| El
Periódico de Catalunya - 24 de junio de 2005
Bush
irá a Vietnam: sonrían, por favor
Josep
Pernau
Se anuncia para el próximo año la visita del presidente Bush a Vietnam, y ya sólo hay una noticia que me pueda sorprender: que las religiosas de la orden de Teresa de Calcuta abran un convento en Las Vegas para acoger a los arruinados por la ruleta. Mi capacidad para la sorpresa ha quedado agotada. Se difundirá que un empresario de rostro draculino, en el que sobresalen unos caninos desmesurados, va a poner en marcha un banco de sangre en Transilvania, capaz de cubrir todas las necesidades europeas. Permaneceré indiferente. Me llegará la noticia de que el señor Aznar, acongojado por la arrogancia que desplegó en sus ocho años de presidente y arrepentido por la altivez que gastaba, va a profesar el voto de humildad que distingue a los franciscanos. El músculo de las sorpresas no se moverá. La guerra enfrentó a Estados Unidos y Vietnam, en el conflicto con más víctimas por kilómetro cuadrado de toda la historia: cinco millones sólo del insignificante país asiático. Cierto que los negocios han unido lo que el napalm separó, pero el señor Bush tendrá que ir separando el recuerdo de cadáveres allá a donde vaya. Será un viaje que exigirá unos preparativos muy minuciosos para que el visitante no se pueda ofender. Al general Giap --que vive aún--, diseñador de las derrotas más sonadas de los marines, seguramente se lo esconderán. Bush no se enterará de gran cosa, para que la sonrisa luzca en todo momento en su cara. No le explicarán el significado de muchos monumentos, y si a las niñas de entonces les hacían entonar canciones contra el imperialismo de Washington, a sus hijas les han compuesto himnos vibrantes a la amistad y la cooperación entre los pueblos. La diplomacia de los negocios es muy poderosa. |