Por otro, contrastando con esta agresividad exagerada, en muchos
ámbitos frentistas cunden ciertos niveles de desconcierto y
contrariedad.
Intentamos realizar estas reflexiones con el único enfoque que debe
hacerlo un militante responsable, es decir desde el ángulo de la acción
política. Con relación a la oposición, no podemos actuar ni sobre su
manera de pensar ni de sentir sus derechos al poder, a la propiedad, al
dominio.
Sí se puede incidir desde la acción política desde el FA como fuerza
política para ilustrar a la población acerca del porqué de las conductas
de los defensores del país conservador.
Dicho de otra manera, de la actual situación nosotros sólo podemos
cambiar nuestras formas de intervenir. Y es en eso donde el Frente da
muestras de carencias para las que, se suponía, ya estaba preparado para
sobrellevar.
Por ejemplo, resulta incomprensible que, apenas unas horas después de
realizada una reunión del Consejo de Ministros se entable una polémica
pública sobre cuestiones de fondo, como el tratado de protección de
inversiones con los EEUU.
Por momentos parece que se perdiera de vista que el gobierno está en
manos de un partido que tiene un programa común, una estructura de debates
común y una historia de luchas y persecuciones también compartida.
Y que lo que nos une contra los enemigos de los cambios es menos que lo
que nos separa de ellos. En lugar de cinco años de gobierno pareciera que
lo que tenemos por delante fuera una nueva elección dentro de unos meses
para la cual, cada uno de los líderes sectoriales, se tuviera que esmerar
en dejar claro su perfil.
Hay una suerte de rechazo implícito a toda idea de diferenciación con
los partidos del sistema, los partidos defensores del país conservador.
Mientras la oposición trata al gobierno como a un enemigo altamente
peligroso ("avasallador", "totalitario"), el lenguaje del gobierno hacia
la oposición sigue siendo extremadamente cuidadoso y a menudo inocuo.
Este desempeño "caballeroso" no parece compatible con el hostigamiento
crítico que desata la oposición. Ni con la verdadera identidad y
trayectoria de esos revitalizados fiscales de la moral pública, hasta ayer
hundidos en un siglo y medio de clientelismo, corrupción, nepotismo,
tráfico de influencias y demás.
Como algunos viejos maestros de izquierda advirtieron, muchas veces los
gobiernos populares están expuestos a caer en el riesgo del "angelismo",
es decir no aquilatar en su real dimensión la índole radical de las
confrontaciones de clase cuando ellas se dirimen en el plano del
gobierno.
En su magistral introducción a "Imperialismo y liberación en América
Latina", don Pablo González Casanova pasa una revista minuciosa a todas
las situaciones en las que la izquierda subestimó la densidad y fuerza de
la malevolencia de sus enemigos, aliados a los intereses extranjeros.
Por lo demás parecen predominar las preocupaciones económicas y los
enfoques economicistas. Por ejemplo en el proyecto de tratado con los EEUU
las que están en juego no son sólo cuestiones económicas. Están también
aspectos simbólicos y políticos que remiten no sólo a la exclusión de Cuba
sino a las relaciones con todo nuestro entorno geopolítico.
No preciso remontarme al pensamiento nacionalista de hace 50 años,
cuando no sólo la izquierda sino hasta el Herrerismo se oponían tenazmente
a toda política de identificación con aquel país en materia de política
exterior. Y eso que, al lado de George W. Bush, Harry Truman era un buen
samaritano.
Sobre este punto, en su edición de ayer, Página/12 publica un artículo
de Juan Gelman sobre la estrecha relación que para el gobierno actual de
los EEUU tiene la expansión militar entrelazada con los intereses
políticos y económicos imperialistas que defiende.
El trabajo de Gelman parece redactado para incorporarse a los
antecedentes que el Parlamento tendrá en cuenta a la hora de discutir
sobre el tratado.
Ahora bien, hay aspectos de la labor del gobierno que avanzan en el
sentido de su programa y de lo que han sido siempre las aspiraciones de la
izquierda.
En Salud Pública, por ejemplo, desde la instalación del nuevo gobierno
se ha venido impulsando un proceso llamado a tener hondas repercusiones en
el campo de la salud sobre la base de promover desde el Estado la
organización de los usuarios de los servicios de salud, tanto pública como
privada.
La iniciativa, lanzada desde el Concejo Vecinal 17, en el Cerro, se ha
venido desarrollando con un número creciente de participantes, vecinos
preocupados por la gravedad del déficit asistencial que padecen más de
92.000 personas que viven en la zona. Dos terceras partes de las cuales
viven en una situación de emergencia.
La experiencia innovadora del Cerro incluye algunos elementos que deben
ser jerarquizados. Por ejemplo la conducción de la organización pertenece
a los usuarios, es decir a los vecinos, que dejan, a partir de su
organización, de ser objeto de la labor sanitaria para ser también
protagonistas, junto a los funcionarios, los médicos, los paramédicos y
demás.
Otro aspecto significativo es que este proceso de descentralización y
autoorganización popular se apoya en lo que en el Cerro ya se ha avanzado
en la afirmación de su Concejo Vecinal, en el marco de la
descentralización que, con luces y sombras, ha venido impulsando la
Intendencia Municipal de Montevideo desde hace más de quince años.
Lo del Concejo Vecinal 17 jerarquiza ese proceso de descentralización y
le da un sentido estrechamente ligado a los problemas cotidianos que
afectan a la población.
En ese aspecto, la experiencia de la organización de los usuarios de
los servicios de salud fortalece una de las líneas esenciales de la
ideología política frenteamplista: el crecimiento de la ciudadanía y el
impulso a la participación.
La experiencia tiene aún otra arista valiosa. Como han descubierto en
el Vecinal 17, los problemas de la salud no pueden ser encarados con
prescindencia de los problemas de vivienda y de educación.
De ahí la importancia de que ese embrión de democracia directa para la
salud se incorpore a otras construcciones de la sociedad uruguaya como son
las cooperativas de vivienda, las organizaciones gremiales, los centros y
clubes barriales, etc.
No deja de ser esta una forma distinta y eficaz de luchar contra los
feudos médicos y la mercantilización de la medicina.
Asimismo las autoridades de la educación pública tendrán que procurar
insertar a la escuela y el liceo, dos poderosos factores de realización
social, en todo el proceso de educación para la salud, a través de su
participación en la acción preventiva.
Ahora bien, justamente en el impulso de estas formas de democratización
y participación popular es que están llamadas a cumplir un papel
fundamental las fuerzas políticas del Frente Amplio.
Mientras la estructura organizativa del Frente se mantenga en la
pasividad con relación a la sociedad a la que se aspira transformar, el
gobierno correrá siempre el riesgo de quedar aislado, sus ideas siempre
correrán el riesgo de quedar flotando en el vacío y las buenas intenciones
oscurecidas por el tratamiento malicioso que le dan los enemigos del
cambio.
Más que en el gobierno, una de las claves para tonificar la situación
política y mejorar las condiciones para el cambio está en el desempeño de
la fuerza política Frente Amplio que debiera salir de su atonía y de su
silencio.