SI NO lo hubiera visto con mis ojos y oído con mis oídos no lo creería:
el jefe máximo de Scotland Yard, Ian Blair, justificó el asesinato de Jean
Charles de Menezes diciendo que la policía londinense tenía orden de tirar
a matar, de disparar a la cabeza de cualquier terrorista suicida, y que
esa práctica se mantendrá tras la muerte del brasileño. También oímos de
sus labios estas palabras: "Hay que pensar qué hubiera pasado si no le
dispararan a la cabeza y hubiera sido un terrorista y detonara una bomba".
Ayer el ministro del Interior Jack Straw, que le anduvo haciendo esquives
al canciller brasileño Celso Amorim, declaró que los policías tienen orden
de tirar a matar.
Una peligrosísima vuelta de tuerca
Por añadidura, vimos en el canal francés TV 5 a otro alto responsable
de Scotland Yard diciendo en tono desafiante: "Si es sospechoso, la única
solución es tirarle a la cabeza y matarlo".
Hasta la prensa conservadora británica expresó sus reservas ante lo que
considera un giro peligroso en la política de seguridad. Medios franceses
señalaron que según la interpretación de las autoridades inglesas, si
alguien sale corriendo ante la policía, ésta debe ultimarlo.
En el caso señalado, es incluso dudoso que este hecho haya ocurrido. No
hay fotos, solo dibujos. Los amigos brasileños de Menezes afirman que éste
salió de un edificio bajo vigilancia en el barrio de Stockwell, cercano al
lugar de uno de los atentados del 21 de julio. La policía se lanzó sobre
él y lo acribilló de ocho balazos cuando estaba en el suelo, inmovilizado.
En el primer momento Ian Blair aseguró que el brasileño estaba
directamente vinculado con los atentados del 21 de julio. En pocas horas
se reveló que era una mentira total. Entonces debió rectificarse y echó a
rodar la inaudita teoría del asesinato preventivo, reafirmada por la más
altas autoridades visibles del gobierno británico. El primer ministro Tony
Blair desapareció de la circulación.
Mientras tanto, los brasileños residentes en Londres manifestaron bajo
la lluvia frente a Scotland Yard expresando su fundada indignación. Uno de
ellos declaró: "Tenemos más miedo ahora de la policía que de las bombas".
Agregaron que en el caso no había confusión posible, que Menezes trabajaba
desde hacía tres años como electricista, que no hay excusas y no aceptaban
disculpas. En Brasil, ciudadanos de la localidad de Gonzaga, estado de
Minas Gerais, de donde era oriundo Menezes, dijeron que estaban sufriendo
las consecuencias de responder al terrorismo con más terrorismo. Vimos la
imagen inconsolable de su familia, que entablará juicio al gobierno
británico.
Derivaciones de una tesis monstruosa
La CNN buscó atemperar la responsabilidad de sus socios británicos. Su
corresponsal en Río dijo a guisa de excusa que también en Brasil en la
lucha contra el narcotráfico personas inocentes resultaron muertas.
Estamos ante una tesis monstruosa, que resulta de la extensión, o la
extrapolación, de la doctrina de la "guerra preventiva" lanzada por Bush.
Es un desafío la conciencia del mundo, un pisoteo a los derechos humanos y
a las libertades civiles en su más amplia acepción.
Las consecuencias de esta concepción aberrante, que se proclama con
altanería y suficiencia, ya se hacen sentir. En Gran Bretaña, tras el 7 de
julio se registraron atentados a mezquitas, las colectividades musulmanas
(que abarcan millones de seres) viven bajo el temor, vimos imágenes de
manifestaciones xenófobas en que se proclamaba la superioridad de los
"100% white" (al estilo hitleriano de la pureza aria o del racismo tipo Ku
Klux Klan) o el "love or leave it" referida a Gran Bretaña. En Francia, se
denuncia que Nicolas Sarkozy, desde su puesto de hombre fuerte en el
gabinete y aspirante próximo a la presidencia, se propone deportar a
ciudadanos islamitas, argelinos en el caso, vinculados a hechos juzgados
varios lustros atrás.
La prolongación de la guerra preventiva
Blair siguió tras las huellas de Bush en la invasión a Irak, mantiene
las tropas de ocupación a pesar de la falsedad manifiesta de las razones
invocadas y ahora adopta una nueva versión, en algunos aspectos aún más
brutal, de la Patriotic Act. La teoría de la "guerra preventiva": atacar
antes de que nos ataquen, se complementa hoy con la versión británica:
matemos al sospechoso, después habrá tiempo para averiguar. Esto sólo
puede llevar a la multiplicación de los actos terroristas, como lo
evidencian en estos días las masacres día tras día en Irak, incluidos las
muertes y secuestros de diplomáticos, y los atentados sangrientos de
Sharm-el-Sheik, que ponen en jaque a Mubarak, el aliado tradicional de
EEUU en la región, en vísperas de las próximas elecciones.