La mayoría de los países de América Latina podría
presentar una demanda colectiva ante la justicia de Estados Unidos para que sean
juzgados -y en varios casos extraditados-, los terroristas de origen cubano que
cometieron crímenes de lesa humanidad, al haber colaborado con las dictaduras de
la región.
La actuación de grupos terroristas con base en Miami en la Operación
Cóndor, la coordinadora criminal de las dictaduras del Cono Sur en los años
70 y parte de los 80, quedó registrada en varias acciones, como el asesinato en
septiembre de 1976 en Washington del ex ministro chileno Orlando Letelier, uno
de los funcionarios más cercanos a Salvador Allende.
La presencia en Estados Unidos del cubano naturalizado venezolano, Luis
Posadas Carriles, uno de los hombres clave del entramado del crimen creado por
la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), ha servido como
disparador para reconstruir aquella historia de terror.
La reunión contra el terrorismo realizada recientemente por el gobierno
cubano permitió el encuentro en La Habana de investigadores de la Operación
Cóndor, y también ayudó a reunir testimonios de familiares de asesinados,
desaparecidos y sobrevivientes de la represión de las dictaduras
latinoamericanas.
Posadas Carriles, prófugo de la justicia venezolana cuando se le juzgaba por
la voladura del avión comercial cubano en 1976, que dejó 73 muertos, tiene otros
crímenes en su haber.
En Venezuela, adonde fue enviado por la CIA en la década de los 70, desempeñó
cargos en la policía de seguridad Disip y está acusado por torturas a
prisioneros. Está su paso por El Salvador, durante la guerra sucia
centroamericana, así como los atentados con bombas en varios hoteles de Cuba en
1997, que dejaron un turista italiano muerto.
Al igual que el cubano Orlando Bosch, también acusado por el atentado contra
el avión de Cubana, y otros como Guillermo e Ignacio Novo Sampol, Dionisio
Suárez Virgilio Paz y Alvin Rosss (estos cinco últimos inculpados como autores
de la voladura del automóvil de Letelier en Washington donde también murió su
secretaria estadunidense, Rony Moffit), Posada Carriles recibe la protección de
Washington.
Aunque entró ilegalmente a Estados Unidos, sólo fue detenido casi dos meses
después, cuando comenzó a dar entrevistas a los medios de prensa de Miami sin
ocultarse. Pero sólo ha sido acusado por cuestiones migratorias.
Muchos de los cubanos que trabajaron en América Latina para la CIA se
instalaron luego en Miami para integrarse a organizaciones anticastristas, otros
tuvieron cargos en la administración estadunidense, y algunos se han reciclado
en empresas que han logrado establecerse en diversos países del mundo.
El general Manuel Contreras, quien fue jefe de la DINA, policía política de
la dictadura de Augusto Pinochet, ha reconocido que Cóndor fue montada
por la CIA, y habló también de la responsabilidad de George Bush, padre del
actual mandatario estadunidense, y de "los cubanos de Miami".
Pero la actividad de Posada Carriles siguió en la región ya en el nuevo
milenio. Este, así como Novo Sampol y Gaspar Jiménez Escobedo, fueron detenidos
en 2000 en Panamá con explosivos que iban a usar en un atentado contra Fidel
Castro, quien asistía a la Cumbre Iberoamericana celebrada en ese país.
Washington presionó a la presidenta panameña, Mireya Moscoso, quien poco
antes de dejar su cargo, en 2004, indultó entonces al grupo de cubanos.
En Buenos Aires, representantes de grupos sindicales, populares, políticos y
sociales anunciaron que mañana lunes irán a la embajada de Venezuela para
entregar un documento en el que manifiestan su apoyo a la demanda de extradición
venezolana contra Posada Carriles.