stimado lector: seguramente a usted alguna vez le habrán contado un
cuento de "Franz y Fritz".
A un chiste alemán se parece la coincidencia, en el semanario Búsqueda,
de dos tipos de artículos confluyentes.
En la tapa, la contratapa y alguna página más, en una larga entrevista,
el ex presidente Julio Ma. Sanguinetti completa un nuevo circuito en la
espiral ascendente de los autoelogios. ¿Transición de un régimen militar a
una democracia? La que condujo Papucho, nos dice el ex presidente.
Amnistía general, vuelta la página, la paz garantida y la transición
perfectamente concluida.
Para sostener estas afirmaciones, el ex presidente está obligado a
doblegar muchas realidades, perder de vista muchos hechos, y mirar el
mundo desde el ojo de la cerradura de los intereses a los que a él y a los
grupos de poder que él representa le resultan más convenientes.
Lo que resulta patético, no por el locuaz dirigente colorado sino por
una parte de los problemas que preocupan al país, es cotejar la prosa
balsámica de Sanguinetti con las expresiones guturales de algunos ex
jerarcas y de algunos altos funcionarios militares en funciones.
Exabruptos que documentan las páginas del mismo semanario. Allí, por
ejemplo, aparecen las declaraciones del comandante en jefe del Ejército,
que sostiene que "el Ejército no dejará librados a su suerte a los
oficiales que sean citados a declarar ante la Justicia por violaciones a
los Derechos Humanos durante la dictadura".
Y, por si a alguien le quedara alguna duda, agrega "la forma en que
el Ejército brindará 'su apoyo institucional' a los 'camaradas' citados a
la Justicia aún no fue resuelta.
¿Qué es eso de librados a su suerte cuando de lo que se trata es
de ponerlos en la situación de igualdad ante la ley prevista en la
Constitución?
Eso sí, Angel Bertolotti nos asegura que el Ejército "no llegará a un
quiebre institucional".
Por su parte, el ex coronel José Gavazzo anuncia, una vez más, que no
está dispuesto a concurrir en caso de ser citado por un juzgado. Y que ya
transmitió al comandante Bertolotti que resistiría con las armas una
convocatoria del Poder Judicial.
Las afirmaciones de Gavazzo, que es a esta altura una suerte de
personificación del crimen sin castigo, tienen una importancia relativa y
habría que ver, efectivamente, qué es lo que ocurre ante la situación que
en el país se siga aceptando la existencia de un Poder Judicial con
capacidad efectiva de resolver en los contenciosos que se le plantean o
no.
En cuyo caso quedarían por disiparse algunas dudas. Una de ellas es si
Gavazzo es tan intrépido como él dice y, lo que es más importante, si el
Estado de Derecho goza de tan buena salud como se sostiene.
La verdad es que cumpliéndose en estos días más de veinte años de
iniciado el proceso de transición, la realidad es más elocuente que muchos
de los pronósticos y recetas de cómo tratar el problema de la impunidad y,
más en general, cómo asegurar en las Fuerzas Armadas el predominio
efectivo del sistema de garantías previsto en la Constitución.
El hecho de que estas afirmaciones afloren en momentos en que el
gobierno democráticamente elegido da los primeros pasos para avanzar en la
búsqueda de la verdad, nos arroja luz sobre la verdadera naturaleza de la
transición democrática de la que hablaba Sanguinetti. La democracia
lograda es sólida, con equilibrios políticos y paz social,... siempre y
cuando se mantenga el ocultamiento de la verdad y la sociedad se
autocensure en la realización de la justicia.
Como se ve, los versos de la tapa y la contratapa tienen poco que ver
con la prosa de las informaciones de fuentes militares.
La situación asemeja al momento aquel en que, en pleno desfile, un niño
exclamaba en voz alta que "el Rey estaba desnudo".
Mucha literatura politológica, muchos discursos sedantes, muchos
sobrentendidos apoyados en la ocultación de datos afloran en estas
declaraciones de jerarcas castrenses de inocultable perfume golpista.
No tienen ningún fundamento apreciaciones, como las de Sanguinetti, que
pretenden responsabilizar al actual gobierno de las inaceptables actitudes
que anuncian algunos militares.
La Administración actual ha dado apenas los primeros pasos en una línea
de acción legalista, de respeto a la dignidad y a la competencia del Poder
Judicial. Que no es otra cosa que el respeto por los ciudadanos.
Una concepción con la que se había comprometido durante la campaña
electoral y una conducta a la que lo obligan los Tratados Internacionales
que ha suscrito el país y que ha refrendado el Parlamento.
Por otro lado, tampoco tiene el menor sentido, por vía de los atajos
"inteligentes", ningún tipo de relaciones con logias militares por parte
de dirigentes o de grupos políticos.
La izquierda siempre ha criticado eso como el mecanismo antidemocrático
mediante el cual las clases conservadoras hicieron funcionales a sus
intereses el cometido de las Fuerzas Armadas. Algo debieran habernos
enseñado algunos episodios de hace más de 30 años.