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23 de junio de 2005
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La República de Uruguay - 23 de junio de 2005

Una mujer como suprema gobernante resulta
un desafío para un país que, como todos los de la región,
arrastra una sustantiva tradición patriarcal

¿Quién es Michelle Bachelet?

La médica Michelle Bachelet es la candidata presidencial de la Concertación de Partidos por la Democracia en Chile. Los cuatro partidos del bloque de centro izquierda que gobierna ese país, el Partido Radical Social Demócrata (PRSD), la Democracia Cristiana (DC), el Partido Socialista (PS) y el Partido por la Democracia (PPD), estuvieron calibrando quién de sus dos propuestas, la socialista Bachelet o la democratacristiana Alvear, era mejor recibida entre el electorado.

Marta Lamas*
Después de meses de una breve precampaña, incluso con debates públicos, y donde ambas se esforzaron en jugar limpio, las encuestas dieron un triunfo sobrado a Michelle Bachelet. Ante la realidad de los números, Soledad Alvear se retiró la semana pasada de la contienda, no sin antes otorgar explícitamente su apoyo a Bachelet.

Madre de tres hijos, Bachelet es una mujer con una dolorosa historia familiar. En 1973, cuando tenía 22 años, cursaba el cuarto año de medicina y militaba en las juventudes socialistas, su padre, el general de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, fue detenido por la cúpula golpista por su participación en una oficina gubernamental creada por Allende para asegurar el abastecimiento de alimentos y bienes esenciales, entorpecido por el sabotaje de la oposición de derechas. El general Bachelet, torturado y encarcelado, finalmente muere en 1974, a los 51 años. Michelle, detenida junto a su madre, logra viajar primero a Australia y luego a Alemania.

Pero Bachelet anhela regresar a Chile y lo hace a principios de los ochenta, terminando su carrera de medicina en 1983 como epidemióloga y pediatra. Trabaja como consultora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y de la GTZ, la oficina de la cooperación técnica alemana. De 1994 a 1997 es asesora en la Subsecretaría de Salud. En 1995 ya es integrante del Comité Central del Partido Socialista y en 1998 de su Comisión Política. En 1996 es seleccionada para asistir a un curso en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos de la Secretaría de Defensa. Resulta la mejor alumna y obtiene la beca que otorga el presidente de la República para estudiar en el Colegio Interamericano de Defensa en Washington, Estados Unidos. De 1998 a 1999 es asesora en la Secretaría de Defensa. En 2000, con el triunfo del presidente Ricardo Lagos (socialdemócrata), es nombrada secretaria de Salud. En 2002 Bachelet, de 49 años, es relevada de la jefatura del Ministerio de Salud y designada titular de Defensa.

Bachelet es militante del partido que gobernó entre 1970 y 1973 y su nombramiento significa el retorno de un socialista a la Defensa, después de 29 años que Orlando Letelier, asesinado por Pinochet, ocupara ese puesto en el gobierno de Salvador Allende. Con una moderna visión del papel del ejército en una sociedad democrática, Bachelet ha logrado una aceptación impresionante por parte de las Fuerzas Armadas. Para los militares ha sido una grata experiencia convivir con una profesional que, pese al asesinato de su padre y la persecución que su madre y ella padecieron por el régimen militar, deslinda la responsabilidad que ciertos sectores tuvieron en los hechos criminales del golpe y se niega a sentar a toda la institución en el banquillo de los acusados. Así, Bachelet emerge como una víctima que tiene una perspectiva crítica sobre la responsabilidad del ejército, empeñada en normalizar las relaciones entre el estamento castrense y la civilidad, y que orienta su labor para que nunca más se repita el horror que provocó el quiebre de la institucionalidad.

Son varias las cuestiones que le han ganado a Bechelet el respeto y la simpatía de una parte considerable de la sociedad chilena. Una muy importante es que dice la verdad y actúa con transparencia. Cosa rara en un político, habla con franqueza, no evade las cuestiones difíciles y da cuentas claras. No maquilla, ni oculta la información y siempre la pone a disposición de la ciudadanía. Esto ha provocado que la gente le crea y por eso los sondeos de opinión la colocan a la cabeza de las preferencias electorales. Una encuesta realizada por la firma Cerca entre el 31 de marzo y el 11 de abril de este año mostró que Concertación se encontraba con 43% de las preferencias, 13 puntos más que la encuesta de diciembre.

Grupos de entusiastas seguidores de Bachelet han salido a las calles a regalar camisetas y folletos con consignas espontáneas que lindan con lo cursi, como la que proclama: "Michelle Bachelet, una madre para Chile". Ahora bien, aunque el talante firme y transparente de esta médica le ha ganado simpatizantes, varios analistas políticos coinciden en señalar que el entusiasmo por su candidatura es extraño en un país que las feministas locales califican de machista. Sin duda, la elección de Michelle Bachelet como presidenta constituiría un punto de inflexión en la historia política, social y cultural de América Latina. Y pese a que está bien claro que ella podría ejercer las funciones y deberes de la presidencia con el mismo rigor, inteligencia y alto desempeño que ha mostrado como ministra de Salud y ministra de Defensa, el hecho simbólico de una mujer como suprema gobernante resulta un desafío para un país que, como todos los de la región, arrastra una sustantiva tradición patriarcal. Por eso, pese al éxito arrollador de Michelle Bachelet, muchas personas temen que parte del voto demócratacristiano se vaya al candidato de la derecha, y que el machismo gane la partida final. Habrá que ver, en diciembre de este año, si la candidatura de Bachelet fue too good to be true.

* Periodista (En acuerdo con la revista mexicana Proceso)

 
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