l discurso pronunciado por Bush el 28 de junio en la base militar de
Fort Bragg, Carolina del Norte (que fungió como centro de formación de
oficiales de las fuerzas armadas latinoamericanas en la doctrina de la
"seguridad nacional"), no logró revertir el rechazo creciente de la
opinión pública estadounidense (ya no sólo mundial) a la guerra de Irak y
a la decisión de mantener por tiempo ilimitado las tropas yankis en el
país. Eso es lo único que quedó en claro de su alocución, en tanto
analistas de todo pelo, incluidos los más proclives a la Casa Blanca,
coinciden en que no hizo variar la percepción ciudadana, mayoritariamente
contraria a la guerra.
Genocidas y torturadores
Hoy día una clara mayoría del orden del 58% cree que fue un error
lanzar la invasión y es proclive al retiro de las tropas. Esto lo dice
hasta la CNN. La distorsionada campaña mediática (una de las más
manipuladas de todos los tiempos) ya no puede ocultar las acciones
crecientes de la resistencia todos los días sin excepción, las bajas que
sufre el ejército norteamericano (mucho mayores que durante la invasión de
marzo de 2003 y que se extienden también a Afganistán), en suma el fracaso
total de la llamada guerra al terrorismo. La mentira y el ocultamiento
revientan por todas las costuras.
Bush eligió para su mensaje el primer aniversario del traspaso del
poder al gobierno provisional de Irak, pero allí el único poder real son
los mandos de las tropas de ocupación y la embajada norteamericana,
mientras las fuerzas militares y policiales iraquíes sólo aportan la carne
de cañón en la lucha fratricida. El presidente se extendió sobre "las
imágenes de violencia y baños de sangre" como si ello pudiera dejar en la
sombra, entre otros, los siguientes atentados perpetrados por los
invasores: el arrasamiento de Faluya, un verdadero genocidio, y el intento
de asesinato de periodistas como Giuliana Sgrena que documentaban la
barbarie; el fusilamiento a sangre fría de los heridos iraquíes que se
desangraban en una mezquita; las torturas en la prisión de Abu Ghraib, de
las cuales siguen surgiendo detalles estremecedores y que también fueron
trasmitidos al mundo por la exposición del pintor colombiano Fernando
Botero en Roma. Estas torturas son practicadas en forma sistemática en las
prisiones siguiendo directivas de la superioridad, a pesar de lo cual se
ha excluido a los mandos, empezando por Rumsfeld, de toda responsabilidad
en los contados procesos incoados a militares torturadores de baja
graduación. Últimamente trascendieron más datos de las torturas contra los
520 presos de la base de Guantánamo, transformada en un verdadero campo de
concentración donde las autoridades militares no dejan entrar a nadie.
Halliburton sobrefactura
La ONU solicitó hace más de un año el ingreso de expertos en derechos
humanos a la base, pero las autoridades norteamericanas se niegan. Allí
los presos no tienen la menor garantía y están aislados del mundo. Se
acaba de revelar que EEUU estaría utilizando barcos-prisiones secretos que
navegan por el Océano Indico para interrogar prisioneros sin ninguna forma
de control y al margen de todo derecho. Todas estas denuncias tienen
origen en relatores de la ONU sobre la tortura. Ahora apareció también un
informe de defensores de los DDHH en Estados Unidos según el cual después
de los atentados a las Torres Gemelas fueron detenidos en forma secreta
numerosos musulmanes radicados en el país, llevados a punta de pistola a
un confinamiento donde fueron objeto de hostigamientos y abusos físicos.
Esto es apenas la punta del iceberg de los miles de detenidos en EEUU en
base a la Patriotic Act.
Volvamos a Irak, donde saltó otro hecho escandaloso. Halliburton, la
empresa gigante a la que está vinculado el vicepresidente Dick Cheney (que
se asegura sigue cobrando millonarios emolumentos), se vio beneficiada por
concesiones de gran magnitud para hacer negocios en Irak en materia
petrolífera y abastecimientos a las tropas. Se denuncia que en esos
negocios incurrió en una sobrefacturación por mil millones de dólares.
Impunidad a toda costa
EEUU sigue buscando la impunidad para los crímenes cometidos por sus
tropas. Por eso no adhirió al Tribunal Penal Internacional de La Haya.
Tuvimos una visión directa de esa conducta cuando el 22 de junio visitó
nuestro país el jefe del Comando Sur, Gral. Bantz J.Craddock, ex asesor de
Rumsfeld, y solicitó impunidad para sus tropas, aparentemente sin éxito,
lo mismo que sucedió en Argentina, aunque en Paraguay habría tenido mejor
suerte. Los hechos actuales en Uruguay y lo acontecido en la vecina orilla
con las leyes de punto final y obediencia debida muestran que por estas
latitudes éstos no son precisamente tiempos de impunidad.