La República de Uruguay - 13 de junio de 2005

"Subversivo"
en Shangrilá

Medina no podía dejar de mostrarse nervioso. "Lo del Chalé Susy es una buena idea, pero Gavazzo no deja de ser muy burrito", había comentado en reserva. Comprendía que la misión encomendada era de alto riesgo: los dos camiones de soldados que venían a detenerlos no sabían del falso operativo.

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Facsímil de El Diario, cuando el falso operativo del chalé Susy.

Ese martes 26 de octubre de 1976, Ricardo Medina y una mujer policía eran los únicos represores que permanecían sentados en el suelo de la sala del chalé ubicado en Avenida de las Américas y Santa Bernardita, del balneario Shangrilá, junto a cinco subversivos que serían capturados como "invasores".

Sara Méndez, Asilú Maceiro, Elba Rama, Ana Quadros y Sergio López Burgos también estaban expectantes. Eran militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), que hasta entonces habían sobrevivido a todo tipo de apremios desde su secuestro en Buenos Aires y su posterior traslado a Uruguay.

Cuando faltaban pocos minutos para que el lugar fuera asaltado por efectivos que creían que allí había un grupo de "tupamaros" armados, ninguno de los presos pensaba en escapar. Deseaban ser "blanqueados" y procesados por la justicia militar, según se había negociado con el propio Gavazzo.

Los cinco civiles habían caído en julio en Argentina, soportaron los apremios en el centro de represión Automotores Orletti de Buenos Aires, fueron traídos clandestinamente a Montevideo, vueltos a torturar en el "300 Carlos R", la casona de Punta Gorda, hasta llegar a las negociaciones en la sede del SID.

Veintitrés hombres y mujeres en esa condición aparecerían capturados en un show mediático ideado por Gavazzo y la dictadura con el objetivo de mostrar a Estados Unidos que no podía suspender la ayuda militar a Uruguay para la lucha contra la subversión, cuando Jimmy Carter iba a ganar las elecciones.

Medina jugaba con su anillo de oro engarzado por un rubí rojo, o movía en su muñeca la pulsera con un águila de plata, que era moda en esa época. Tenía miedo de que entraran a sangre y plomo. Por un momento sospechó que Gavazzo pudiera matarlo para transformarlo en un mártir quizás necesario.

Apologista de la tortura

El grupo había llegado temprano al chalé Susy. Lo suficiente como para enviar a Sara Méndez y Ricardo Medina a comprar un asado en una de las carnicerías de Carrasco y que Elba Rama, custodiada por un soldado llamado Julio Casco, adquiriera algo de verduras en un comercio del balneario.

Como forma de hacer ver a los "subversivos" en la zona, ya habían hecho movimientos días antes en el lugar. A Elba se le ordenó ir a la casa de unos vecinos con la excusa de pedir fósforos. Hasta el jefe del SID, coronel Juan Antonio Rodríguez Buratti, llegó para almorzar y "hacer número" en la casa.

Al quedar solos surgió el tema de los apremios físicos recibidos y Medina superó sus nervios para hacer una apología de la tortura. "Es necesaria. Se necesita información rápidamente y hay que sacarla como sea", dijo. No tuvo tiempo de explicar por qué se seguía torturando cuando ya nada quedaba por saber. 

A las 17.00 horas en punto, los soldados llegaron y se desplegaron en torno al chalé. Pedro Mato entró primero y no pudo evitar reír a carcajadas al verlos en el suelo. Medina, aún nervioso, lo puteó. "¿No habría que robar algo?", cambió el tema Mato, mientras se guardaba una lámpara de vidrio. 

El Conejo Medina fue esposado, se sacó la camisa para afuera y desalineó su ropa para simular un forcejeo. Los metieron en el volkswagen (un fusca) en el que habían llegado los subversivos, cuya llave de encendido lucía un llavero de basquetbol de Brasil que en Argentina le habían requisado a Elba Rama.

Los vehículos militares hicieron una larga caravana para hacerse ver. En varios hoteles de la ciudad se fingían similares operativos. Por todo Montevideo sonaban las sirenas y "camellos" militares aceleraban sin destino cierto. Medina, con la cabeza gacha, pedía que le relataran lo que iba ocurriendo.

Fue su mejor actuación. Pero al día siguiente, Medina era desplazado una vez más y el protagonismo lo adquiría Gavazzo, quien leyó el comunicado de la Dinarp en radio y dirigió la conferencia de prensa en la que se exhibieron 14 subversivos "detenidos por las fuerzas armadas al invadir el país".

 
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