a entrada en Estados Unidos y renuencia de sus autoridades a aplicar la ley
al anitcastrista Luis Posada Carriles está trayendo consecuencias muy
comprometedoras para Washington. El adalid mundial de la "guerra contra el
terrorismo" quedará expuesto como el más grande promotor del terrorismo de
Estado en la historia universal, pese a los enormes recursos propagandísticos
dedicados a fomentar la imagen contraria. La actitud complaciente de George W.
ante Posada ha insertado de nuevo en el debate público algo que la maquinaria
mediática alguna vez informó de manera inconexa y parcializada pero guardó hace
tiempo en el cajón del olvido: la trasnacional del terror articulada por
Washington para mantener y ampliar su hegemonía en el mundo.
Hiroshima y Nagasaky no se borran de un plumazo. Gran parte del componente
latinoamericano y caribeño de este rompecabezas pudo ser armado con los relatos
escuchados en el reciente Encuentro Internacional contra el Terrorismo, por la
Verdad y la Justicia, celebrado en La Habana. Obviamente, se habría necesitado
de más de tres días para que todos los asistentes ofrecieran sus testimonios y
opiniones, atando más cabos sueltos de esta historia escrita con sangre. El
derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz y su estela genocida que segó unas
200 mil vidas. La Operación Cóndor, montada por la CIA y las dictaduras
militares de América del sur que llevaron a la muerte a decenas de miles de
activistas, sindicalistas, militantes revolucionarios e intelectuales de
Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil. El papel del gobierno de
Estados Unidos en la autoría del golpe de Estado contra el gobierno de Salvador
Allende, así como en el baño de sangre que le siguió. La guerra sucia
contra los movimientos revolucionarios centroamericanos y la Nicaragua
sandinista. Las invasiones yanquis a República Dominicana, Granada y Panamá. La
contrarrevolución (anti)cubana de Miami como brazo ejecutor continental de
represión, atentados terroristas y operaciones encubiertas de la CIA, que
llegaron hasta el Congo y Vietnam.
Así, Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano, ligado a
la represión en Venezuela, El Salvador, Argentina y Guatemala y responsable de
abastecer a la contra nicaragüense pudo ser visto no como individualidad sino
como integrante de una legión internacional del terror entrenada, organizada y
financiada por la CIA no sólo para actuar contra Cuba, sino donde Estados Unidos
lo requiriera. Tirando los hilos tras Pinochet, Videla, Stroessner, Banzer y
Figuereido fueron saltando a escena Ronald Reagan, George H. W. Bush (padre),
Henry Kissinger y John D. Negroponte. En fin, los estrechísimos vínculos de la
familia Bush con la mafia (anti) cubana, que alcanzan a los vástagos George W. y
Jeb, uno presidente de Estados Unidos y el otro gobernador del estado de
Florida. Es por eso que los reunidos en La Habana decidieron constituir un
tribunal internacional civil para juzgar estos crímenes y acusar como máximos
responsables de ellos a la ilustre nómina de personeros del imperio antes
citado. Y es que los sistemas judiciales establecidos han demostrado su
incapacidad para someter a proceso a los causantes de la eliminación física, en
nuestra región, de casi toda una generación de luchadores sociales y
revolucionarios.
La prueba más reciente de ello es la farsa judicial escenificada en el caso
de Posada Carriles, cuya detención fue llevada a cabo sólo después de casi dos
meses de su entrada ilegal en Estados Unidos, gracias a las vigorosas denuncias
de Fidel Castro y a la solicitud de extradición presentada por Venezuela.
Mientras tanto, y hasta que Posada compareció ante la prensa, las autoridades de
ese país decían desconocer su paradero e incluso llegaron a negar que estuviera
en su territorio. Ya detenido, sólo se le acusó de inmigrante ilegal y en la
primera vista del juicio de migración celebrada en El Paso, Texas, ni siquiera
se mencionó la solicitud venezolana de arresto provisional acorde al tratado de
extradición vigente entre los dos países. Está en Washington una delegación de
la Asamblea Nacional de Venezuela que entregará de nuevo a sus pares
estadunidenses la solicitud de extradición, ahora contentiva de un voluminoso
expediente, ya remitida por su cancillería al Departamento de Estado. El proceso
de Posada parece tomar un sendero de dilaciones que, mientras más largo, más
hundirá en el pantano a Bush, el cruzado.