En el encuentro contra el "Terrorismo, por la Verdad y la Justicia",
que se realiza en La Habana, se alertó del peligro real de un magnicidio
contra el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Ello fue
denunciado por el vicepresidente de ese país, José Vicente Rangel, que
habló ante los delegados de 69 países que participan en el evento. "Si
matan a Chávez --dijo-- el gobierno de EEUU será el principal
responsable". El objetivo es hoy, sin duda, Venezuela, país que provee a
los EEUU del 15 por ciento del petróleo que consume y que además tiene
bajo su suelo las reservas mayores que existen en el mundo. Es un bocado
demasiado importante para el presidente George W. Bush, integrante de una
"petrofamilia", que ha impulsado la política exterior de su país para
controlar, sin medir en víctimas ni costos, ese elemento no renovable cuya
producción está ingresando en un período de ocaso.
En La Habana, como es obvio señalar, se está analizando trabajar a
favor de una concientización continental que tenga en cuenta la actual
coyuntura, que determine acuerdos para denunciar en todos los ámbitos los
principales elementos de la política encabezada por el presidente de EEUU.
Para ello se han analizado las acciones terroristas llevadas adelante en
nuestro continente que, históricamente, han sido el producto de la
política impulsada por EEUU, que ha determinado una suma gigantesca de
víctimas.
"Debemos transformar el Cóndor en una gigantesca Ave Fénix", dijo
Castro en un momento de la discusión, simbolizando en la frase la
respuesta que se está construyendo para defender la integridad del
continente, dejando a los pueblos libres de zozobras, para así permitirles
construir su futuro.
Es evidente que la situación en América Latina se abre en varios planos
de análisis. Cuba, sin duda, es un país que se ha mantenido enhiesto por
años, pese al bloqueo y las agresiones. Es un vecino molesto para EEUU,
pero consolidado que, además, parece haber comenzado a resolver problemas
vitales. Muchos de ellos son visualizados con preocupación por quienes
vivimos en sociedades de consumo, sin advertir que en nuestra visión
manejamos otros parámetros de vida, diametralmente distintos a los del
pueblo cubano. Si se llevan a dólares los sueldos que cobran los
trabajadores cubanos, por ejemplo, quienes venimos desde otros países
quedamos sorprendidos. Sin embargo, cuando vemos la otra parte de la
realidad, advertimos que la cubana es una sociedad austera, pero con
elementos esenciales resueltos.
Los servicios públicos tienen un costo que está en relación con los
ingresos de la gente. Por el suministro de agua se paga 0,50 pesos cubanos
por mes, algo similar ocurre con la energía, que tiene una incidencia en
la economía familiar que no tiene comparación con lo que vivimos los
uruguayos. Las comunicaciones telefónicas nacionales tienen un precio
insignificante, pero no así las internacionales, que se incrementan por el
costo de las conexiones con diversos satélites europeos. El combustible
para ser utilizado en automóviles particulares se debe pagar en divisas,
siendo el del transporte colectivo una de las carencias más importantes
que se observan en la capital cubana.
La atención de la salud es gratuita, como también la educación. Y no
sólo eso. No hay un solo niño en edad escolar que no concurra a un centro
de enseñanza.
Niños que son provistos con ropas adecuadas, calzado, libros, etc.
Tampoco existe la desnutrición infantil, ni se repite en la isla el drama
que se verifica en la mayoría de los países del continente, que es la
muerte de niños por carencia de alimentación.
Son claros y oscuros de una sociedad particular y de un gobierno que
sigue creyendo como beneficioso el sistema de partido único y que, además,
no admite la disidencia política, de la que se defiende con firmeza. Sin
embargo, veamos el caso uruguayo, en que funciona una democracia
representativa formal pero en la cual más de un millón de personas se
encuentran sobreviviendo por debajo de la línea de la pobreza.
La centralidad de la estrategia de Bush no está dirigida hoy justamente
contra Cuba, país con el cual mantiene una vinculación que podría
calificarse de "neutralización" mutua, sino en contra de otros intereses,
esenciales en nuestra época, como la riqueza petrolera de Venezuela.
Por eso la cita en la capital cubana es un primer y decisivo paso. En
la medida en que el terrorismo de Estado (Plan Cóndor y otras variantes)
se vehiculiza en una alianza criminal entre la ultraderecha norteamericana
y su instrumental CIA, los ejércitos de distintos países, el fascismo y la
mafia anticubana, sean denunciados, repudiados, juzgados y erradicados, en
su esencia de filosofía de dominación, emergerá un futuro de justicia y
reales posibilidades de redención de nuestros pueblos. Es el comienzo de
un trabajo por la independencia del hemisferio, poniendo punto final a los
asesinatos y desapariciones alentados e impulsados por la CIA en América
Latina durante más de 50 años.
Un posible intento de magnicidio en contra del presidente de la
República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, podría considerarse como
una prolongación en el tiempo de la Operación Cóndor. El vicepresidente
venezolano, Rangel, en su intervención especial ante el plenario advirtió
que en la preparación del posible magnicidio están vinculados
paramilitares colombianos y sicarios cubanos residentes en Miami, y tras
ellos, moviendo los hilos, está la CIA.
"Ese sería un crimen de la CIA, un crimen del gobierno norteamericano,
un crimen del presidente Bush, y de su equipo de gobierno", puntualizó.
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(*) Periodista (participante del Encuentro contra el "Terrorismo,
por la Verdad y la Justicia", que se realiza en La Habana).