Heriberto Montano - rodelu.net
27 de julio de 2005
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30 aniversario de una masacre en El Salvador

El 30 de Julio de 1975:
un momento decisivo e histórico

Heriberto Montano*
Hace 30 años, el 30 de julio de 1975, el gobierno de la dictadura militar que administraba el Partido de Conciliación Nacional, PCN, arremetería contra una manifestación de estudiantes que se movía por la avenida universitaria de San Salvador. Eso traería consecuencias trascendentales en todo el proceso político, social, económico y cultural el país.

1975 representaba un momento muy especial en el contexto mundial: eran las grandes batallas de los norvietnamitas que derrotaban la presencia militar norteamericana en el sudeste asiático, eran las revoluciones triunfantes en Angola, Mozambique, Guinea Bissau, Burkina Faso, y eran también los momentos en que tomaba fuerza el Movimiento de los No Alineados, que hacía resistencia a las imposiciones políticas y económicas de los Estados Unidos y Europa.

En la década de los 70, los Estados Unidos eran un tigre herido no sólo por la resistencia mundial, sino porque la crisis del capitalismo se profundizaba, y hacía mella en su propia idiosincrasia de país imperialista: las expresiones de rechazo estaba en sus calles, y la cultura de la rebeldía se disparaba en la música, en los movimientos pacifistas y en la conciencia que hacía que los norteamericanos se manifestaran en solidaridad con los pueblos oprimidos.

La crisis también tocaba a Latinoamérica y las multitudes estaban en las calles de Bogotá, México, Buenos Aires, además de una guerrilla que se alimentaba del marxismo leninismo, además de una teología de la liberación con sacerdotes militantes y un movimiento ecuménico de base radicalizado. Era un torrente explosivo en un contexto de lucha popular que identificaba a sus opresores.

El 30 de Julio fue un gesto más del método de resolver la conflictividad social a través de la violencia. El régimen militar ya había ocupado, el 19 de julio de 1972, y cerrándola por espacio de un año, la Universidad de El Salvador, militarizándola y violentando su autonomía. Precisamente, una de las primeras medidas del gobierno de Arturo Armando Molina, quién de hecho había dado un golpe de Estado contra Napoleón Duarte, fue la toma de la Universidad.

La crisis social era a su vez crisis de poder: el régimen militar no se podía sostener sin usar la violencia, y eso se iba acentuando hasta tornarse característica de la forma de gobierno. Ya antes había golpeado, en 1968 y 1971 al movimiento magisterial, y se volvía impotente para frenar la cada vez más masiva y decisiva participación electoral de la Unión Nacional Opositora, UNO, dentro de la cual jugaba un papel decisivo el Partido Comunista, que quitaba la máscara y mostraba la entraña fascista del PCN y de la Fuerza Armada.

El movimiento de masas radicalizado alimentaba a su vez el surgimiento de las organizaciones político-militares, (ERP y FPL) y el accionar de estas a su vez estimulaban la actitud contestataria de la población, la que a su vez tendía a organizarse y a asumir una frontal beligerancia. No sólo eran las organizaciones sindicales (FUSS, FENASTRAS; FESTIAVCES), magisteriales (ANDES, el movimiento estudiantil y sus diferentes expresiones) sino también las organizaciones campesinas.

En los días anteriores al 30, cuando en San Salvador se celebraba el Concurso de Miss Universo, y el país era “El País de la Sonrisa” se había reprimido una manifestación de estudiantes en Santa Ana, con saldo de varios heridos; además se había intentado cortar el crecimiento y accionar del movimiento campesino reprimiendo con lujo de barbarie en el Cantón Tres Calles, en Usulután; La Cayetana, en San Vicente, y en Chinamequita, por la Policía de Hacienda y la Guardia Nacional.

El 30 de julio, era especial: no solamente eran los estudiantes de la Universidad de El Salvador, sino también de la UCA, de los diferentes institutos nacionales de la capital y de las poblaciones aledañas, sino un movimiento magisterial masivo, además de trabajadores de la ciudad y del campo. A la cabeza de la manifestación iban, precisamente, niños y niñas de colegios y escuelas.

El objetivo político y militar no era sólo de disolver la manifestación sino la de ser ejemplar: se utilizaron por primera vea unidades blindadas, tanquetas, y todo un contingente de soldados, efectivos de la Guardia Nacional y policías nacionales. Tanques y metralla contra niños que traían únicamente como armas cuadernos y megáfonos, que lo más fuerte que traían eran los insultos contra los gorilas hijosdeputa. Y la estrategia fue acorralarlos en medio del puente a desnivel sobre la 25 avenida, frente al hospital de maternidad, donde era difícil escapar o retroceder. Por lo mismo, fue una acción militar bien calculada y su intención fue golpear contundentemente y provocar terror.

La política continental era eso: provocar terror. Las lecciones venían de Chile, Nicaragua, Argentina, etc.

Pero las cosas no se calmaron sino que fueron, desde eso momento, una piedra en bajada, porque demostraba que era necesario remover al régimen por cualquier medio, ya sea por la vía electoral, que movilizaba a la población, o por medio de la lucha armada, misma que se alimentaba de la radicalización y desesperación ciudadana.

El 30 de julio, que fue un momento del ascendente movimiento social, también significó una cosa: la Universidad de El Salvador fue desde esa fecha identificada como un enemigo a derrotar. El intento de destruir el Alma Mater derivó en la destrucción de la educación superior nacional y en un retroceso académico y científico del cuál aún no se recobra el país.


*Heriberto Montano es poeta, escritor, licenciado en Historia y Maestría en Ciencias Históricas y profesor de Metodología de Investigación Social en la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador.

 
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